El esperma mágico

Estimado, o no:

Quiero felicitarte por el microcuento que has elaborado. Se trata de todo un drama dividido en tres partes, como marcan los cánones de la narrativa: planteamiento sincero, desarrollo supremacista y desenlace sorprendente.

El planteamiento sincero es que, tal como dices, “Cataluña es un aparte de españa (sic)”. Se agradece que hayas escrito España con minúscula. Teniendo en cuenta que, para encontrar su bandera en el G20 debes realizar un potente ejercicio de imaginación, me parece un detalle realista. También resulta un ejercicio de realismo tu afirmación de que mi nación es un “aparte de España”. Efectivamente. Falta encontrar algún líder político que quiera pasar a la Historia como el primer presidente de la República catalana. Está costando más de lo previsto, pero si Froilán finalmente entró en la Universidad, hay que mantener todavía la esperanza.

Tu segunda parte del tuit afirma que “Cataluña está bajo soberanía de los españoles”. Gracias, Freud. Te ha salido el subconsciente de la misma manera que emergen del estómago de un turista borracho los litros de sangría que se ha cascado antes de entrar en una discoteca de verano (con tropezones de una salchicha de Frankfurt todavía por digerir). ¡Choffff! ¡Camarero! ¡Una fregona! Te ha faltado decir que los catalanes somos a priori los esclavos de algún señor de Cuenca que no se quiere comprar un Roomba y que prefiere a un señor de Vic para que le limpie el suelo. Tanta sinceridad me abruma. Pobre Rosseau. Si levantara la cabeza, volvía de nuevo a estirar la pata. ¿Así que ahora el 84% de la población ejerce su soberanía sobre el 16%? Liberté, non egalité y te jodé.

Pero la parte que más me gusta de tu microcuento es lo de “supuesta raza superior oprimida”. ¿A qué hace referencia lo de “supuesta”? ¿A raza? ¿A superior? ¿A oprimida? ¿A todo? Me gustaría pertenecer a una raza superior. Me encantaría que no me dolieran las cervicales, a no tener que tomar ibuprofeno o a poder comer lo que me diera la gana sin engordarme. Qué maravilla sería no perder pelo, dormir siete horas seguidas y no tener que usar gafas (lo de llevar gafas y mascarilla es un drama en invierno). En serio, pagaría por tener superpoderes como si fuese un personaje de la Marvel o de DC. Volar, tejer telas de araña y moverme por los rascacielos de Nueva York, saber por qué no hay jueces que investigan al emérito… Bueno, eso ya lo sé. ¿Qué debo hacer para pertenecer a una raza superior? ¿Debo celebrar el Día de la Raza como hacía Franco? O quizás deba cantar “yo soy español, español, lo, lo, lo”. ¿Me aconsejas que diga “soy español, ¿a qué quieres que te gane”?

Quiero sentir que pertenezco a una raza superior pero después veo lo que dice el artículo 56.3 de la Constitución y me temo que no podré ser Jefe de Estado. ¿Te lo recuerdo? “La persona del Rey es inviolable y no está sujeta a responsabilidad”. Y claro, el rey no vuela y no teje telas de araña, pero que nadie le investigue y carecer de responsabilidad, son superpoderes de la hostia. ¿Para qué quieres ser Superman o Spiderman si con haber nacido del esperma mágico de un monarca ya entras de lleno en el kit de los superpoderes? Vaya chollo lo del chiringuito de la monarquía. Aquí y en los 44 Estados con monarca. Nos quejamos de las teleoperadores pero eso sí que es una cláusula de permanencia. Quizás Luis XVI no pensaría lo mismo cuando le rescindieron el contrato. De hecho, dejó de pensar en un solo instante.

En resumen: no creo que existan muchos catalanes que se sientan formar parte de una raza superior. Y si existen son unos gilipollas. Eso sí, es un hecho irrefutable que ningún catalán tiene un artículo en la Constitución que asegure que es inviolable y que no está sujeto a responsabilidad. Debe ser que no hay tal raza superior en el nordeste de la península. Aunque después de ver los documentales de Kilian Jornet y comprobar que sube montañas como quien coge el metro, quizás sí tiene superpoderes. O como Víctor Amela, que tiene el superpoder de resultar irritante sin necesidad de hablar.

P.D. Respecto a lo de que nos creemos listos, sí que me gustaría decirte que, efectivamente, hay personas más listas que tú. Ley de vida. Ya lo superarás. Se trata de un rito de iniciación a la madurez que muchos realizamos hace tiempo. Escuchar a las personas más listas, aprender de su sabiduría y marcar los límites a las personas que te menosprecian, son buenos ejercicios en la relación que establecemos con el mundo.

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