Ventajas de la ingravidez

Estimado, o no:

Debo confesar que hay cosas de este mundo extraño que me cuestan comprender y precisamente son las razones que me han impulsado a exiliarme mentalmente en otro planeta. Por ejemplo, no entiendo los logaritmos neperianos (el nombre me cae mal), la física cuántica y a Kiko Rivera cuando habla. Pero si hay algo que no comprendo es el deseo que tienen muchos terrícolas de que algunas lenguas desaparezcan. Podría entenderlo si una de esas lenguas fuese la de una vaca que les estuviese hurgando la oreja, pero cuando se refieren a lenguas que se supone que forman parte de la riqueza cultural de su país, la cosa se complica más que resolver un logaritmo neperiano durante un terremoto (en mi caso sin terremoto), el efecto Zenón cuántico o comprender a Kiko Rivera cuando habla mientras come polvorones.

Hay muchas más cosas que deberían desaparecer del mundo: las guerras, el hambre, la discografía de José Manuel Soto… Quizás parece la respuesta a la típica pregunta de un concurso de belleza. Dime tres cosas que te gustaría que desapareciesen del mundo. Sin embargo, la Humanidad agradecería despertarse un día sin guerras, hambre en el mundo y sin un tipo que cante “soy español y lo digo con orgullo sincero. Soy feliz cuando piso sus suelos”. Ya es raro que este paradigma de cuñado no haya aprendido a levitar. 

Dejando de lado que la lista de cosas a desaparecer del mundo es más larga que la lista de deseos en el FNAC de Victoria Frigorífica, lo que se me antoja surrealista es el deseo que desaparezcan herramientas culturales tan potentes como una lengua. Una lengua es un sistema de comunicación verbal o gestual, propio de una comunidad humana. Es, sin ninguna duda, aquello que nos distingue de un perro, un gato o un suricato. ¿Has visto a algún suricato escribir poesía? Yo, en cambio, he visto a muchos poetas que han escrito en catalán. Por ejemplo, Joan Margarit escribió:

Onsevulga que siguis, les paraules

recordaran la mar si hi ha memòria.

Recordaran aquests ponents que esclaten

a la muralla blava de la tarda.

Recordaran aquest taüt de sol

a la plaça oblidada del migdia.

¿Has leído un poema tan bonito escrito por un suricato? No te pido, eso sí, que desees que desaparezcan los suricatos que, aunque no destaquen como rapsodas, son especialmente monos. ¿Has visto cómo miran a su alrededor? Parecen el campechano en la fiesta de la espuma de una discoteca repleta de chicas. 

Desear que desaparezca una lengua es tan absurdo como desear que desaparezcan Las Meninas, la Catedral de Burgos o El Quijote. Quizás yo no sepa apreciar la belleza de un logaritmo neperiano, la física cuántica o a Kiko Rivera cuando habla, pero jamás desearía que desapareciesen. La discografía de José Manuel Soto tampoco. Era bromita. Además, en mi planeta no tiene previsto actuar. Aquí no puede pisar suelos. Ventajas de la ingravidez… o de no sentirse español como es mi caso. 

Prometo fer-te riure si em segueixes a les xarxes socials (fes un click):

 Twitter

 Instagram

Facebook