ALGUIEN QUE NO SE CANSA

Estimado, o no:

Por fin he comprendido por qué decidiste llamarte “No me canso” en Twitter. Efectivamente, no te cansas. No te cansas viajando; no te cansas leyendo; no te cansas visitando museos o exposiciones; no te cansas yendo al teatro o al cine; no te cansas viendo buena televisión, ni escuchando música; no te cansas asistiendo a conferencias; no te cansas viendo el trabajo de artesanos en su taller; no te cansas consumiendo cultura. Pero, ¿tienes claro qué es la cultura? 

El diccionario de la RAE nos proporciona dos definiciones de lo que es cultura:

  • Conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico.
  • Conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc.

Es decir, cultura es lo que hacemos las personas, nuestra visión del mundo, nuestro grado de aproximación a esta extraña experiencia que es vivir. ¿Y por qué la cultura es una buena herramienta para relacionarnos con el mundo y con nosotros mismos? Repito la primera acepción: conjunto de conocimientos que permite a alguien desarrollar su juicio crítico. Juicio crítico. Se trata de nuestra capacidad para decidir si algo nos conviene o no, si es beneficioso para nosotros como individuos o como sociedad. El juicio crítico, además, nos permite situar en una balanza los pros y los contras, las ventajas y los inconvenientes de cualquier forma de gobierno, de cualquier organización social o de cualquier modo de vida. Por ejemplo, ¿te gustaría vivir en la Edad Media? ¿Qué sabes de la Edad Media? Aunque estés siempre muy descansado, quizás has decidido ver alguna película de caballeros molones, con su cabellera al viento, participando en duelos que vencen sin problemas entre el griterío del público y eso te ha parecido genial. ¿Y si te digo que en aquella época no había asfalto en las calles y que éstas se hallaban cubiertas literalmente de mierda? Los caballos no entraban en los lavabos de las tabernas después de pedir algo para consumir y que el camarero no se mosqueara. Tampoco la gente era muy proclive a hacerlo. En resumen, las calles eran como el lavabo de Trainspotting en versión feudal. Pues esos conocimientos forman parte también de la cultura. Y esa visión de que cagar donde nos apetezca no parece buena idea es lo que nos permite en la actualidad no practicar el patinaje sobre ñordos (bueno, quizás la filosofía de este blog, responda a ese concepto).

Tu declaración de intenciones me ha llamado mucho la atención. Y es que yo no concibo la acumulación de cultura en nuestro pensamiento como algo que nos puede proporcionar dinero en Saber y ganar para que Jordi Hurtado nos sonría. De hecho, ni siquiera concibo la vida como una acumulación de cultura, aunque sea realmente difícil pasar por este mundo sin haber acumulado algo. Concibo la vida como una posibilidad de experimentarla a través de los cinco sentidos. Y eso supone ver, escuchar, tocar, oler y saborear.Cinco sentidos que nos conectan con el mundo. Además, disponemos de memoria que nos permite recordar y capacidad para relacionar en nuestro cerebrito inquieto aquello que hemos visto, escuchado, tocado, olido o saboreado. A esto se le llama creatividad. Evocar y conectar. Porque también nosotros somos máquinas de cultura. También nosotros podemos elaborar pensamientos, opiniones, ideas y utilizar nuestras manos para escribir, pintar, esculpir, componer música o construir edificios. Cultura también es crear mundo, modificarlo para hacerlo mejor. Y si tiene calidad, quizás sobreviva en el tiempo.

Siento decepcionarte, pero usas la cultura cada día. Cuando comes con cubiertos; no paseas en pelotas por la calle, sino que te vistes de acuerdo a un determinado tipo de atuendos; escribes tuits en un teléfono móvil; subes en un autobús; depositas una papeleta en una urna o decides que cagar en medio de Passeig de Gràcia no es una buena idea, estás practicando cultura. Todos somos tataranietos, bisnietos, nietos e hijos de la cultura. Desde que alguien pensó que chocando dos piedras salía una chispa que permitía encender un fuego con el que calentarse, somos cultura. Otra cosa es que prefieras no cansarte escuchando a Mozart o experimentando qué se siente mirando el techo de la Capilla Sixtina. Y no, no necesito que vayas por la calle bailando sardanas para complacerme. Me imagino a unos sardanistas intentando caminar en círculo por en medio de las callejuelas del Raval y me entra la risa tonta. Cosas mías. 

Cánsate. Porque para descansar ya tenemos la eternidad y ese día en el que la fecha de caducidad de nuestro envase nos recuerde que no somos inmortales. Aunque, bien pensado, es posible que ese día los que se queden descansados son los que se no caducan todavía. Ya sabes: unos se van al cielo y otros se quedan en la gloria.