EL ÑORDO DE LOS REYES MAGOS

Estimado, o no:

He visto tu cara en Twitter y puedo afirmar que todavía no necesitas espuma de afeitar y maquinilla. Desconozco si en tus bolitas de Navidad hay algo de vello o si brillan más que las de un árbol en Vigo. Lo cierto es que te faltan dos hervores para entrar en el mundo de los adultos. Por lo tanto, mi obligación moral en tanto boomer con alma pedagógica consiste en proporcionarte un spoiler que te alejará un poco más del mundo de la niñez: los Reyes Magos son los padres. ¿Qué? ¿Cómo te has quedado? ¿Nunca habías pensado que es imposible que los mismos reyes estén en Madrid, en Barcelona o en Sevilla a la vez? Que son magos, pero no tan buenos como el Mago Pop, ni tan escapistas como el campechano.

Cabe la posibilidad de que te refieras a los otros reyes, ya sabes, al tipo que descubrió a su crush haciendo zapping y a la periodista que un día tuvo que besar muchos sapos para que el cuento se hiciese realidad. Aquí viene el segundo spoiler: los millonarios no suelen conceder muchos deseos. Están más preocupados de que se cumplan los suyos. Vivir en un palacio apartado del mundanal ruido es lo que tiene. Por lo tanto, te advierto que los reyes van a pasar bastante de tu culo. Contacta con Cristina de Borbón y te explicará cómo actúa su hermano. 

No soy amigo de la Ley de Godwin, que establece que a medida que se alarga una discusión se hace cada vez más probable que alguien establezca una comparación con Hitler o con los nazis. Aún así, es fácil establecer un paralelismo entre tu afirmación y lo que hubiese dicho un niñato de tu edad en la Alemania de los años 30 respecto a los judíos. Sé que es fácil que se cumpla la ley de Godwin cuando no hay argumentos, pero es que tu deseo está muy claro: “a los reyes les voy a pedir que desaparezcan los catalanes”. Ya sean los Reyes Magos o los reyes vagos a quienes te diriges, tu deseo es que un día te despiertes y desaparezcan de la faz de la Tierra 7,5 millones de personas. Y qué quieres que te diga, solo desapareceremos en caso de caída de un meteorito, tsunami bestia, terremoto de escala 100 o… Y es ese “o…” lo que me preocupa. Que un joven de tu edad acumule un equipaje de odio tal en su marco mental que le lleve a expresar en una red social de 353 millones de usuarios que desea la muerte de 7,5 millones de personas, es preocupante. ¿Saben tus padres o tus amigos que deseas la muerte a 7,5 millones de personas? ¿Les parece bien? ¿Podemos estar seguros de que un día no cogerás el AVE o un avión y vendrás a Catalunya con ganas de cumplir tu deseo? 

Pero aquí estamos, siglo XXI, año 2022, cualquier persona que en Alemania sería denunciada por un tuit similar al tuyo si se refiriese a los judíos, aquí es aplaudida. Ya lo sabemos, somos catalanes y sobre nosotros se puede decir de todo, sin límites, sin censura, barra libre. Eso sí, al revés no. Y si no que se lo digan a Valtònyc o a Pablo Hasél. Porque aquí está el tema de fondo. Si hay libertad de expresión (que la debe haber) es para todos. El problema es cuando se juega al mismo juego, pero con diferentes reglas según quiénes sean los jugadores. ¿Qué tú deseas que desaparezcamos los catalanes? No sé cómo será el futuro, pero quizás somos los catalanes los que provocamos los cambios sociales necesarios para que desaparezca de España la institución monárquica. Al fin y al cabo, uno es abogado y la otra es periodista. Estoy seguro de que pueden ser grandes profesionales. 

Te emplazo a la mañana del seis de enero para que nos cuentes si tu deseo se ha hecho realidad o si te has de conformar con un buen ñordo de mentira como los que traen a los niños que se portan mal. Te paso una foto para que te vayas acostumbrando. Es más, sugiero a todos mis seguidores a que pasado mañana te hagan llegar la foto de un buen ñordo para recordarte que los catalanes somos tus Reyes Magos y que, si desaparecemos, va a pagar la deuda externa el regidor que hace de Melchor en la cabalgata de tu pueblo.