Bastoncillo de algodón, nene

Estimado, o no, Museo de Acrónimos:

Me pongo en contacto contigo de nuevo para explicarte mi vida (no se me ocurre mejor tortura). Últimamente me he aficionado a ver vídeos de YouTube en los que se puede apreciar cómo se restaura un cuadro. Recomiendo sobre todo los de Baumgartner Restoration. De momento no he visto ninguno en el que se pueda seguir el proceso de restauración de folclóricas y/o esposas de toreros o, directamente, de toreros con tendencia a acabar como Mister Potato. “Más cornás da la vida”, dicen en un ataque de sinapsis al azar.

El caso es que hay un momento mágico en la restauración de pinturas. Y no es cuando retiran el lienzo del marco y aparece una civilización zombie de bichitos detrás. Me refiero al instante en el que, con un bastoncillo de algodón y su fórmula personal de productos disolventes, el restaurador retira la capa de barniz. Pura magia. Resulta que la capa de barniz actúa como protectora de la capa de pigmentos y además potencia la saturación de los colores. En terminología técnica: mola más. En uno de esos vídeos el restaurador pronuncia una frase que tiene una enorme carga poética: “la capa de barniz separa a la pintura del mundo”. Maravilloso. Para que la obra soporte el paso de los años, debe separarse del mundo. ¡Es la historia de mi vida! ¡Es el relato en primera persona de un introvertido vocacional! Pero hay un problema con la capa de barniz. Con el paso de los años, esa capa pierde transparencia, amarillea, desatura los colores… envejece la obra.

Lo sé, ahora mismo estás desorientado. ¿Por qué me cuenta esta historia el boomer catalán al que en otros tuits he llamado cosmopaleto? Retrocedamos en el tiempo. 1898. España pierde Puerto Rico, Guam, las Filipinas y Cuba. ¡Boom! La franquicia que promovió Felipe II, la multinacional del saqueo y el “háblame en cristiano”, llega a su fin. Depresión. Tristeza. Bajona. Y como a esas horas no había churrerías abiertas para superar el fin de fiesta, una serie de escritores decidió que ese momento de “chof” debía quedar inmortalizado en forma de palabras. Generación del 98, típica pregunta de la selectividad. Miguel de Unamuno, Valle-Inclán, Jacinto Benavente o Pío Baroja no fueron precisamente la alegría de la huerta pero retrataron perfectamente aquellos tiempos en los que nadie cantaba el “yo soy español, español, español”.

Y aquí llega el barniz. En los libros de Historia que estudian los niños y niñas, aparecen muchas guerras, palacios, sale Colón en modo “aquí estoy yo porque he llegado” pero sobre el 98 hay una capa de barniz gruesa y del mismo color que Bob Esponja con problemas de hígado. Yo también fui educado en esos libros, en un relato, en la gloria de los Austrias o en el poder de los Borbones. Pero debajo del barniz hay otra realidad y a veces se parece bastante más a una pintura negra de Goya que a Felipe IV encima de un caballo. “La pintura de barniz separa a la pintura del mundo”. Yo diría que, desde el punto de vista del observador, la capa de barniz nos separa de la verdad. Y así sucede que, con la pérdida de las colonias, lo que surge es un nacionalista español con amnesia selectiva, autocomplaciente, supremacista, que basa su relato en unos siglos que ya no volverán, que prefiere seguir manteniendo una capa de barniz cada vez más opaca sobre los momentos más humillantes. Ese nacionalista español disfruta con los desfiles militares, se pone palote con los pollaviejas casposos que desde los micrófonos de una emisora de radio pontifican día sí y día también, ve al rey como el padre putativo de los españolitos que no sabrían vivir sin un monarca que les felicitara la Navidad desde su palacio y prefiere seguir manteniendo la capa de barniz que le separa de la verdad. Y la verdad es que la deuda externa está desbocada, que la bandera española no aparece en el logotipo del G20, que España se ha convertido en el bar de Europa, que el talento español sigue secuestrado por un enorme contingente de gilipollas anestesiados por los símbolos patrios y que ya solo queda el fútbol como última posibilidad de cantar el “Viva España”. Y quedan también los “catedráticos de Historia”, graduados por la Universidad Bar Manolo, cerveza y tapa gratis, que mezclan las colonias con la Segunda Guerra Mundial y una supuesta raza que solo ven ellos en su imaginación manipuladora y que se muestran incapaces de escribir un tuit sin errores sintácticos. Eso sí, seguirán babeando con sus desfiles militares del 12 de octubre imaginando lo bien preparada que está España para un ataque extraterrestre.

Bastoncillo de algodón, nene. Bastoncillo de algodón.

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