VERGÜENZA AJENA @economista011

Estimado, o no:

Como me has bloqueado en Twitter y has borrado diversos tuits, no los puedo recuperar. Sin embargo, te has olvidado de uno en el que sostienes la teoría de que el catalán no se puede considerar lengua porque no es la mayoritaria de una nación. Bravo. En serio. Bravo. Aplauso lento hasta convertirse en ovación. ¿Por dónde empiezo? Veamos la definición de lengua que nos propone la RAE:

Lengua: Sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana y que cuenta generalmente con escritura. Propio de una comunidad humana. En ningún caso habla de nación.

¿Y cómo define la RAE lo que es un dialecto?

En su primera acepción dice:

  1. m. Variedad de un idioma que no alcanza la categoría social de lengua.

Pero lo mejor viene en la segunda acepción y, sobre todo, en el ejemplo:

  • m. Ling. Sistema lingüístico considerado con relación al grupo de los varios derivados de un tronco común. El español es uno de los dialectos nacidos del latín.

¡Boom! Efectivamente, el castellano y el catalán son dialectos, pero del latín. ¿Son lenguas? Por supuesto. Las dos. Son un sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana y que cuenta generalmente con escritura (aunque hay lenguas ágrafas. Segundo ¡boom!).

Ni naciones, ni idiomas mayoritarios, ni penes en vinagre (he dicho penes porque queda más elegante). 

Pero voy a ir más allá. Veamos qué nos dicen los doctos académicos de la RAE sobre el concepto de nación:

1. f. Conjunto de los habitantes de un país regido por el mismo Gobierno.

2. f. Territorio de una nación.

3. f. Conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común.

¿Observas la tercera acepción? Ni siquiera menciona el territorio y, mucho menos, conceptos políticos como la soberanía. 

¿Te apetece ver ahora la sexta acepción de lo que dice la RAE sobre Estado?

Estado: 6. m. Forma de organización política, dotada de poder soberano e independiente, que integra la población de un territorio.

Por lo tanto, Estado y nación no son conceptos que siempre coinciden. Hay naciones sin Estado y Estados que no saben ser nación porque son incapaces de crear una identidad nacional acogedora. 

¿Y por qué coinciden en algunas ocasiones? Porque el concepto de Estado-nación, es decir, una forma de organización política que se caracteriza por tener un territorio claramente delimitado, una población relativamente constante y un gobierno, fue un concepto que nació al final de la Guerra de los Cien Años con el Tratado de Westfalia en 1648. De un sistema feudal se pasó a una concepción en la que existía un gobierno que tenía un poder y unos límites. No fue un proceso breve, sino que se alargó durante muchas décadas. Y fue especialmente a partir de la Revolución francesa cuando el concepto se asentó. Pues bien, nadie, absolutamente nadie, puede esgrimir argumentos racionales para afirmar que Catalunya, Alsacia, Euskadi o Escocia son o no son una nación. Porque el concepto de nación es muy etéreo, tiene que ver con la identidad, con la tradición, con la Historia y, especialmente, con la voluntad de un grupo humano de sentirse formar parte de una Nación. Recuerda: conjunto de personas de un mismo origen y que generalmente hablan un mismo idioma y tienen una tradición común. Pues chico, yo creo que Catalunya encaja perfectamente. ¿Que tú consideras que Catalunya no es una nación y que el catalán no es una lengua? Pues, bueno; pues, vale. También hay negacionistas de la COVID, terraplanistas y gente que dice que ha visto a Elvis en un supermercado de Memphis. ¿Les vas a quitar la ilusión, pobrecitos? Bastante tienen con sus sinapsis disfuncionales como para además decepcionarles. Eso sí, decir que un sistema de comunicación verbal propio de una comunidad humana y que cuenta generalmente con escritura (es decir, una lengua) está relacionado con su número de hablantes, como si esto fueran los 40 principales, es de una indigencia cultural que provoca vergüenza ajena.