EL EXILIO INTERIOR

Estimados, o no, “exiliados”:

Tengo la costumbre de intentar comprender las situaciones que suceden en el mundo. Soy consciente de que la psicología, la psiquiatría, la historia y la sociología nos han dotado de un buen número de herramientas para que dejen de sorprendernos esos hechos que cada día leemos en los medios de comunicación y en las redes sociales o que, directamente, experimentamos personalmente. Así, si nos documentamos un poco, estos y otros campos del conocimiento humano pueden actuar como Google maps para un turista despistado. Sin embargo, hay un marco mental que es tan rocoso, tan incoherente y tan indescifrable, que tengo la sensación de que jamás llegaré a comprender. Me refiero al nacionalismo español. Especialmente porque no sé qué es España. Como Estado lo tengo claro. Posee unas estructuras de Estado, una soberanía y bla, bla, bla. Pero como nación, como proyecto común, diverso e integrador no lo tengo tan claro. Debo ser yo, supongo. O quizás es que está fundada sobre unos principios contradictorios. Al fin y al cabo, ese constructo social tan abstracto como la “unidad de España” lo ideó un fascista monohuevo con no demasiada afición a cultivar su mente. Y si los cimientos no descansan sobre pilares firmes, el edificio se tambalea.

El tema es el siguiente: si los catalanes somos españoles, también lo debe ser nuestra lengua. Y si nuestra lengua forma parte del patrimonio común de los españoles, nadie que se sienta nacionalista español, debe percibir que es extranjero en Catalunya. No hace falta tener a mano ninguno de esos Google maps que nos marcan trayectos y direcciones sobre la condición humana para llegar a esta conclusión. Otra cosa es que la idea de nación española sea una amalgama de tópicos identitarios que incluya algunos (toros, flamenco, callos a la madrileña, etc.) y excluya aquellas muestras de cultura que ese fascista monohuevo intentó destruir (cultura catalana, vasca, etc.). Así, el nacionalista español navega entre dos mundos: la anexión de identidades en modo “mira tu DNI”, por una parte, y la demonización de aquello que debería venir como archivo adjunto de una idea de españolidad (catalán, euskera, gallego…), por otra. Y así estamos en estos tiempos tan histéricos: gente que se siente extranjera en Catalunya porque se habla una lengua nacida hace centenares de años en un territorio que ahora se encuentra bajo la soberanía de un mismo Estado. ¿No será que el marco mental de un nacionalista español es algo tan confuso, extraño y estrambótico como intentar resolver un sudoku con los ojos cerrados? ¿No será que la idea de nación española es un concepto poco evolucionado, incoherente y con la misma capacidad de seducción que el striptease de un hipopótamo? ¿No será que has construido tu Estado sobre un territorio equivocado? Si se nos repite constantemente lo de “eres español”, debe ser porque nuestra cultura también lo es. Y si es así, ningún español se debería sentir extranjero en Catalunya. Pero, ¿sabéis qué?, si al final es cuestión de sentimientos solo hay dos opciones: o no sentirlos (y para eso está la meditación, el yoga o narcotizarse escuchando la música de José Manuel Soto) o evitar el contacto con ese ambiente que te agobia. Veo que habéis elegido lo segundo. Por eso, os quiero felicitar. En la España monolingüe todo es más sencillo para los que poseen vuestro marco mental. Que sirva de ejemplo para otras familias. 

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