La paradoja del pero

Estimado, o no:

Vaya por delante que tienes todo el derecho a bloquear a quien quieras y vaya después que yo tengo derecho a responderte. Vaya también un poco después que necesites que en tu mundo monolingüe solo esté presente una lengua y vaya aún un poco más después que tus argumentos me parezcan un tanto intransigentes en modo “toy amargadito”. Y es que me hallo en una edad en la que la demagogia ya ha dejado de provocarme vergüenza ajena para dar paso a algo parecido a la diversión. Analicemos tu aportación al diálogo intercultural.

  1. Afirmas en tu tuit que bloquearás a todo aquél que te responda en catalán, euskera, gallego o valenciano. ¿Entiendo entonces que en el caso de que el presidente de EEUU te respondiese en inglés para ofrecerte un trabajo muy bien remunerado en la Casa Blanca, también le bloquearías o es que tu hipersensibilidad lingüística solo se ve afectada por estas lenguas que se supone que forman parte de tu país? Deberías ampliar tu declaración de principios para que al mundo le llegasen tus inquietudes con mayor precisión. Bueno, también cabe la posibilidad de que hayas visto House of cards y la oferta no te parezca atractiva ante la cantidad de personajes que mueren en extrañas circunstancias. 
  2. ¿Sabes que existe la posibilidad de emplear un botón de Twitter llamado “traducir tweet” que traduce tuits? Según un estudio de la Clínica Mayo publicado en 2005, mover las piernas y los brazos en un trabajo de oficina puede hacerte perder hasta 350 calorías al día. Pulsar este botón te descifrará mensajes tan complicados como “quina puta calda fot avui”, sabrás que en Catalunya hace calor y además quemarás calorías. ¿Qué más quieres? “Tres en un”, que traducido significa “tres en uno” por si no lo habías entendido.  
  1. Tengo una teoría llamada “Paradoja del pero”. Se podría definir como “según qué oraciones afirmativas seguidas de la conjunción adversativa “pero” convierten la afirmación en una chorrada”. Pongamos un ejemplo. “Estos calzoncillos me gustan, pero me aprietan los testículos”. Vamos a ver, cariño, si te aprietan los testículos es más que evidente que no te pueden gustar. Quizás el diseño sea divertido, los colores llamativos y la tela suave. Sin embargo, si cada vez que te los pones pareces Farinelli, no creo que te gusten mucho. Que a todos nos ha pasado. Usamos la M y engordamos. Pues eso, que necesitas la L. El pajarito y su nido no acaban de estar cómodos. Así llegamos a los típicos “no soy racista, pero…”, “no soy machista, pero…” o “no soy catalanófobo, pero…”. ¿Y qué esconde la paradoja del pero? No hace falta ser psicólogo para saber que esconde una disonancia cognitiva de manual. Es decir, si digo que soy racista, machista o catalanófobo voy a parecer un capullo. ¿Qué hago? Advierto al lector que estoy en el lado de los buenos, pero… Y es aquí cuando lo que viene después del “peeeeero” solo hace que anular la oración afirmativa. Me gusta el arte, pero nunca voy a museos porque representan el bla, bla, bla… No, campeón, a ti no te gusta el arte. Lo que quieres es dar la impresión de que eres un tipo culto. No soy antivacunas, pero el amigo del cuñado de un compañero de la oficina me ha dicho que su primo enfermó de cirrosis el día después de que le vacunaran. Dos cosillas, campeón: la primera es que sí eres antivacunas. La segunda es que es probable que el amigo del cuñado de un compañero de la oficina no te dijera que su primo se bebe hasta la colonia. Aprecio el catalán, el gallego, el vasco y bla, bla, bla, pero… Y es aquí cuando viene el pero. No, no los aprecias. Cuando aprecias algo no hay peros. Hay gente que aprecia el deporte y no hay peros para levantarse a las siete de la mañana un domingo para correr. Otros aprecian viajar y no hay peros si el camarero les pasa un menú escrito en croata en un restaurante coreano de Dubrovnik. Muchos aprecian a sus parejas y no hay peros cuando les llevan a ver una película de Almodóvar (aquí admito mi límite). Si de verdad aprecias algo, no hay peros. Jamás. Y esto me lleva al siguiente punto.
  2. En el siglo XXI muchas lenguas son comunes en el ámbito digital. Google translate incorpora 108 lenguas, entre ellas kinyarwanda, odia, tártaro, turcomano y uyghur (no sé si hay de fresa. Chiste malo. Lo siento). Plataformas como YouTube, Twitch o TikTok alojan chats en los que personas de todo el mundo intercambian opiniones. Y si crees que un joven que escribe desde Oshiba en lengua odia (llamada también oriya) dice algo interesante, tienes dos opciones: traducirlo con Google translate o hacerte un tatuaje. Y es que se trata de una lengua estéticamente preciosa. Te pongo un ejemplo: ମୋର ପୋଷାକ ଟାଣ |Significa “me aprietan los calzoncillos” pero en un tatuaje queda genial. 
  3. En resumen, no aprecias las lenguas que mencionas. No pasa nada. Yo tampoco aprecio el queso, el olor a porro, el calor de verano y todo junto. Por eso jamás iré a una pizzería regentada por Melendi en pleno mes de agosto. En todo caso, si alguna vez te responden en catalán, gallego o euskera ya sabes: o “traducir tweet” o tatuarte. Evita, sin embargo, tatuarte según qué palabras y en según qué partes del cuerpo. Lo digo porque una de las palabras más largas en alemán es “Grundstücks­verkehrs­genehmigungs­zuständigkeits­übertragungs­verordnung”. La sesión de tatuaje se puede alargar un poco. Hablo de la sesión. Lo otro… no sé. 

P.D. Una última cosilla: en Twitter se escribe, no se habla. Si oyes voces en los tuits, avísanos. O es Siri… o tienes un problema. En oriya se escribiría ବେଳେବେଳେ ମୁଁ ସ୍ୱର ଶୁଣେ |

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