LA LEY DEL ESPEJO

Estimados, o no:

Me habéis dejado un tanto preocupado. Ahora ya no sé lo que es un trapo y lo que son los colores. Es más, cuando pienso en trapos de colores se me aparece el payaso de Micolor con la cara de Víctor Amela (cosas de Freud). Pero vayamos por partes, como hacen los toros en Pamplona cuando fijan su mirada en un turista borracho.

PRIMERA PARTE

He buscado la definición de trapo en el diccionario de la RAE y hay dos acepciones que tienen que ver con lo que dices, amiguito Libertario:

1. m. Pedazo de tela desechado.

2. m. Paño de uso doméstico para secar, limpiar, quitar el polvo, etc.

Diríamos entonces que el trapo sería algo así como un trozo de tela al que se le asigna otra función en la vida, como cuando sospechas que algo te pasará al ver una foto de tu pareja en Instagram con un tipo que le está limpiando las encías con la lengua y no es dentista (ahora que lo pienso, aunque ese tipo fuese dentista tampoco es normal limpiar encías con la lengua. Eso sí, más divertido seguramente). 

En principio, la versión beta de una bandera es una tela. Después puede aparecer en forma de plástico, en papel o digitalmente en fotos de perfil de Twitter (aquí he guiñado el ojo como diciendo: ¿sabes que en tu perfil hay una bandera?). El alma de una bandera, sin embargo, es que actúa como símbolo de algo. El tema central de esta historia sería averiguar cuándo una tela adquiera el valor de bandera y cuándo esta bandera se transustancia en un trapo. Supongo que una tela se transforma en bandera cuando un grupo humano la considera como tal y cuando este grupo humano se siente representado por ella. Siguiendo la misma lógica, otro grupo humano puede transustanciar esa bandera en un trapo porque considera más importante tener los cristales limpios que formar parte del grupo humano que representa esa bandera. En resumen, quizás deberías aceptar que esa bandera digital con la que defines tu imagen en Twitter pueda ser considerada por otro grupo humano como un trapo cuya única función en la vida sea garantizar que los cristales de las ventanas estén limpios para ver cómo la vida se mueve en el exterior. Rajoy podría haber dicho: es el trapo el que elige la bandera y es la bandera la que quiere que sea el trapo, la bandera.

SEGUNDA PARTE

Cuando he leído que las banderitas de colores no te van, lo primero que he pensado es que eras daltónica, que no es una discoteca (aunque como nombre mola) sino una incapacidad para apreciar la diferencia entre ciertos colores. Para que te hagas una idea, es como intentar ver las diferencias entre Aznar sin bigote y su hija. 

Me he documentado y sé que estos son los colores oficiales de la bandera de España, tanto en RGB como en CMYK:

Te invito ahora a que mires fijamente la bandera de tu perfil de Twitter. Si la ves en modo blanco y negro, definitivamente tienes un problema. En todo caso, te invito a que cantes a viva voz la preciosa canción: Franco, Franco, tiene el culo blanco porque su mujer lo lava con Ariel. La reina Sofía lo lava con lejía y el rey de Borbón lo lava con jabón. La música, por supuesto, ha de ser la del himno de España. 

TERCERA PARTE

Un último consejo: si alguien os dice que sois un ejemplo práctico de la ley del espejo, no le digáis: “en el culo te lo dejo”.  Y es que, en el campo de la psicología, la ley del espejo afirma que “el mundo exterior actúa como un espejo, reflejando tanto nuestra luz como nuestra sombra, siendo un retrato de nuestro mundo interior”. Es decir, debéis intentar copiar aquello bueno que veáis en otras personas, más que enfureceros por intentar huir del pensamiento de que sois su reflejo en negativo. Por lo tanto, si no os gustan las banderas, quitadlas de vuestro perfil de Twitter. Pero si el problema es una falta autoconocimiento personal, haced yoga, meditación o transformad la bandera en un trapo para limpiar el espejo. 

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