Frozen 3 te deja helado

Estimado, o no:

He intentado comprender vuestro punto de vista. He puesto mis energías en saber qué se siente siendo uno de vosotros. He movido toda mi empatía en conocer qué resortes psicológicos llevan a que lancéis a paracaidistas contra farolas, disfracéis a cabras para que desfilen delante del rey o pongáis banderas españolas en los lugares más extraños. Me rindo. No dejáis de sorprenderme. Cada vez que entro en Twitter, algo rojigualda golpea mis esquemas para desafiar mi dilatada capacidad de asombro. Y es que lleváis vuestro nacionalismo tan al límite que no os puedo seguir. 

Lo dicho: me doy por vencido. En muchas ocasiones pienso que es broma, que forma parte de algún tipo de parodia, de performance, de denuncia a través del absurdo. Pienso, por ejemplo, en que si Piero Manzoni llenó latas de conserva con sus excrementos, les puso el nombre de Merda d’artista y las vendió como objeto artístico, quizás vosotros pretendéis lo mismo. Si en el caso del artista italiano su acción era una crítica al mercado del arte, podría ser posible que tú estuvieses criticando el ultranacionalismo español. Pero no. Veo tu cuenta de Twitter y los casi 5000 likes de tu tuit y mis esperanzas desaparecen. Porque, ¿qué hace que un tipo se plante con la bandera española, unos pantalones cortos de ciclista y un chaleco de Playmobil en la Cibeles, en medio de una enorme nevada y escriba este rollo patriótico-populista? ¿Esto es normal? ¿En serio? Pero si debías tener los pezones tan duros que podrías haber cortado vidrios como si fuesen diamantes. 

No sé qué decir. Me quedo sin palabras. Si hubieses dicho, “como españoles tenemos la obligación de quitar la nieve del asfalto para que pueda garantizarse la movilidad y después tirar sal para que no se forme hielo”, hubiese pensado, pues vale, bien dicho. Pero no, te haces una foto en modo Playmobil abanderado y sueltas un texto que parece sacado del horóscopo de Papá Pitufo. Quizás soy yo. Quizás he perdido ya un cierto punto de conexión con la realidad y soy yo el alienado. Quizás he dejado de comprender al ser humano. Pero si fabricamos trenes sin conductor, metros sin conductor y coches sin conductor, y si la tecnología garantiza edificios inteligentes, teléfonos inteligentes o hasta ciudades inteligentes, quizás es que estamos empezando a renunciar a la inteligencia que nos definía como seres humanos para trasladarla hacia las máquinas. No lo sé. Estoy confundido. Miro tu foto y percibo que algo se me escapa en estos tiempos en los que en EEUU se asalta el Capitolio, se cierran las cuentas de las redes sociales de un tipo que tiene un botón nuclear y decenas de personas bailan en la puerta del Sol durante una pandemia global para celebrar que cae nieve del cielo. Si hubiese aparecido una playa al lado del Bernabéu, con sus chiringuitos y sus tumbonas, habría visto algún motivo de celebración. Los Cayetanos tendrían un puerto para sus yates y así no invadirían Marbella o Palma. Pero era nieve, no farlopa. Y sí, es invierno. Nieva. 

En fin, si tu idea era impactar, lo has conseguido. Ahora solo falta que se entiendan tus tuits y que todos, me incluyo, dejemos de hacer el gilipollas para poner nuestra inteligencia en evitar que el populismo nos hunda aún más en la miseria. Si el 2020 fue nefasto, la segunda temporada de esta serie de terror ha empezado fatal. Como dirían en Frozen: let it go… let it go…

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