Madrizzzzz

Estimada, o no:

Tienes razón. Me encanta el ambientazo de Madrizzzzz. Especialmente el del paseo marítimo. Paseas por la Castellana, con tu toalla y el bañador, y te llega la brisa marina, el olor a salitre, el sonido de las gaviotas, las olas… ¡Se me pone la piel de gallina de pensarlo! ¿Y qué me dices de los chiringuitos de playa al lado de la Cibeles? ¡Qué ambiente tan cosmopolita! En todos suena LA canción de Georgie Dann. Digo, LA canción porque sólo tiene una. Es la misma música con diferente letra: el chiringuito, la barbacoa, el africano… Increíble el ambientazo de Madrid. No como en Catalunya, que solo tuvo 19 millones de turistas en el 2019. Ibas por las Ramblas y únicamente veías cruzar el típico matorral del desierto de las películas del oeste. Incluso, en verano, se oían las cigarras en Canaletes, mientras en Madrid los chiringuitos de playa estaban con el “yo tengo un chiringuito a orilla de la playa. Lo tengo muy bonito. Y espero que tú vayas”. Qué envidia.

Además, admiro el Times Square madrileño de la Puerta del Sol, con ese anuncio luminoso de Tío Pepe. Hace tres años estuve en Nueva York y ni punto de comparación. Qué modernidad, qué de siglo XXI, qué maravilla el anuncio de Tío Pepe. Nada que ver con Broadway con la 42.

 

Por no hablar de las cuatro mierdas pinchadas en un palo… perdón, de las Cuatro Torres Business Area que han construido en Madrizzzzz. Uno puede llegar a pensar que es un quiero ser Nueva York o Hong Kong y no puedo. Pero bueno, si son felices pensando que eso corresponde a una estética urbana moderna, coherente y humana, no voy a ser yo quien les quite la ilusión. Lo intentaron hace años en Benidorm y cometieron el atentado contra la costa más alucinante del litoral mediterráneo. Y es que el temilla de los cuatro falos (llámalos falos, rascacielos o me he comprado un Rolex de oro y me pongo manga corta para que lo veas bien) se parece un poco a esas dictaduras de oriente en las que fluye el dinero a raudales en medio del desierto y construyen rascacielos porque las montañas que están a 5000 kilómetros les quitan la vista. 

¡Y qué decir del ambiente cultural de Madrizzzzz! Llevan tanto tiempo con el Rey León que el león ya se ha apuntado al Imserso y se va a veranear… ¿a qué no sabes dónde? A Benidorm. Ha arraigado tanto en la cultura madrileña que ahora la frase “por favor, un bocata de calamares” se dice “Hakuna Matata”.  Y qué recuerdos me traen los años 80. La movida madrileña o, como prefiero llamarla, la “promovida madrileña”. Y ya ves dónde están ahora Ramoncín, Alaska o Sabina. Han puesto el intermitente a la derecha tantas veces que llevan años dando vueltas a su condescendencia. Capítulo aparte merece Miguel Bosé. El otro día estuvo varias horas observando fijamente a Araceli, la primera anciana vacunada contra la COVID, por si le veía algún USB instalado en la nuca o si le habían crecido branquias. ¿Y Almodóvar? Es el director más espectacularmente sobrevalorado del panorama europeo. Ojalá la nueva generación de directores catalanes que conforman Mar Coll, Kike Maíllo, Carlos Marqués-Marcet o Carla Simón, o andaluces como Alberto Rodríguez, tuvieran el diez por ciento de la atención mediática de la que se dedica al susodicho. 

Ahora en serio. Me gusta Madrid. He estado varias veces y adoro sus museos, sus anocheceres y el parque del Retiro. No suelo opinar mucho sobre Madrid para no caer en el error que algunos madrileños cometen con Catalunya, como es el de opinar sobre una realidad que está a 600 kilómetros y en la que no viven. Pero sí me gustaría expresar lo que siento. Y lo que siento es que España se ha construido por, para y desde Madrid (como Francia se ha edificado por, para y desde París). España es un Estado radial y centralista, con una capital repleta de sedes sociales de multinacionales que se van allí entre otros motivos por las trampas fiscales que se practican con el beneplácito de los gobiernos centrales; diseñado por, para y desde el capitalismo castizo y sus negocietes del palco del Bernabéu; con una capital extractiva que da trabajo a funcionarios y súbditos que acuden para estar cerca de la corte y ver si caen más migas de lo normal y con unos medios de comunicación que generan un pensamiento único por, para y desde el corazón del nacionalismo español más reaccionario. ¿No te gusta lo que estoy diciendo? Tampoco me gustan a mí los mantras que se sueltan allí y en otros lugares de la geografía española sobre Catalunya. Y así estamos: tejiendo desconfianzas. Muchas promocionadas por el establishment que domina el poder político, económico y mediático y que, o casualidades de la vida, está en Versalles… ups, perdón, en Madrid (a ver si después de tantos siglos de centralismo, ahora les vamos a pedir a los Borbones que se conviertan en la familia centrífuga).

Yo lo que no entiendo es por qué no hay movimientos independentistas potentes en la Comunidad Valenciana o en Baleares porque el déficit fiscal que sufren es, como el de Catalunya, insostenible. Durante la pandemia hemos visto a comunidades autónomas que han reclamado mucho más poder en la gestión de la crisis sanitaria. ¿Es el principio de algo o sólo una utopía? ¿El siglo XXI caminará hacia una capital omnipresente y omnipotente o la periferia se rebelará contra ese modelo de país centralista? No lo sé. Solo sé que a pesar de sus defectos y problemas, Barcelona, París y Nueva York son mis ciudades favoritas, que Copenhague es una ciudad más que interesante, que Donostia constituye un modelo maravilloso, que las ciudades deben resolver el problema de la gentrificación, de la vivienda y de la contaminación y que, según se lleva avisando hace tiempo, vamos a un modelo de regiones estructuradas alrededor de una megalópolis y una concentración demográfica muy irregular. Por lo demás, solo pido que en los chiringuitos no suene Georgie Dann. Por cierto, espero que en Madrid pregunten a los turistas qué idioma hablan y que los taxistas se interesen por el lugar donde quieres ir. Y es que puedes acabar dando vueltas alrededor de Miguel Bosé y Araceli, mientras te haces preguntas sobre la coherencia de tu tuit.

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