TE QUIERO, PERO TE HUELEN LOS PIES

Estimado, o no:

Las relaciones humanas se basan especialmente en dos conceptos: negociar e intercambiar. Muchas de estas negociaciones son tácitas, ya que resulta innecesario explicitarlas. Por ejemplo, resultaría extraño decirle a tu pareja sin que venga a cuento, “te prometo no ponerte los cuernos”. Y si además culminas tu ataque de sinceridad con las palabras “nunca más”, quizás debas prepararte para dormir en tu sofá GRÖNLID de IKEA. 

Los seres humanos negociamos. Menos con los reyes. Yo al rey no le puedo decir: no me molas, creo que eres innecesario, negociemos tu mudanza del Palacio de la Zarzuela a un piso de Alcobendas. Y no lo puedo hacer porque el referéndum de la Constitución me pilló viendo dibujos animados por la tele. La Ilustración introdujo nuevas perspectivas. Su llamada al respeto de los derechos humanos y de la libertad animó la Revolución Francesa. Bueno, la Ilustración y la franquicia de la McGuillotina. En España, en cambio, Franco fichó al campechano, un joven de Roma cuya familia se había pirado del país ante una negociación fallida. Después lo vendieron en pack junto al “recordad que los militares pueden sacar los tanques a pasear” y ahí acabó la negociación.

Pues eso, los seres humanos negociamos con otros seres humanos y esta actividad genera espacios de convivencia. Si paras a un taxista para que te lleve a cualquier sitio, estás negociando. Él te deja estar en su coche y se compromete a llevar tu culo a otro lugar. Tú te comprometes a pagarle por ese servicio. Pero si al llegar a ese lugar, abres la puerta y te largas corriendo, la única negociación que podrás hacer será con el equilibrio para no caerte y que el taxista te ponga la cara en modo “ocupado”. 

El resultado de la negociación es un intercambio. Aquí las posibilidades son infinitas. Intercambiamos dinero, servicios, bienes de consumo, afecto, respeto, confianza… Uno de los intercambios que más dan que hablar son los intercambios de fluidos, especialmente en las uniones dinásticas oficiales y en las uniones orgasmáticas extraoficiales. Que sí, que los intercambios de fluidos están muy bien, dan mucho gustirrinín, pero que la historia de Europa haya movido fronteras gracias a los polvos entre miembros de familias reales, ya no mola tanto. Y si los reyes quieren sacar a volar el pajarito de manera extraoficial, que lo hagan con su sueldo mínimo interprofesional (rima y todo). 

En resumen, los seres humanos negociamos intercambios. Lo sé, también está la generosidad, el altruismo y el amor que espera no ser correspondido. Eso demuestra lo maravilloso que es el ser humano cuando no se pone en modo egoísta. Después están los tipos como tú, que no basan las relaciones humanas en la negociación sino en la imposición. Una costumbre muy española, por cierto. Y si no, que se lo digan a Moctezuma, atacado por unos okupas a los que nadie había llamado. 

Decirle a un catalán “te quiero, pero deseo que tu lengua desaparezca” es como decirle a tu pareja “te quiero, pero te huelen los pies”. Y es que parece probable que tu pareja te diga: “mira, chico, no me voy a cortar los pies por ti, ¿sabes? Tengo la costumbre de llevarlos unidos a mi cuerpo y si no te gustan mis pies, búscate a una sirena y problema solucionado. Otra cosa será por dónde meterás tu pequeño calvo”. 

Negociación e intercambio. ¿Tú me das un DNI? Vale, yo te doy mi lengua y mi cultura. ¿No te gusta mi lengua y mi cultura? Te devuelvo tu DNI y me hago otro en el que ponga Catalunya. Quid pro quo, nene. Lo que no puede ser es que digas: “yo de ti solo quiero tu dinero y el resto te lo puedes meter por el culo”. Pues va a ser que no. 

Y ahora, y ya que hemos mencionado el tema de pies que huelen mal, vamos a darle la vuelta al calcetín. Leamos lo que has escrito: “por mí el catalán puede desaparecer. Antes creía que había de protegerse y ser obligatorio dar clases. Pero la imposición obligatoria a los que nuestra lengua materna no es el catalán ha conseguido que lo desprecie”. La pregunta es obligatoria: ¿no te parece una imposición que los niños catalanes cuya lengua materna es el catalán tengan que estudiar castellano y sí te parece una imposición que los niños cuya lengua materna es el castellano deban estudiar catalán? Tienes un sentido muy extraño de las relaciones humanas. Yo lo que tengo claro es que con tipos como tú no quiero compartir soberanía. ¿Por qué debo compartirla cuando estableces tus propias reglas y excluyes a la otra parte? ¿Qué manera de negociar es ésa? ¿Qué intercambio es ése? Ya te lo digo yo: es un win-lost. Una parte gana lo que otra pierde. Pues eso, cariño, que si me huelen los pies, te buscas a una sirena que te soporte y contratas al cangrejo Sebastián para que te cante mientras buscas un lugar en el que aparcar tu pilila. 

Prometo fer-te riure si em segueixes a les xarxes socials (fes un click):

 Twitter

 Instagram

Facebook