EL DEDO DEL PROCTÓLOGO

Estimada, o no, Monguer:

Hoy me siento pedagógico y te explicaré el tema desde tres ópticas diferentes:

Óptica legal

El artículo 3.2. de la Constitución española afirma que “las demás lenguas españolas serán también oficiales en las respectivas Comunidades Autónomas de acuerdo con sus Estatutos”. Y ser oficiales no es un brindis al sol. Ser oficial tiene una consecuencia clara: generar derechos y obligaciones. El artículo 6.1 del mancillado Estatut d’Autonomia de Catalunya del 2006 dice que “la lengua propia de Cataluña es el catalán”. También el artículo 32 afirma que “todas las personas tienen derecho a no ser discriminadas por razones lingüísticas”. Si estos artículos no os gustan, lo que debéis hacer es obtener una mayoría parlamentaria en Catalunya que os permita modificar el Estatut. Otra opción es modificar la inmaculada Constitución o poner en el Tribunal Constitucional a jueces vinculados a determinados partidos políticos, cosa que ya ha sucedido. Concepción Espejel, apartada del caso Gürtel por su afinidad con el PP, ha entrado en el Tribunal Constitucional junto con Enrique Arnaldo, que aparece en el sumario del caso Lezo. Qué cosas tiene España. 

Óptica ética

La vida en común, cuando se pretende civilizada, establece un juego entre derechos y obligaciones. Si determinados colectivos (por ejemplo, los castellanohablantes) tienen solo derechos frente a otros colectivos (como, por ejemplo, los catalanohablantes) que solo tienen obligaciones, no estamos hablando de democracia sino del ajedrez, en el que los peones están siempre delante y solo se pueden mover despacito, quiero respirar tu cuello despacito. Deja que te diga cosas al oído para que te acuerdes si no estás conmigo.

Te voy a poner un ejemplo muy claro: los semáforos. Si un vehículo llega a un cruce y el conductor ve que su semáforo está rojo, sabe que debe pararse. Y eso sucede porque su obligación viene adjunta al derecho de otra persona: la que se acerca con su coche al cruce teniendo el semáforo en verde. Lo mismo sucede con el idioma. Si un contribuyente catalán, que está pagando con sus impuestos los servicios de un sistema sanitario público, necesita ir al médico, tiene derecho a hablar en catalán a ese servidor público. Ese derecho se genera porque el médico que ejerce en Catalunya tiene la obligación de entender a su paciente. Dejando de lado la ya tratada cuestión legal, es pura ética: no obligar a nadie a cambiar su lengua materna por culpa de unas carencias lingüísticas que te restan competencia laboral para ese puesto de trabajo. De la misma manera que un proctólogo con temblores no puede ejercer (a no ser que te gusten los tactos rectales con el ritmo de un reggeaton), los médicos que no se esfuerzan por entender a sus pacientes, no merecen ejercer como tales. ¿Que quieres fichar a un crack mundial que no sabe castellano para un hospital de León y estás dispuesto a pagar un traductor para que trate a sus pacientes? Si los contribuyentes quieren, supongo que no hay problema. Al fin y al cabo, Carlos I ejerció de rey sin tener ni puñetera idea de castellano. Eso sí, venía recomendado como emperador del Sacro Imperio Romano Germánico. Lo que sería el Bayern de Munich actual. 

Óptica cultural

Estoy convencido de que viajar a Japón y no probar el sushi es un crimen contra la lógica. Aunque teniendo la afición por todos conocida del campechano, no sé qué habrá probado en Abu Dhabi (y no me refiero a la comida). También estoy convencido de que vivir en otra comunidad lingüística y no querer aprender su idioma es un crimen contra la lógica y contra esa curiosidad innata en el ser humano que ha provocado el progreso de las civilizaciones. Por ejemplo, vivir en Dinamarca (cosa a la que nadie te obliga, como vivir en Catalunya) y negarse a aprender danés, en mi opinión es una actitud xenófoba. Tenemos la concepción de que solo hay xenofobia en origen y eso no es cierto. También se ejerce la xenofobia cuando las personas viajan y pretenden imponer sus modelos culturales o sus costumbres. Hay detrás una clara mentalidad supremacista, hay un “que me hablen ellos en mi idioma, ¿no te jode?”. Lo que sucede es que Dinamarca es un Estado, con su soberanía y sus leyes. Y allí no puede ir un médico de Tarazona con mala leche a exigir que sus pacientes le hablen en el idioma de Kiko Rivera. Y esto es así porque, por muy bien que cocine la perdiz a la vinagreta con setas del Moncayo, el director del hospital le dirá gå hjem, que no es que se haya sentado sin querer en el teclado, sino que significa vete a casa. ¿Qué sucede en Catalunya? Que no solo no tenemos un Estado propio sino que, además, recibimos el supremacismo poco disimulado de personas que creen que ante la presencia de un español los catalanes debemos postrarnos en el suelo y pedir perdón por vivir. 

¿Hablas de lengua común? Todas las lenguas son comunes si existe la voluntad entre emisor y receptor de compartir un mismo código. Por eso tantos adolescentes españoles escuchan canciones en inglés sin importarles que no sea su idioma inicial. Lo que ya se me antoja más improbable es que muchos adolescentes españoles escuchen a Blaumut ante la perspectiva de escuchar música en catalán. Por si acaso esos prejuicios cambian algún día, te regalo una preciosa canción en catalán. Otro día te hablaré de lo maravilloso que sería no tener déficit fiscal y poder aumentar las partidas de sanidad en Catalunya. Pero ése es otro tema, tan tembloroso como el dedo del proctólogo.

Prometo fer-te riure si em segueixes a les xarxes socials (fes un click):

 Twitter

 Instagram

Facebook