Carta a Pepe Pérez

Estimado, o no:

Estoy seguro de que muchos de los lectores de este blog se estarán preguntando quién es Pepe Pérez (disculpa si, a diferencia de cómo lo has escrito en tu perfil de Facebook, lo escribo con tilde, pero es que me eduqué en una escuela catalana e intento dejar bien a mis profesores). A la pregunta de quién es Pepe Pérez no sé muy bien qué responder. En todo caso, diré que es alguien que ha entrado en la página de Facebook del Blog Societat Anònima y ha dejado algunas muestras de mala educación. Es todo lo que sé, aunque tampoco me interesa saber mucho más. No serías un tipo con el que me iría de vacaciones. Aún así, voy a darte respuesta en este otro espacio público que es mi blog. Como no hay ninguna ley que me obligue a responderte en Facebook lo que tú escribes en Facebook, me voy a permitir el capricho estival de utilizar esta república independiente que es mi blog para darte respuesta. Tú me acusas en público y yo te respondo en público. Quid pro quo. En mi casa jugamos así.

Quiero agradecerte que reconozcas el éxito del blog. Intuyo que te ha sorprendido que un catalán dé respuestas a la catalanofobia y que existan personas que se sientan identificadas con las respuestas. No tenemos los catalanes una larga tradición de líderes políticos que defiendan de una manera vehemente y agresiva los intereses de los catalanes. Que si la “puta y la Ramoneta”, que si el “peix al cove”, que si la “taula de diàleg”… Yo no practico esa especie de actitud vital consistente en pedir perdón por ser catalán. Además, el 1 de octubre de 2017  abandoné cualquier posición pedagógica sobre qué significa Catalunya. Quiero decirte con ello que mi principal interés en la vida no pasa porque un señor de Cuenca con bigote me dé la razón o entienda qué es el derecho a la autodeterminación, por ejemplo. Sin embargo, sí que considero muy importante establecer unos límites respecto a cómo determinadas personas intentan invadir la vida de mi familia, de mis amigos o la mía propia con su nacionalismo castrador, autoritario, agresivo y represor. Y es que, a mí lo que haga un señor de Cuenca con bigote con su vida me resulta indiferente. Es más, si los conquenses quieren independizarse de España, no pondré ningún inconveniente. Y si un día los habitantes de Cornellà quieren independizarse de Catalunya, me parecerá genial. Si me dejan comerme un Seafood Yakisoba en el UDON del Splau sin tener que usar pasaporte, me parecerá aún mejor.

Dices que este blog está escrito desde el odio. No te voy a animar a que leas los más de mil artículos que contiene o el libro que publiqué en 2016 para que veas que no es el odio el motor de mi creación de contenidos. Es claramente y sin ninguna duda, la dignidad. Dignidad de un ciudadano que se siente tratado muy injustamente por parte de un Estado que se supone que debería defenderle. Me siento tratado injustamente a nivel económico, a nivel político, a nivel judicial, a nivel social y a nivel cultural. A nivel económico porque el déficit fiscal de Catalunya es simplemente insostenible, a nivel político porque se me roba la capacidad como sujeto político de opinar sobre el modelo de Estado en el que quiero pasar el resto de mi vida, a nivel judicial porque las decisiones de los jueces españoles son cuestionadas en Europa (y lo que vendrá), a nivel social por los discursos de odio que corren por las redes y los medios de comunicación y a nivel cultural por las más que evidentes muestras de indigencia intelectual que debemos padecer los territorios bilingües. Sin ir más lejos, hoy Pablo Casado ha dicho que en las Baleares no se habla catalán, sino que se habla mallorquín, menorquín o ibicenco. Eso significa, supongo, que en Sudamérica no se habla castellano, sino que se habla argentino, peruano o boliviano y en España se habla andaluz, extremeño o murciano. ¿Si doy respuesta a esto, lo hago desde el odio o desde la dignidad? ¿Quién odia aquí, el que ataca o el que se defiende?

Resulta difícil gestionar la ira cuando cada día percibes cómo supura la catalanofobia en las redes sociales, en los medios de comunicación o en los espacios políticos. Es muy difícil no responder con odio al odio. Estamos haciendo muchos catalanes un master de inteligencia emocional para no caer en las actitudes que criticamos. Cuando constantemente te dicen que el catalán es una lengua inútil o que solamente es un dialecto, cuando te llaman nazi, cuando te dicen que crees pertenecer a una raza superior, cuando la memoria te devuelve las imágenes de violencia del 1 de octubre, cuando compruebas que la justicia española se ha convertido en una farsa que siempre favorece a los mismos, cuando te da lecciones morales el corrupto, cuando los patriotas de pulserita rojigualda tienen el capital en paraísos fiscales, cuando aún nadie ha dado explicaciones sobre la tocata y fuga del emérito o cuando se cuestiona la historia y la soberanía de tu pueblo, al que ni siquiera se le da el valor de pueblo, es realmente complicado regatear al odio para que no controle tu pensamiento. Pero ahí estamos, defendiéndonos, haciéndonos dueños de nuestras palabras y no esclavos de nuestros silencios, mirando el mundo desde la dignidad y no desde la sumisión, intentando no traicionarnos demasiado para evitar que llegue el día en el que no nos reconozcamos.

Como sé que no leerás este blog o el libro BENVOLGUT, O NO (Viena Edicions, 2016) te propongo que, al menos, te intereses por todos los movimientos sociales que han conseguido derechos de los que aún disfrutamos. Lee algo sobre la Ilustración, la Revolución francesa, las luchas obreras, las sufragistas, el movimiento por los derechos civiles en EEUU, la independencia de las antiguas colonias… ¿Crees que sufragistas como Emmeline Pankhurst se movían por el odio o por su dignidad como mujeres? ¿Crees que los países que tienen como fiesta nacional el día de su independencia se mueven por el odio o por su dignidad como pueblo con soberanía? Ahí lo dejo. Éste es un blog que da respuestas a la catalanofobia y que, de paso, intenta que se visualicen las incoherencias y la hipocresía de quienes dan lecciones morales desde la atalaya de la intolerancia, la soberbia o la prepotencia. Repito: eso no es odio. Es dignidad.

Pues ya está. Ya has tenido tus warholianos 15 minutos de fama. Disfrútalos. Por cierto, ¿sería pedir mucho que pongas una foto de perfil que esté enfocada? Es una putada para los que tenemos presbicia porque nos da la sensación de haber perdido vista. Se me olvidaba: te adjunto un vale. No es odio. Es ironía.

Prometo fer-te riure si em segueixes a les xarxes socials (fes un click):

 Twitter

 Instagram

Facebook 

youtube