Carta a Bea Talegón

Estimada, o no:

He leído tu tuit y me lo he imaginado en una agenda de Mr. Wonderful. No es una crítica. Es un elogio. No todo el mundo parece capaz de escribir frases bonitas como “lléname de aventuras y retos cumplidos” o “todas esas cosas que me he propuesto conseguir”. Es precioso el mundo Mr. Wonderful. Sus frases lapidarias son como la metadona de los cursis. No te hacen vomitar como Ana Rosa Quintana en modo chuche de fresa pero alimentan las almas de las personas dispuestas a padecer comas diabéticos por una vida rodeada del azúcar que genera el bienestar.

He cogido tu tuit al vuelo como podría haber escogido otros. No lo tomes como algo personal. Y es que estos días ha vuelto a aparecer en los medios y en las redes sociales la Asociación de Protectores del Contenedor Ibérico. Es evidente que a nadie moralmente sano le gusta la violencia. Lo que sucede es que tengo el vicio de pensar que la violencia se ejerce sobre las personas y no sobre las cosas. Llámame adoctrinado pero yo, cuando veo a los niños catalanes arrear a un tronco en Navidad para que caguen golosinas, no percibo violencia. En cambio, que una bala de foam vacíe el ojo de una joven, me parece bastante más inaceptable. Que confundamos ética con estética no parece un buen negocio. En todo caso, esperaré a que Disney haga una película sobre los Príncipes Contenedor para que me conmueva el hecho de ver un contenedor ardiendo mientras suena una canción de Beyoncé. Lo sé, lo sé… en este momento, los defensores del contenedor ibérico habrán pasado ya a indignarse y tendrán ganas de decir: ¿y los antidisturbios no son personas?  Abro paréntesis. Antidisturbios, esa profesión en la que ningún niño piensa como salida laboral en el futuro. Cierro paréntesis. Hablemos de los antidisturbios. Si no me equivoco, anti significa “contra”. Es como “anticuerpo”. Lo dices y piensas en Froilán o en Kiko Rivera pero no es eso precisa… ¡Ah! Me he liado. El caso es que yo no veo igual a un ser humano que a un contenedor y tampoco veo igual a un antidisturbio que a un ciudadano, por mucho que se manifieste. Un antidisturbio es un funcionario, alguien que cobra por servir con profesionalidad a la sociedad. Y sinceramente, viendo algunos vídeos estos días, ya no sé si son antidisturbios o prodisturbios. Por cierto, ¿hay anticuerpos pero no procuerpos? Me parece injusto.

Pues sí, Bea, a todos nos gusta la paz del hogar, una serie de Netflix con una mantita al lado de la respiración de tu pareja y beber té caliente en una taza de Mr. Wonderful pero es que el país está hecho una mierda. Te pongo un ejemplo, unos tipos que organizaban manifestaciones Mr. Wonderful con camisetas de colores y coreografías extrañas están en la cárcel. El mensaje del Estado fue entonces claro: con camisetas de colores las fotos salen muy cuquis pero pírate que todo se queda igual. Tampoco funcionaron las urnas. No funcionaron las huelgas, ni los cortes de carreteras, ni el cierre del aeropuerto. Y sí, es precioso decir que tu única arma es la palabra pero cuando el receptor de esas palabras es ciego y sordo vocacional, le tienes que tocar un poco para que recuerde que estás ahí. ¡Hola, cheñó, que choy yo! ¿Y chabe que pacha? Que la vida ech corta y choy un poco intolerante con lach injuchtichiach. Disculpa, me he puesto en modo payaso porque prefiero tomármelo casi todo a cachondeo viendo el percal. 

Yo no soy un revolucionario. En el colegio no me enseñaron a hacer cócteles Molotov o barricadas. De hecho, soy un desastre para el bricolaje. Pero sí me enseñaron Historia. Y qué quieres que te diga, resulta curioso que el país del genocidio en América, el país de Hernán Cortés, el que llegó a tocar los filipinos a los mismos ídems, que se peleó con media Europa porque buscaba territorios con idéntico afán que un chucho busca un pipí can, que expulsó a judíos y musulmanes, que bombardea a los catalanes con obsesión freudiana cada cierto tiempo, que tuvo una Guerra Civil de tres años y una dictadura de cuarenta, el país del GAL y de Intxaurrondo, el país que tiene como fiesta nacional el día en que inicio un proceso colonizador global y que la celebra con un desfile militar, que ahora se ofenda por unos cuantos contenedores me deja un poco confundido.  Joder, Bea, que España es muy bonita pero lo que ha hecho a lo largo de los siglos no pasaría de primer curso en la Universidad Mr. Wonderful.

Hace poco vi un programa de Jerry Seinfield y decía que el dolor ocupa el vacío que deja la falta de conocimiento. Por ejemplo, si te levantas a cambiar el agua a las olivas por la noche, olvidas que dejaste el cubata a los pies de la cama, lo pisas y te cortas, el dolor ocupará inmediatamente ese vacío. Por eso, tengo la impresión de que después de tanta desinformación, intoxicación, mentiras, chipiguays que vienen de Madrid a darnos lecciones morales, tertulianos profesionales y Gandhis de Instagram, hará acto de presencia algún día un inmenso dolor que ocupará el vacío que dejó la ignorancia. Sospecho que será duro para muchos. Intuyo que de repente se darán cuenta de la farsa en la que han vivido. Huelga decir que sigo viendo a los catalanes como el perrito de El mago de Oz que, al descorrer la cortina, destapa la farsa.

Llámame gamberro. ¡Gamberro! Pero aprovecho esta carta para animar a algún empresario a que lance al mercado productos Mr. Motherfucker. Me pido tazas de té o agendas con frases del tipo “tu próstata es una pelota de tenis” o “es un contenedor, no es Bambi”.

P.D. Para los que tengan problemas de comprensión lectora: por supuesto que detesto la violencia. No animo a nadie a que sea violento. No firmo ni la ética, ni la estética de la violencia. Sin embargo, en mis 53 años de vida el único que quiso educarme en la violencia (y que fracasó) fue el Estado español cuando me puso un CETME en la mano en aquel miserable y castrador año de la mili. ¿Revisamos un poco la doble moral? Otra cosa que deberíamos revisar es la definición de violencia. Debatamos sobre qué es la violencia. ¿Es violento un desahucio? No hablo de legalidad, hablo de violencia, de someter a una familia a esa situación sin buscar soluciones menos lesivas. ¿Es violento un 43% de paro juvenil? ¿Es violento abaratar el despido? ¿Es violento que los antidisturbios tengan barra libre para exorcizar váyase a saber qué traumas? Como dice Boye: ahí lo dejo. Debatamos sobre las causas del descontento, no prohibamos el descontento o nos dejemos llevar por el Mr. Wonderful que todos incorporamos de fábrica. Porque no es el orden lo que debemos encontrar. Es la justicia. El sistema feudal era un sistema de orden. Todo el mundo sabía el rol que tendría en la vida desde el nacimiento. Pero era un sistema profundamente injusto. El orden viene después de la justicia, nunca al revés.

PD. de la PD. Y huelga decir que estoy en contra de que se saqueen tiendas por muy pijas que sean o que se destroce patrimonio artístico como el Palau de la Música. Pero es que esos no son manifestantes, son ladrones y descerebrados.

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