SOBRE EL FASCISMO

Facebook me ha censurado el siguiente texto que daba respuesta a un usuario de Twitter que me insultó. Volveré a intentar decir lo que pienso sobre el fascismo.

Desde que hace 1.600.000 años un homínido descubrió que frotando un palo contra una madera se podía crear fuego, el ser humano ha intentado conseguir cada vez más parcelas de poder. Todos, en mayor o menor medida, contamos con un cierto poder. Y si ese poder individual se suma a otros poderes individuales para generar poderes colectivos, las posibilidades de cambio en la sociedad son enormes. Otra cosa es para qué se utiliza ese poder y sus connotaciones morales. 

Miguel Ángel tenía un enorme poder sobre sus pinceles. Sus habilidades para pintar, para generar formas y colores eran incontestables. Y ese poder lo utilizaba sabiamente. Cuatro años se pasó encima de un andamio pintando el techo de la Capilla Sixtina para dejarnos en herencia uno de los lugares más bellos del planeta. Si Miguel Ángel se hubiese dedicado a meter el pincel en los ojos de otras personas y a embadurnarlos de pintura, seguramente no figuraría en los libros de arte y los turistas no se agolparían para ver su obra. Lo importante no es la cantidad de poder que uno consiga sino para qué lo emplea.

Este blog nació de una necesidad: responder a los acosadores.Un acosador es alguien que no sabe emplear su poder o que es incapaz de encontrar otros poderes para relacionarse positivamente con el mundo. Un acosador invade libertades ajenas para someter, humillar y practicar la deshumanización como deporte. El acosador es el soldado fiel del fascismo. Quizás pensamos que el fascismo es solamente un modelo político pero va mucho más allá. El fascismo es un estilo de vida, una estrategia vital, una manera de conquistar voluntades a través del ejercicio inhumano del poder. Si un adolescente ordena a su novia que no se ponga determinada ropa, está ya ejerciendo como fascista. Quizás te parezca anecdótico pero es una conducta que no se debe permitir porque el fascista va subiendo cada vez más peldaños en su escalera de odio si nadie se lo impide. Y aunque la violencia pueda ser de baja, media o alta intensidad, el fascismo es binario. O uno adopta estrategias fascistas o no las adopta. Y al fascismo se le combate. No desaparece con el silencio, cerrando los ojos y pidiendo un deseo a las estrellas. Unos dirán que al fascismo se le combate con una patada en la boca. Yo prefiero las palabras, prefiero no quedarme callado ante el acosador, ante el fascista. Y ésta es la razón última de este humilde blog. ¿Por qué nos debemos quedar callados ante los acosadores, ante los abusos ilimitados de poder, ante el fascismo? Algunos me dicen que lo mejor que se puede hacer ante los que amenazan, insultan o abusan del poder es callarse. No estoy de acuerdo. Ni mucho menos. Imaginemos un mundo en el que las sufragistas se hubiesen quedado calladas ante la injusticia de no poder votar o no poder acceder a cargos políticos por ser mujeres, un mundo en el que los afroamericanos aún fuesen esclavizados en el delta del Mississippi o un mundo en el que las jornadas laborales fuesen interminables y no se trabajara para que en todos los países se respeten derechos sociales tan básicos como las vacaciones pagadas. Lo sé, el machismo y sofisticadas formas de esclavitud siguen vigentes en nuestros días. Por eso, precisamente, debemos poner a los acosadores en su sitio. 

El fascismo no sólo está presente en las personas en tanto individuos. Afecta a grandes corporaciones, a gobiernos, a Estados. Y lo hace por esa extraña vocación que tienen algunos entes con aspecto humano que consiste en crear infiernos. Se crean infiernos en el hogar, se crean infiernos como respuesta a la homosexualidad, a la inmigración o a la disidencia. Se buscan excusas y se hace en nombre de inmorales subterfugios pero, al final, está el acoso como instrumento de control social, que invade, conquista y niega libertades ajenas.

Me has insultado. Es tu forma de relacionarte con el mundo. Denota impotencia intelectual y es un síntoma claro de pobreza retórica y falta de argumentos. No sé a qué te dedicas en la vida, cuál es tu proyecto vital (si es que lo tienes) y cuáles son tus sueños y aspiraciones. Llevo más de medio siglo en este planeta y, aunque he abandonado un elevado número de sueños en el museo de oportunidades perdidas y he dejado de creer en muchas cosas, sí que hay algo que tengo claro: el sentido último a todo es hacernos mejores cada día y hacer mejores a las personas que nos rodean.Salir despedido del útero materno para convertirse en un acosador o en un indigente intelectual, no pasa por lo que considero un proceso de crecimiento integral como persona que se acerque lo más mínimo a la felicidad. Puedes insultarme las veces que quieras, puedes convertir la catalanofobia, la homofobia o todas tus fobias en una excusa para no sentirte perdido en el mundo, pero no lograrás ni durante un segundo que la dignidad que me invade como adulto culturalmente inquieto, afectivamente generoso, catalán activista e independentista convencido, desaparezca de mi proyecto vital que, evidentemente, no tiene nada que ver con el tuyo. Por eso grito: no a las amenazas, no a toda forma de acoso, no al fascismo. Es el mundo en el que creo y por él me comprometo. Porque, en última instancia, la gran dialéctica de la Humanidad está en conceder espacios al poder de la fuerza o al poder de la inteligencia.