PRINCIPIO DE ARQUÍMEDES LINGUÍSTICO @AlquezarLidia

Estimada, o no:

Te escribo para agradecerte tu contribución al independentismo. Soy consciente de que el inicio de esta carta te puede sorprender, pero si llegas al final del texto quizás comprendas lo que trato de decirte.

Imagínate un tipo random, un tipo cualquiera. Este tipo es catalán, bilingüe y se siente tan catalán como español. Le molesta que se critique a España, pero también encuentra injusto el menosprecio hacia la cultura catalana. Podríamos decir que, como si fuese una cebolla, este tipo tiene dos capas, dos identidades superpuestas y, en su caso, una no excluye a la otra y no siente que ninguna sea superior a la otra. 

Este tipo lee tu tuit y en él advierte una cosa: un claro menosprecio hacia la lengua catalana al etiquetarla como dialecto (se supone que del castellano). Él sabe perfectamente que el catalán es una lengua romance como el castellano, que tiene gramática y una larga tradición literaria. Sabe que con ella se hace teatro, cine, canciones y que millones de personas pueden compartir información, ideas o sentimientos como con cualquier otra lengua. Y sabe que tanto el castellano como el catalán son dialectos, pero del latín. 

Y adjunto a ese menosprecio, el tipo random se da cuenta de una cosa: que ese odio solo es posible si se considera que el catalán no es una lengua española. Por lo tanto, siente que eso expulsa a los diez millones de personas que la usan y también siente que, indirectamente, se expulsa de su marco emocional a una de sus dos identidades: la catalana. Tú y los que piensan como tú, os habéis creado en vuestro pensamiento un constructo de lo que es la identidad española. Por simplificarlo sería algo así como: flamenco, sí; toros, sí; catalán, no. Eso genera una especie de Principio de Arquímedes lingüístico: “la lengua catalana, total o parcialmente sumergida en una identidad española en reposo, experimenta un empuje vertical hacia arriba igual al peso de la identidad española desalojada”. Es decir, todo espacio que ocupa el catalán es un espacio que no puede ocupar el castellano y, en consecuencia, es un espacio que no puede ocupar ese extraño constructo de identidad española con la que habéis nutrido vuestras obsesiones panhispanistas. 

Y esto es genial para el independentismo porque le estás diciendo a ese tipo que se siente catalán y español, que su doble identidad es incompatible, ya que entiendes que menospreciar una refuerza a la otra. En resumen, estás forzando a ese tipo a tener que elegir entre una y otra, ya que las haces aparecer como incompatibles a todos los efectos, lo cual es genial ya que aumenta las posibilidades de sumar independentistas que dudan. Pues eso: gracias por conducir al independentismo a catalanes asqueados de no poder tener dos identidades por culpa de un nacionalismo español supremacista y excluyente.

Por cierto, el andaluz sí es un dialecto.