LAS COSAS CLARAS Y EL CHOCOLATE ESPESO

Estimado, o no, redactor de “La Razón”.

Que los refranes son los primeros tuits de la Historia lo sabe todo el mundo porque cabra coja no quiere siesta y quien mucho duerme, poco aprende. Sin embargo, costumbres de mal maestro sacan hijo siniestro. Y es que, a buen entendedor, pocas palabras bastan. En este blog suelo utilizar muchas palabras para explicar aquellas situaciones del mundo que me sorprenden. Soy consciente de que más pueden tretas que letras y de la dificultad de decir esto en voz alta sin pensar en… tretas. De todas maneras, y aún sintiendo cierta atracción por las tretas, el mundo de las palabras y de los refranes, debo decir que en ocasiones los refranes se equivocan. Al menos el que asegura que “razón y cuentas, amistades sustentan”. Porque si mis cuentas no fallan, estamos en 2021. Si a esta cifra le restas 1521, da como resultado 500 y no 600. Es mejor tener calculadora que por cerebro una batidora. Ups, me acabo de inventar un refrán.

Respecto a lo de que el chocolate lo inventó un español, siento desmentiros. Tal como aseguran diferentes fuentes, la mezcla de azúcar, la masa de cacao y la manteca de cacao tiene más años que el prepucio de un dinosaurio (bueno, quizás no tanto, pero quería que la imagen del prepucio de un dinosaurio fuese más disruptiva que aprender a restar). El caso es que la evidencia más temprana del uso del cacao no corresponde a Hernán Cortés, que tenía otras aficiones ajenas a la gastronomía como matar esposas y ser un genocida. Hay vestigios del uso del cacao en la cultura de Mesoamérica que datan del 1900 a.C. Después fueron los mayas y los aztecas los que empezaron a elaborar chocolate. Siglos más tarde Melendi empezó a fumar chocolate (aunque quizás no se elaboraba con cacao y tenía un olor más fuerte).

Acabo con una reflexión: ¿por qué no habláis de inventos españoles que fueron un fracaso como Terra de Telefónica; la red social Keteke, también de Telefónica, o la camiseta a rayas de Zara que parecía un uniforme del Holocausto? Y puestos a hablar de inventos fallidos, ¿por qué no dedicáis un artículo a las hormonas que según Villarejo se inyectaron al campechano para evitar sus desmadres sexuales? O eran tan malas como la sopa de prepucio de dinosaurio o estaban más caducadas que la humildad española. 

Prometo fer-te riure si em segueixes a les xarxes socials (fes un click):

 Twitter

 Instagram

Facebook