¿Castellano o español?

El mundo es caótico. Suceden cosas. Algunas son previsibles (esta noche se pondrá el sol) y otras imprevisibles (¿tendrá otra amante el campechano?). El ser humano intenta resolver ese caos a través de la ciencia, del urbanismo, de la lingüística… ¿He dicho lingüística? Pues sí. El ser humano habla lenguas, esas lenguas poseen palabras, esas palabras se escriben de una determinada manera según unas normas ortográficas fijadas por el uso de la lengua y la acción de Academias de la Lengua, la sintaxis nos dice cómo unir las palabras para que un sentido tengan (y no parezcamos Yoda como es el caso) y se aceptan neologismos que antes eran un barbarismo (sí, amigos, la RAE aconseja usar el verbo “guasapear”). 

Las palabras nos permiten construir relatos y los relatos nos dan la posibilidad de explicar el mundo. Pero el mundo sigue siendo caótico. Suceden cosas. Algunas son previsibles (mañana amanecerá) y otras imprevisibles (¿quién quería que ganase la Eurocopa el campechano, España o Suiza?). Y el mundo es el mundo, pero nuestra manera de explicarlo siempre será diferente a la de otra persona. Por eso nadie explica la misma película de la misma manera y la leyenda negra española se explica de manera diferente en España que en los Países Bajos. 

El relato es tan importante como la verdad (si es que esta existe). Y el relato oficial del nacionalismo español nos ha dicho que primero, existe una lengua común y segundo, esa lengua común se llama español, con ñ de vagina. Pero vayamos por partes como hace un toro cuando embiste a un torero en la entrepierna:

  1. Es que la RAE dice que castellano es sinónimo de español. Cierto. Pero la Constitución dice que la lengua oficial del Estado español es el castellano. Pero es que la RAE sabe más. La RAE guasapea y, además, fija criterios que no son compartidos por todos los lingüistas. Hay dos grandes conflictos irresolubles en España (bueno, hay muchos): si se debe denominar castellano o español a la lengua que habla Kiko Rivera (por cierto, ¿tu entiendes lo que dice?) y si la tortilla de patatas debe llevar o no cebolla (a mí me gusta con cebolla y jugosa).
  2. Es que los extranjeros lo llaman Spanish, Espagnol o Spagnolo. CiertoY si te digo que me gusta el cine de Allan Stewart Konigsberg no sabrás que me refiero a Woody Allen. Si Allan Stewart Konigsberg hubiese firmado sus películas con su verdadero nombre, no sabríamos quién es Woody Allen. El nom fa la cosa, que decimos en catalán. Desde muchos medios (académicos, políticos, medios de comunicación, etc.) se ha utilizado el término español con un interés marcadamente político. Ha sido su forma de posicionar su nacionalismo lingüístico.
  3. Pero es que el español es la lengua común a millones de personas. Dos consideraciones. La primera es que esa afirmación es una falacia. Deberías decir que el castellano es una lengua que hablan millones de personas, lo cual es cierto. Pero es que comunes son todas las lenguas. No hay lenguas comunes y lenguas que no lo son. Estoy seguro de que si aprendes catalán, sabrás qué significa la frase: Bartomeu ha arruïnat al Barça. Maleït Nobita. Es decir, lingüísticamente hablar de “lenguas comunes” es una chorrada. Otra cosa es el valor que se concede a las lenguas en base a su número de hablantes, como si esto fuesen “Los 40 principales”. Y es que, en el archivo adjunto del concepto “lengua común” lo que hay es un nacionalismo freudiano que echa para atrás. Lingüísticamente todas las lenguas tienen el mismo valor, sirven para lo mismo y son útiles para lo mismo que no es, ni más ni menos, que comunicarse. La segunda consideración que deberías hacerte es por qué lenguas como el castellano, el inglés o el francés se extendieron por el mundo acabando con otras muchas lenguas a las que sustituyeron. ¿Te doy una pista? No fue por sus franquicias de academias de idiomas. Fue por algo que empieza por colonial y acaba por ismo. 

