Separatistas y separadores

Estimado, o no:

De la misma manera que no es lo mismo estar jodido que estar jodiendo, no es lo mismo ser un separatista que un separador. Un separatista, por definición, es alguien partidario del separatismo; es decir, alguien que se quiere separar de algo o de alguien. Un separador, en cambio, es alguien que separa y que, en consecuencia, actúa de catalizador de una separación. Por ejemplo, un separatista es el rey emérito. Se ha separado de su reino. Es como si el rey León, en vez de vivir en África durante todo su reinado, se hubiese ido a una base científica de la Antártida. Que digo yo que ya estaba escrito en la letra de la canción: “desde el día que al mundo llegamos y nos ciega el brillo del sol, hay mucho más para ver de lo que se puede ver, más para hacer de lo que da el vigor”. Eso sí, en el caso de que el rey León se fuese a la Antártida, sería necesario cambiar el Hakuna matata por un “Mimi barafu mayai yangu”, que en suahili significa “me hielo los huevos”.

Volviendo al emérito: si él es el separatista, ¿cuál fue el separador? ¿Sus cacerías de elefantes? ¿Sus amantes? ¿Sus negocios oscuros? ¿Sus cuentas en Suiza o Andorra? ¿Todo junto? Algo me dice, sin embargo, que cuando hablas de separatistas no te refieres ni al emérito, ni a los youtubers o deportistas que tributan en Andorra, ni a los que tienen empresas fantasmas en paraísos fiscales. Supongo que te refieres a los que queremos que las instituciones españolas como la delegación de Hacienda, la delegación del gobierno, la policía o el ejército se separen de nuestras vidas. Por lo tanto, una vez identificados los separatistas a los que te refieres (aquí levanto la mano), es momento de descubrir quiénes son los separadores.

Si fueses catalán y te preocupase el hecho de ser un sujeto político; es decir, que tu voz y voto cuenten para algo, tendrías una lista mental enorme de separadores. Quizás Ana Rosa Quintana no te lo ha acabado de explicar bien, pero los separatistas no nos levantamos un día con el pensamiento de “mira, hoy voy al gimnasio, después trabajaré, volveré a casa y, antes de poner la tele, diré en voz alta: me quiero separar del Estado español”. El proceso ha sido lento, ha viajado entre generaciones, ha tenido sus altibajos y, finalmente, ha movido a un 52% de votos en el Parlament catalán (que dudo que sirvan para mucho pero ése es otro tema). Separadores ha habido muchos a lo largo de la Historia y se podría resumir con la frase: separadores han sido todos los cabrones que de una forma u otra han orinado encima del pueblo catalán. Porque sí, cariño, efebo de larga melena, el pueblo catalán existe, como existe la nación catalana. Y si no te gusta, te disfrazas de Eduardo Manostijeras y te rascas lo que sobresalga más de tu joven anatomía.

Dices que “si algún día llegamos a algo, a esos separatistas sí que les vamos a oprimir”. Pues bien, eso es actuar de separador. Porque amenazas. ¿A ti te gusta que te amenacen? A mí, no. Como se diría en suahili: nigusa mipira yangu. Usa el traductor de Google.

Llevo años observando las reacciones de los que tú llamas “españolistas” y he llegado a la conclusión de que el relato de lo que es España os lo han explicado mal. Os han hecho creer que vuestro Estado tiene más importancia de la que en realidad posee. El mes pasado España cayó hasta el puesto 39 de 64 países en el ránking mundial del IMD World Competitiveness Center. El Foro Económico Mundial señaló debilidades que perjudican la competitividad como los desequilibrios macroeconómicos, el desequilibrio de las cuentas públicas, la corrupción, la falta de crédito y el insuficiente gasto en investigación, desarrollo e innovación, que es considerado crucial como elemento para la transformación económica de un país. No está en el G20 y la deuda externa supera los 2,2 billones de euros, lo que duplica su PIB. ¿Tenemos que estar encadenados a esta economía sin la capacidad de gestionar nuestros impuestos, ni poder tomar decisiones estratégicas sin pedir limosna constantemente al poder central? Separadores. La cultura y la lengua catalana son atacadas constantemente desde los frentes políticos, periodísticos y desde las redes sociales. Separadores. El Estatut votado por los catalanes recortado por el Tribunal Constitucional. Separadores. No al pacto fiscal. Separadores. El corredor mediterráneo pasando por Madrid. Separadores. 16.000 millones de euros anuales de déficit fiscal. Separadores. El lawfare persiguiendo al independentismo por tierra, mar y aire mientras hace el ridículo en Europa. Separadores. Wert queriendo españolizar a los niños catalanes. Separadores. 9000 policías dando hostias en el 2017. Separadores. Por lo tanto, antes de amenazar a los separatistas, quizás deberías analizar cuáles han sido los separadores. Y es que, ni siquiera es necesario justificarse. Todos los pueblos tienen derecho a la autodeterminación. TODOS. Y no me vengas con el rollo de “solo las colonias” porque Escocia no es una colonia y pudo votar.

En fin, estoy harto de tipos que amenazan, de tipos que menosprecian, de tipos que insultan, de tipos que tienen una intoxicación mental provocada por todas las batallitas y guerras con las que les han adoctrinado desde pequeños. Tengo ganas de vivir en el siglo XXI, en un país medianamente normal y en el que cada día no sea un festival de hiperventilados con melena.

P.D. Quiero recordar a los lectores de este blog que no hay ninguna ley que obligue a responder en Twitter aquello que se diga en Twitter. De momento. En este país demófobo todo es posible. Este blog me permite generar respuestas más elaboradas que un tuit de 280 caracteres. Hemos de ser conscientes, también, que expresarse en una red pública de 353 millones de usuarios activos por mes comporta que las opiniones sean públicas y con un ámbito global. La responsabilidad con las que manejemos esos mensajes es únicamente nuestra y todas, absolutamente todas las personas, tenemos derecho a responder a esos mensajes bajo cualquier medio: correos, palomas mensajeras, mensajes de humo o blogs. Otra cosa es realizar afirmaciones personales que no sean ciertas, especialmente cuando se denuncian delitos inexistentes (calumnia) o la revelación de información privada. Debemos ser conscientes de que situarnos en la esfera pública y formular determinadas opiniones son actos de elección personal que comportan una responsabilidad. Por cierto, amenazar sí es delito. Sobre todo, si amenazas con una sesión de música de Kiko Rivera. Friendly reminder.

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