Madrileños por su mundo

Estimada, o no:

Lo tengo decidido: me haré budista, creeré en la reencarnación y en mi siguiente vida pediré ser madrileño. Que ser madrileño es más fácil que ser catalán se trata de un hecho científicamente comprobable. Lo sé, no hay playa. Pero eso es un mal menor cuando desde Atocha todos los AVE’s conducen a ella. 

Pues eso, que me haré madrileño, seré del Real Madrid, pondré la bandera española en el balcón y Ayuso me parecerá la máxima aportación al pensamiento universal desde Marx (Groucho, concretamente). Está bien, me detengo. No iré por ese camino porque me consta que hay muchos madrileños que no se creen el ombligo del mundo. No generalizaré. Tranquilos, haters. Lo cierto es que en tu tuit hay un mundo. Exacto, UN mundo: el mundo madrileño. El resto no existe. Porque, podemos estar de acuerdo en que seis millones y pico de madrileños en la Antártida tienen menos posibilidades de contagiarse de COVID entre ellos, que si están en los 8.030 Km2 de la comunidad de Madrid. También tendrían más posibilidades de morir congelados o de que no lleguen los pedidos de Amazon pero, en contraprestación, podrían verle los huevos a los pingüinos emperador. Un espectáculo. Pero por mucho frío que haga en León, León no es la Antártida. Y cuando digo León, hago referencia en realidad a cualquier lugar de eso que se ha venido en llamar España desde que la última guerra o el último polvo entre reyes creó este Estado con tendencia secular a perder territorio. Porque, ¿a que no adivinas qué diferencia fundamental existe entre España y la Antártida, además del frío y los huevos de los pingüinos emperador? Exacto, el número de personas con sus bracitos, sus piernas y su dolor de cabeza en los peores momentos. Hagamos una simple resta. Si cogemos la cifra de población que paga impuestos en España que es de 47.450.795 de personas (menos algún youtuber y patriotas de pulserita rojigualda) y restamos la cifra de madrileños, 6.662.999 personas (no he contado al campechano), nos da que 40.787.796 de personas viven en el reino, más allá de la frontera madrileña. No he hecho ninguna encuesta pero sospecho que a esas 40.787.796 personas no les apetece que un madrileño que se aburre de verle el carro a la Cibeles o los huevos a Neptuno, se pasee por sus pueblos o sus ciudades en base a váyase a saber qué privilegios territoriales. 

Detecto dos aromas en tu tuit. Llámalo aromas, tufillos, olores de esos que provocan que uno arrugue la nariz como si viese a Jiménez Losantos desnudo… El primero es ese centralismo atávico tan característico que provoca que algunos veáis el resto del mundo como la segunda residencia de los madrileños, la playa a la que trasladar el culo o el patio de recreo en el que criticar y dar lecciones de cómo deben vivir los demás. El segundo aroma que me llega es ese pensamiento de una, grande y libre; el de una España, todo es España, no hay nada más que España, España es lo que hay debajo de los pies de un español y, como dijo el guaperas con voz de telefonista de spa: “el virus no entiende de territorios”. Se ha demostrado que para contener un contagio, el confinamiento territorial es necesario. Sé que se podría haber dividido el territorio en cuadrados como si fuese un ajedrez, pero ya sabes en el ajedrez gana quien mata al rey y no se trata de que los magistrados de la Audiencia Nacional sufran una involución testicular ante el trabajo que les caería encima. Por eso, se ha decidido que esta Semana Santa persista el confinamiento autonómico. Y si los madrileños os aburrís, os vais a la sierra o alquiláis una barca en el Retiro. ¿No decís “de Madrid al cielo”? Pues eso: a imaginar formas en las nubes. Uy, mira: un borreguito. 

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