Hola, según tú, nací en una entidad física individualizada por un accidente lingüístico

Estimado, o no:

Sé que en este punto inicial de la carta muchos lectores pensarán “ya está otra vez Àlex con el monotema de la lengua y el típico muy español y mucho español opinando desde su altar catalanófobo. Además, al Museo del Acrónimo ya le ha dedicado dos cartas. Basta ya”. Sí, tenéis razón. Me puede mi alta intolerancia a la injusticia, auténtico motor de este blog. No os enfadéis conmigo y permitidme este regalo que me voy a hacer. Además, tengo otro blog que se llama Societat I·limitada https://blogsocietatillimitada.wordpress.com/ en el que trato otro tipo de temas. Ahora sí, voy a por la cuestión central de hoy: lenguas regionales. Na, niano, naniano…

Hace tiempo que he leído lo de “lenguas regionales” en tuits de personas alérgicas a las “lenguas regionales”. Aunque sé que es un concepto aceptado por los expertos, tengo la impresión de que las personas alérgicas a las “lenguas regionales” lo usan porque les suena a bailes regionales o, peor aún, a la fase cantos regionales que es ese momento de las bodas o de las despedidas de soltero en el que se cantan jotas o el “Asturias, patria querida”. A falta de letra en el himno español parece una salida lógica. Yo prefiero hablar de lenguas minoritarias o, mejor aún, lenguas minorizadas.

La Carta Europea de las Lenguas Minoritarias o Regionales es un acuerdo ratificado el 5 de noviembre de 1992 por los estados miembros del Consejo de Europa para la defensa y promoción de todas las lenguas de Europa que carecen de carácter de oficialidad o que, incluso siendo oficiales en alguno de los firmantes, no lo son en otros, o aún siendo oficiales en el firmante, está en manifiesta debilidad. España firmó esta Carta y a su favor hay que decir que introdujo en la Constitución del 78 la cooficialidad de estas lenguas en algunos territorios. Otros Estados este hecho no lo han contemplado. ¡No todo es malo en España, hombre! Lo que sucede es que esta Carta es un poco como las promesas que se hacen a principio de año: que si me apuntaré a un gimnasio, que si estudiaré inglés, que si explicaré a los españoles por qué abdiqué y vivo en Abu Dhabi… Ya sabes, sobre el papel hasta un retrato al óleo de Kiko Rivera comiendo un limón puede parecer bonito. Después está la realidad, claro.

Se calcula que 40 millones de ciudadanos de la UE hablamos alguna de esas lenguas minorizadas. Pero es que aquí hay algo que no refleja exactamente la realidad. Y es que una lengua regional o minoritaria (minorizada) es una lengua hablada en un área pequeña de un estado nacional, como una provincia, municipio o comarca y, además, se puede entender como lenguas regionales aquellas que han sido usadas tradicionalmente en un territorio de un estado pero que constituyen un grupo numéricamente inferior al resto de la población del estado. Es decir, uno es grande o pequeño dependiendo de con quién se compare (prohibido hacerse fotos al lado de Pau Gasol, por ejemplo, pero sí al lado de Miquel Iceta). ¿Y por qué te digo esto? Porque:

a) el catalán es una lengua minoritaria (minorizada) en Francia, Italia y España pero es una lengua oficial en Andorra. Aquí es cuando te ríes de Andorra hasta que un andorrano te diga que el PIB per cápita de su Estado es superior al español. ¡Boom!

b) el danés, el noruego, el finés o el croata tienen menos hablantes que el catalán.

Es en este momento cuando este catalán minorizado realiza una oportuna reflexión: ¿cómo puede dejar el catalán de ser una lengua “regional”? Hay una opción divertida pero complicada: que los catalanes empecemos a tener más relaciones sexuales que los bonobos y que eso nos permita pasar de 7,5 millones de habitantes a unos cuantos más hasta superar al resto de población administrativamente española. Con una mayoría absoluta en el Parlamento podríamos cambiar muchas cosas. ¿Te imaginas? Si hasta se podría hablar en catalán en la tribuna del Congreso sin que ningún pollavieja falangista tuviese derecho legal a ponerse en modo ofendidito. “Tamo en España, oño”, No, perdón, España está en Catalunya. Hemos follado por encima de nuestras posibilidades, pero ya somos más. Així que tanca la boca.

Hay otra opción más realista: tener un Estado propio. El catalán ya no sería una lengua “regional”. Adquiriría el mismo estatus que el danés, el noruego, el finés o el croata y así, los tipos que pululan por Twitter y que serían millonarios si se compraran por lo que valen y, a continuación, se vendieran por lo que creen que valen, no soltarían perlas tan cargadas de odio como “proteccionismo de mercados locales”, “justificaciones secesionistas” o “entidad física individualizada por un accidente lingüístico”. Si me equivoco, dímelo, pero tengo la impresión de que a un danés, un noruego, un finlandés, un croata o un andorrano no te atreves a decirle que su nación es una “entidad física individualizada por un accidente lingüístico”. En resumen, si los catalanes tuviésemos unos auténticos líderes dispuestos a todo, tipos como tú no llamarían a Catalunya “entidad física individualizada por un accidente lingüístico” que, por cierto, no tiene ningún sentido. Para mí el único accidente lingüístico es meter la lengua en lugares equivocados.

Prometo fer-te riure si em segueixes a les xarxes socials (fes un click):

 Twitter

 Instagram

Facebook 

youtube