Todos tenemos nuestros relatos. Yo te voy a explicar el mío. Si no te gusta, tranquilo, la maquinaria propagandística del nacionalismo español te explicará el RELATO. La identidad nacional española (y no entre toda la población española actual, ni muchísimo menos) es muy reciente. Al nacionalismo español le va muy bien explicar que el hecho de que Isabel de Castilla retozara en la cama con Fernando de Aragón ya creó un sentimiento de pertenecer a algo llamado España. Te dirán que tenían enemigos comunes y que, al parecer, eso sentimentalmente une mucho. No sé, Rick, parece falso. Como culer sé que al Madrid también le da rabia el PSG, pero mi unión afectiva con el madridismo es inexistente. No te insistirán tanto en el hecho de que el Reino de Castilla y la Corona de Aragón tenían leyes diferentes. ¿Que el roce hizo el cariño? Sí. El roce y unas cuantas toneladas de pólvora. En todo caso, el nacionalismo español, como otros muchos nacionalismos, nació en el siglo XIX (lo sé, no mola tanto como decir que nació en el siglo XV). Resulta que Carlos IV se llevaba a matar con su hijo Fernando VII, Napoleón se metió por en medio y el mal rollo acabó en la Guerra de la Independencia. Y al lado de Napoleón, un buen porrón. El que utilizaba José Bonaparte, más conocido como Pepe Botella. Pero leamos lo que dice José Álvarez Junco:

“A partir de 1808 puede hablarse en España de nacionalismo: el patriotismo étnico pasó a ser plenamente nacional, al menos entre las élites. Y ello fue obra indiscutible de los liberales. Las élites modernizadoras aprovecharon la ocasión para intentar imponer un programa de cambios sociales y políticos; y el método fue lanzar la idea revolucionaria de la nación como titular de la soberanía. El mito nacional resultó movilizador contra un ejército extranjero y contra los colaboradores de José Bonaparte, en tanto que no españoles (afrancesados). Los liberales españoles recurrieron a la identificación entre patriotismo y defensa de la libertad: como declaró el diputado asturiano Agustín Argüelles al presentar la Constitución de 1812, «españoles, ya tenéis patria”.

Pues nada, que ya tenemos un constructo bien precioso: el de nación española, mito creado por las élites. By the way, ¿no se ha dicho siempre que el nacionalismo catalán nació apoyado por las élites, llamadas comúnmente “burguesía catalana”? Qué cosas tienen los relatos, ¿no? Es decir, la idea de que España es una nación es eso, una idea, porque las naciones son ideas, constructos asociados a conceptos comunes como territorio, lengua, cultura, etc. Ningún historiador tiene ningún derecho moral a decir que “exta sí, exta no” como si fuese Chimo Bayo. Una nación es cómo te sientes y cómo quieres que te vean los demás (no me hagáis explicar ahora las diferencias entre país, nación y Estado). ¿Que es más fácil que los demás te vean como nación cuando has conseguido constituirte como Estado gracias a los polvos de uniones dinásticas o a las guerras que has ganado? Of course. El sexo por interés y tener un ejército han configurado la Europa actual (entre otras cosas, claro). 

Recapitulemos: tenemos ya una idea de nación. Ups, pero hay varias lenguas. Está el catalán, el gallego, el euskera… Y para reforzar la idea de nación, ¿qué podemos hacer? Lo suyo es tener una sola lengua, ¿no? Si no, la gente se despista. Oye, pues ya que los ejércitos de los diferentes monarcas o los comerciantes se han movido por todo el territorio expandiendo el castellano y haciendo que entre en contacto con el catalán, el euskera o el gallego y hemos redactado leyes etnocidas como el Decreto de Nueva Planta y, además, a los indígenas americanos les metimos un poco de pólvora por el culo para convencerles de que su lengua era inútil, podríamos llamar español al castellano. Oye, que así las cosas quedan claras. Ya no existe el Reino de Castilla, pero sí existe España. Pero es que hay otras lenguas que son españolas y… Nada, nada… España, una, grande y libre. Si llamamos español al castellano, relegamos a las otras lenguas a algo folclórico e inútil, recordamos la unidad territorial y el destino universal de todos los españoles a estos separatistas y ponemos en valor que España fue un imperio a los descendientes de los indígenas a los que Hernán Cortés trató en modo “jódete, cabrón”. Pasa de llamarlo castellano. En serio. Español de España. Pero es que los estadounidenses no llaman británico al inglés. ¿Y ahora te vas a poner exquisito? Además, el español te permite hablar con 500 millones de personas. Ya, pero si te apetece hablar 10 minutos con cada una de esas personas, necesitarás vivir más de 9000 años. Ni Jordi Hurtado. Fuck off!

Lo sé. No te ha gustado mi relato. Recuerda: el mundo es caótico. Suceden cosas. Algunas son previsibles (un nacionalista español al castellano lo llama español) y otras imprevisibles (alguien, alguna vez, aportará una visión crítica al relato con el que has crecido). Really? Fuck off, man!