CARTA A ISMAEL SERRANO

Estimado, a pesar de todo:

Cada uno de nosotros, pequeños habitantes de este mundo con bracitos, piernas y tendencia a convertirnos en habitáculos de colesterol, tenemos derecho a elegir quiénes queremos ser. O al menos, a tomar decisiones sobre aquello en lo que aspiramos a ser. No elegimos ser guapos o feos, pero nos podemos duchar cada día; no podemos elegir no estar enfermos, pero sí llevar una vida sana; no podemos cambiar de lugar de nacimiento o de padres biológicos (con todo lo que conlleva), pero podemos elegir ser de izquierdas o de derechas e, incluso, luchar por ejercer el derecho a la autodeterminación.

Siendo un español no catalán, uno también puede tomar muchas decisiones. Puede o no, intentar comprender el independentismo; puede o no, compartir ciertos planteamientos y puede o no, sumarse a la causa. La visión de este pequeño habitáculo de colesterol que te escribe es que hace años pensaba que la izquierda española se sumaría a la lucha por la libertad del pueblo catalán. Pero también creí en los Reyes Magos y en la frase “podemos continuar siendo amigos”, y después la realidad me pegó una buena hostia en la ingenuidad. En mi modesta opinión, que es mi opinión, aunque no la transforme en canciones, una gran parte de la izquierda española eligió ser española, en vez de llevar sus postulados de izquierdas hasta las últimas consecuencias. 

Dices que no estuve en tus conciertos cuando hiciste mención a ello. Tienes razón. Te admiraba como creador de canciones y no como creador de menciones. Por eso hace años que dejé de ir a tus conciertos. Y por esa misma razón he dejado de seguir el trabajo de muchos artistas que me han decepcionado. Al final, si soy independentista es más por la decepción con la izquierda española que por la certeza de que la derecha española es monárquica, reaccionaria, violenta y autoritaria. 

Que Bertín Osborne, José Manuel Soto o Vargas Llosa digan lo que dicen me produce un sentimiento entre la hilaridad y la indignación. Hilaridad por su surrealismo casposo e indignación por el altavoz con el que cuentan para soltar estupideces. Sin embargo, me decepciona profundamente el silencio creativo ante lo que ha sucedido en los últimos años en Catalunya de alguien que escribía:

Fue muy dura la derrota: todo lo que se soñaba

se pudrió en los rincones, se cubrió de telarañas.

Y ya nadie canta “Al Vent”, ya no hay locos ya no hay parias.

Pero tiene que llover aún sigue sucia la plaza.

Y conste que tienes todo el derecho del mundo a no haber asistido a manifestaciones en Catalunya a favor del derecho a la autodeterminación, a no haber cantado ante Lledoners o a hacer una enmienda a la totalidad a todo el movimiento independentista. Faltaría más. Sin embargo, los demás también tenemos derecho a sentirnos defraudados por quienes un día nos hicieron imaginar otro modelo de país a través de su música y que ahora es una monarquía bananera. 

El amor es la distancia y a algunos las cosas les pillaron muy lejos. Eso sí, todos lo hicimos mal. Yo el primero.

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