En un país normal @MarioGarcesSan

Estimado, o no:

En un país normal, un jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados sabría que no es el mismo el origen de un tomate que su variedad. Por eso, en un país normal, ningún jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados dirá que el tomate Cherry es de Cherry o que un agricultor andaluz o murciano no pueden cultivar tomate Cherry porque, al parecer, eso afecta al equilibrio del universo.

En un país normal, un jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados, se fijaría en la etiqueta de cualquier producto en la que figurase su origen y la variedad antes de generar un ambiente tóxico en las redes sociales.

En un país normal, un jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados sabría que el Real Decreto 1334/1999, de 31 de julio, por el que se aprueba la Norma general de etiquetado, presentación y publicidad de los productos alimenticios, obliga a mencionar el origen del producto. Tampoco le extrañaría que en los supermercados se promocionase la agricultura de proximidad. Porque no es la variedad de un tomate lo que lo convierte en agricultura de proximidad, sino su origen. Y sí, si se cultiva en Catalunya, “és de la nostra terra”.

En un país normal, un jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados sabría que otras Comunidades Autónomas promocionan la agricultura y el comercio de proximidad.

En un país normal, un jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados sabría que, aunque el tomate sea nativo de América central y del norte y noroeste de Sudamérica, la mención al origen de la etiqueta se refiere al lugar en el que se ha cultivado. Por esa misma razón, en un país normal, ningún jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados tendría problemas al hablar de “tomate español” si ése alimento se cultiva en España, por muy extranjero que sea el origen de su especie y/o variedad.

En un país normal, un jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados sabría que, aunque Segovia no es Escocia, lo que allí se elabora es Whisky (o al menos, eso se nos ha dicho durante años sin que ningún jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados se haya quejado). Para el Whisky sí, pero para el tomate, no. Curioso.

En un país normal, ningún jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados, equipararía a los catalanes con la mafia en un intento de chiste malo. No es la mejor manera de convencernos a los independentistas de que dejemos de serlo, ni a los catalanes no independentistas de que tienen un sitio en España.

En un país normal, ningún jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados alimentaría discursos de odio contra una parte de la población del país, especialmente cuando esos discursos de odio se convierten en una profecía autocumplida y confirman las teorías de esa parte de la población.

En un país normal, ningún jurista, político, académico, escritor, portavoz adjunto de un partido político y diputado en el Congreso de los Diputados hablaría de la Corona de Aragón en pleno siglo XXI sin desvelar un claro complejo de inferioridad, trasnochado y carpetovetónico.

Pero eso sería, claro, en un país normal.

Para acabar, y antes de que elabores alguna teoría extraña, debo advertirte que hay una variedad de tomate que se llama Pezón de Venus. Ten cuidado con lo que tuiteas porque los records están para superarse y eso afecta también al ridículo.

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