Carta a un equidistante del 2017

Estimado, o no, equidistante del 2017:

Te hablo desde el futuro. Estamos en abril del 2021. El próximo 4 de mayo se celebran elecciones en la Comunidad de Madrid y el ambiente está enrarecido. Se han suspendido los debates electorales en las televisiones porque se ha amenazado de muerte a diferentes personas, entre ellas a Pablo Iglesias, candidato de Podemos, y la ultraderecha se ha quitado la careta y campa a sus anchas por un gran número de instituciones. Mientras, revienta debates en los medios de comunicación con total impunidad. Ya estaban antes pero ahora se han quitado la careta. Pues sí. Así estamos en 2021. No te hablaré de la pandemia en la que nos encontramos inmersos ahora para no desmoralizarte demasiado, pero te anuncio que en el 2021 la situación es, por decirlo en un lenguaje llano y directo, una rotunda mierda a diferentes niveles. Somos felices pensando en la posibilidad de estar vacunados y en la pirámide de Maslow nos movemos en la parte inferior. La crisis económica ha entrado por la puerta con la misma fuerza que las libertades se han ido por la ventana. Hay activistas sociales en la cárcel, diferentes líderes independentistas exiliados o en prisión e, incluso, un rapero cuenta los días desde la celda y otro se halla en el exilio. Pues sí, la libertad de expresión es algo que adquiere un determinado valor dependiendo de quien la emplea en esto que llaman “democracia plena”. Te hablaría del campechano pero prefiero no hacerte un spoiler. Eso sí, ya te adelanto que lo que sucederá reventará tu capacidad para la sorpresa.

Tu España del 2021 es aún peor que la del 2017. Pero es que otro día te hablaré de la traición o cobardía de algunos líderes independentistas que, de momento, han desperdiciado las oportunidades que les ha ido ofreciendo el mayor movimiento social que ha tenido Europa en muchos años. Hubo un día en el que pensamos que había bofetadas para pasar a la historia como el primer presidente de la República Catalana. Hoy las cosas han cambiado mucho. Los catalanes, no tanto. En eso aún hay esperanza.

El caso es que tú, en el 2017, te indignas con lo que está sucediendo en Catalunya. No comprendes las reivindicaciones del independentismo y tampoco pones demasiado empeño en intentar entenderlas. Te agarras a la Constitución y antepones la legalidad a la legitimidad. Defiendes la autodeterminación del Sahara o del Tíbet porque queda muy chipiprogre pero te pones tenso con la de Catalunya.  Es diferente, dices. Es de ricos. Es la famosa burguesía catalana. Es una revolución de pijos, no te cansas de afirmar mientras sigues hablando de la república española como la única solución a todos los problemas. Y les reís las gracias a Inés Arrimadas. Te adelanto que aparecerá en escena una tal Rocío Monasterio que la dejará en un chiste. 

Es cierto que en tus televisiones no aparece la violencia del 1 de octubre y que el relato oficial se ha empeñado en que tomes partido por la causa de la unidad de España pero tú, equidistante de izquierdas, deberías ser una persona un poco más curiosa y con un pensamiento algo más crítico. En el 2017 se han cerrado páginas web, se han hecho registros en imprentas y se ha enviado un barco a Barcelona con 9000 policías y guardias civiles. Pero claro, como dijo Íñigo Errejón: “te pilló lejos”. Porque si hubieses puesto un poco más de atención en saber qué significaba “a por ellos” y que ese “ellos” te incluía a ti, quizás hoy verías las cosas de una manera diferente. La equidistancia alimentó al fascismo. La equidistancia empoderó a los que defendieron que el fin justificaba los medios. Y si esos medios incluían agredir a ciudadanos, robar urnas, meter en la cárcel a activistas, acusar falsamente de terrorismo a ciudadanos inocentes o torcer la ley hasta que se rompió, ya os iba bien. Porque ya verás que en Europa la “justicia española” hará el ridículo. Y sí, te haré esta vez un spoiler, Carles Puigdemont es eurodiputado. ¿Sorprendido? Pues cuando veas que la ultraderecha racista y xenófoba tiene un diputado catalán de origen familiar africano, deberás sentarte para asimilarlo.

En resumen, no lo dudes: si el debate es defender la unidad de España o ser un auténtico demócrata, la respuesta está clara. Porque cuando esa unidad de España la defienden los del pollo en la bandera, uno debe pensarse mucho las cosas antes de tomar una decisión. Cuando está permitido meter en la cárcel a dos activistas cuyo único crimen fue subirse a un coche de la Guardia Civil para disolver una manifestación o determinar el mismo camino para una presidenta del Parlament por permitir un debate, el resto viene solo. Y lo que viene solo es el fascismo, que campa a sus anchas, protegido por la ley y las instituciones. El fascismo que no acaba en la cárcel aunque haya una sentencia judicial condenatoria (Blanquerna), que se siente poderoso porque lleva ganando la misma puñetera guerra desde hace más de 80 años y nadie le para los pies. 

Y una pequeña reflexión final: mi independentismo fue firme el día en el que me di cuenta de que de la izquierda española no podía esperar absolutamente nada. El futuro me ha dado la razón. En el “ellos” os incluyeron a vosotros. Y efectivamente, ahora van a por vosotros. ¿Y ahora qué? 

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