Volverán los oscuros golondrinos @ArthurR_Madrid

Estimado, o no:

Hay tres personas con las que jamás me iría de vacaciones (hay muchas más pero creo en la economía narrativa). Estas tres personas serían Aznar, Aznar y Aznar. En todo caso, si tuviera que añadir a un cuarto tipo, sería Nietzsche. A mí las personas que no sonríen en las fotos me dan mal rollo (las que sonríen demasiado, también). Además, el tío tenía un bigote con el que verle comer sopa de fideos debía ser un espectáculo parecido al de ver a Belén Esteban poniéndose crema para los labios (cuando he dicho labios no he albergado intenciones ilícitas. Ya me entiendes).  En resumen, yo no me iría de vacaciones con un tipo como Nietzsche. No es que tenga nada en contra de él, pero si debo elegir un filósofo prefiero a Marx. A Groucho, concretamente. Y es que merece toda mi admiración alguien que dijo “cuando muera que me incineren y que el diez por ciento de mis cenizas sean vertidas sobre mi empresario”. 

Y ahora te estarás preguntando, ¿por qué este tío, al que he llamado lazi, me está soltando el rollo de Aznar, Nietzsche y Groucho Marx? Porque te voy a hablar del eterno retorno. 

Nietzsche mantuvo que todos los acontecimientos del mundo, todas las situaciones pasadas, presentes y futuras se repetirán eternamente. Algo así como el día de la marmota pero sin Bill Murray. Resulta que el cristianismo introduce una visión lineal de la historia y del tiempo. Hay un episodio piloto (la creación), temporadas importantes como aquella en la que Jesucristo muere y resucita y después es como Mindhunter, en la que todos esperamos una tercera temporada pero David Fincher pasa de todo y no la rueda (¿he dicho que David Fincher es mi dios?). Para Nietzsche, en cambio, la vida es como Verano azul: tenemos que estar dispuestos a ver a Pancho corriendo por la playa y gritando “Chanquete ha muerto”. De hecho, con tantas reposiciones en TVE he llegado a pensar que el comefideos de Nietzsche tenía razón. 

Pues resulta que en este blog que escribe un tipo al que has llamado lazi, se ha producido un fenómeno basado en el eterno retorno. Hace tiempo, otro de esos muy españoles y mucho españoles también tuvo problemas con el verbo tergiversar. En su caso, el neologismo permitió encender la imaginación más sexual de los lectores. Dividir el verbo trasivergar entre trasi y verga, nos puede abocar a una película de Almodóvar (mejor dicho, a LA película de Almodóvar ya que lleva treinta años rodando la misma). En tu caso, el eterno retorno se ha manifestado en el neologismo transjiversar. Si yo fuese académico de la RAE, además de usar champú anticaspa, propondría incluir tu verbo en la próxima edición del diccionario. 

Transjiversar

  1. tr. Cambiar de sexo los versos de una poesía sin que Almodóvar ruede otra vez la misma película, Toni Cantó no se ponga peluca y Carmen Maura no personifique el Edipo del director.

El resultado de transjiversar una poesía sería algo así como: volverán los oscuros golondrinos

en tu balcón sus nidos a colgar. Y otra vez, con los huevos en tus cristales, jugando llamarán.

Sé que ahora mismo, Bécquer se estará revolviendo en su tumba. En todo caso, y para reparar semejante daño, te propongo unos versos para que se los cantes al diccionario (si es un diccionario VOX, será el único VOX que mejore tu vida):

Volverán del amor en tus oídos

las palabras ardientes a sonar.

Tu corazón de su profundo sueño

tal vez despertará.

Pero muda y absorta y de rodillas,

como se adora a dios ante su altar,

como yo te he querido desengáñate,

así no te querrán.

P.D: Te debía la foto de Nietzsche:

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