HAZTE ASÍ. TE HA QUEDADO SUPREMACISMO EN EL HOMBRO

Estimada, o no:

Si te digo que al llegar a Nueva York descubres que se llama New York, que cuando aterrizas en Londres te das cuenta de que se llama London o que cuando viajas a Cerdeña los lugareños la llaman Sardegna en italiano, Sardigna en sardo, Sardenya en alguerés, Sardhigna en sassarés y Saldigna en gallurés, ¿me prometes que no te dará un ictus? Es que no me gustaría que esta epifanía lingüística te planteara ningún problema.

Una vez superado el shock, sí que me gustaría decirte que has sufrido un brote de supremacismo lingüístico. Es un trastorno de la personalidad que provoca que creas que tu lengua es superior a otras. No suele suceder cuando esa lengua es la oficial de un Estado. Por ejemplo, los que sufren este trastorno no tienen por costumbre etiquetar como lengua local al danés o al noruego, aunque tengan menos hablantes que el catalán. Ventajas de tener un Estado detrás. Eso sí, experimentan taquicardia, sudor frío y enrojecimiento de los pezones cuando escuchan o leen lenguas, que se supone que son españolas (o al menos eso dicen ellos), pero no son la lengua de Cervantes. Por eso te voy a proponer varios signos que definen al supremacismo lingüístico para que sepas detectarlos y tus tuits no den asquito.

  1. Si te pone berraca que tu Estado se identifique de forma exclusiva con una de sus lenguas, que pasa a considerarse como nacional, oficial, chachipiruli y molona, en detrimento de las otras y si en tu Estado-nación sólo cabe una lengua, es probable que ya des signos de supremacismo.
  2. Si te excita que tu Estado presente su lengua como la más generalizable e inicia un proceso de difusión a tutiplén en los territorios alófonos, combinado con medidas políticas y judiciales destinadas a reducir al máximo el uso de las demás lenguas, es probable que entres en un nuevo grado de supremacismo.
  3. Si te humedece los sentidos que la lengua nacional se convierta en oficial y se presente como superior, más útil y más hablada, mientras devalúa las otras lenguas y variedades lingüísticas con las que convive bajo la misma estructura político-administrativa, subirás un peldaño más en supremacismo.
  4. Si te pone cachonda que las demás lenguas y variedades lingüísticas sean vistas como inútiles y se proponga como estadio inicial un bilingüismo sustitutivo que poco a poco fagocite la diversidad lingüística, empezarás a ser una Jedi del supremacismo. 
  5. Si babeas ante la posibilidad de que las otras lenguas y variedades lingüísticas sean vistas como dialectos de la lengua nacional, si hablas de “lengua común” obviando el hecho irrefutable de que todas las lenguas son comunes en el marco de su comunidad lingüística, si crees que con el castellano “se viaja a medio mundo” sin tener en cuenta que 7200 millones de personas no lo hablan y si crees que cooficial es menos que oficial, no solo eres supremacista, sino que tienes menos luces que una lancha de contrabando.