La traición en el DNI

Estimada, o no:

A comienzos de 1807, Carlos IV nombró gran almirante de España e Indias a Manuel Godoy. Una gran parte de la población española sintió ante este hecho lo mismo que sentiría Abascal ante una invitación a una velada poética. También a Fernando, hijo del monarca, lo de Godoy le puso la mosca detrás de la oreja. Ante esta situación y con el temor de que el ascenso político de Godoy pusiese en entredicho su condición de heredero al trono, Fernando decidió urdir un plan contra el promocionado. Sé que has visto historias parecidas en series de Netflix pero ya que has mencionado lo de las traiciones, quería recordarte algún que otro capítulo de la historia de España. En todo caso, googleea, googuelela, googlelea… busca en Google la llamada “Conspiración de El Escorial”. Total, que aunque Carlos IV tenía una cara de tonto que echaba para atrás, el tío se coscó de lo que quería hacer su hijo. Y como en aquella época no pudo cogerle el móvil y mirarle los WhatsApps, lo que hizo fue registrar su habitación. Lo primero que encontró fue papel higiénico en la mesilla de noche y revistas de cortesanas en pelotas debajo del colchón. Descartó inmediatamente que aquello formase parte de un plan para derrocar al rey, sino más bien para revitalizar a su pequeño calvo. Pero sí encontró una carta en forma de nota, con letra de Fernando, fechada aquel mismo día, ya cerrada pero sin sobrescrito, firma ni nombre, en la que decía que, “guiado por la vida de san Hermenegildo, estaba dispuesto a pelear por la justicia, y que si llegaba a estallar el movimiento, cayese la tempestad solamente sobre Sisberto y Goswinda (Godoy y la reina María Luisa) y que a Leovigildo (Carlos IV) procuraran atraerle con vivas y aplausos”. Lo sé, Fernando tenía alma de poeta. En la siguiente temporada entró en escena un tipo bajito y con la tensión alta llamado Napoleón, que cogió bajo su protección a Fernando y le dijo al rey que hiciese como Frenando Alonso; es decir, frenar. Te ahorro el resto de temporadas pero lo que sucedió al final es que un tipo con afición al alcohol, al que llamaban Pepe Botella, se convirtió en rey de Nápoles y rey de España pero no en rey de Catalunya, que se incorporó al primer imperio francés. Quizás a José Bonaparte no le gustaba la ratafía. 

Estimada, o no, Sonia: si hay algo omnipresente en la Historia de España es la traición. Desde los casos de Viriato y Numancia, la traición del conde don Julián, poemas épicos como el Cantar del Mío Cid o las numerosas traiciones en la corte, los relatos de este país de rotondas y Mercadonas son una mezcla de Shakespeare y Aquí no hay quien viva. ¿O es que te piensas que lo de Corinna y el rey emirato es una historia de lealtad a la reina emérita? ¿Y qué me dices del 23F? Dejaron solo a un picoleto con bigote berreando en el Congreso mientras el facherío se quedó en su casa viéndolas venir. 

En el prólogo del libro “La traición en la Historia de España” escrito por Bruno Pardín Portela, José Carlos Bermejo dice lo siguiente: “el odio que suscita la traición es una parte esencial de la naturaleza humana, porque el odio es lo contrario del amor. Por eso se puede odiar tanto a quien se ha amado, como a aquel con quien se ha roto el compromiso de fidelidad. El odio está directamente unido a la violencia sufrida y por infringir a los demás. Y la violencia, el odio y la ira son parte esencial de la vida animal y humana”. Los que no vimos la violencia policial del 1 de octubre explicada por Ana Rosa Quintana, los que pudimos ver las imágenes de lo que sucedió aquel día o, más aún, los que sufrieron en su cuerpo esa violencia, recibieron una clase magistral de lo que ha sido la historia de España. Y créeme, si hay algo que aparece en ella es la traición y la violencia posterior. Decir lo que se piensa en Twitter está bien. Pero pensar lo que se dice es aún mejor. La traición no existe por el hecho de ser catalán o haber nacido en Quintanilla de Onésimo. La traición se encuentra en la raíz misma de la condición humana. El día en que nuestro culo no nos importe tanto, quizás no estaremos tan obsesionados con emplear la traición como herramienta escapista. Además, en Oriente Medio hace calor. ¿Se entiende lo que no digo?

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