La independencia explicada con dibujos

Estimado, o no:

Como supongo que sabes, una disonancia cognitiva es una tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones que percibe una persona, que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias (thanks, Wikipedia). Todos experimentamos disonancias cognitivas. La que sospecho que tienes tú es que, por una parte, eres un tipo de izquierdas (supongo que sabes qué significa la hoz y el martillo de tu perfil de Twitter). Sin embargo, por otro lado, eres incapaz de entender qué es una realidad bilingüe, cómo se vive en ella y, en concreto, cuáles son todos los ingredientes que se mezclan en la realidad catalana. No pasa nada. Las cosas no se conocen bien hasta que no se experimentan en primera persona. Hay una escena preciosa en la película “El indomable Will Hunting” en la que Robin Williams explica a Matt Damon que uno puede leer mucho sobre algo y que uno puede creer que sabe mucho sobre otras realidades pero, al final, tienes que vivirlo directamente para acercarte a algo aproximado a la verdad. Pone el caso concreto de la Capilla Sixtina. Puedes mirar libros de Historia del arte para ver el trabajo de Miguel Ángel o de los otros pintores cuyos cuadros se encuentran en los laterales pero, ¿a qué huele la Capilla Sixtina?, pregunta Robin Williams. Ya te lo digo yo: a sudor de turistas (lo siento. Me he cargado la magia). 

Yo también tengo disonancias cognitivas. Demasiadas, de hecho. Una de ellas es la lucha diaria entre: ¿paso de las proclamas supremacistas del panhispanismo español o intento hacer pedagogía con la ingenua esperanza de que alguien me comprenda? Más de mil artículos después en mi blog huelga decir cómo resuelvo esa disonancia. En todo caso, te lo explicaré con dibujitos porque lo que viene a continuación lo puedes aplicar a las relaciones humanas o a las relaciones entre pueblos.

MODELO 1

En este primer modelo de convivencia hay dos entes (llámalos entes, personas, naciones, Estados…). Les pondré el nombre de Tú y Yo. Tú y Yo quieren establecer PACÍFICAMENTE y sin gritar A POR ELLOS un proyecto común (llámalo proyecto común, relación sentimental, polvo casual, intercambio de fluidos, sinergias culturales, marcos de cooperación interestatales, etc.). Tú pone algo de su parte y Yo hace lo mismo. El proyecto común es lo que hay en esa zona central. La clave de todo es que entre Tú y Yo no se establece ninguna relación de poder, de sumisión, de represión, de eliminación del otro, de minorización, de cosificación, de deshumanización… Yo conserva sus costumbres, sus aficiones, sus maneras de ser, su lengua, su vocación de autodeterminarse (es decir, de decidir por sí mismo) y Tú lo respeta. A la inversa se produce la misma actuación. Lo maravilloso del proyecto común es que lo que hay en la zona central no es de nadie y es de los dos. Eso sí es un proyecto común o, como tú llamas, proyecto conjunto.

MODELO 2

Aquí tenemos un Tú que ha fagocitado al Yo y que a eso llama proyecto común. No es común. Hay un Yo minorizado, pequeñito. El Tú le dice: ¿de qué te quejas? Estás en mi proyecto común. Y la clave es ese “mi”. Es tuyo pero no es el mío. Porque TU proyecto ha hecho que mi Yo sea cada vez más insignificante. ¿Por qué te piensas que fracasan muchas parejas? Porque que siempre elija uno quizás no forme parte de un auténtico proyecto común, porque que siempre decida uno cómo se administra la economía doméstica quizás no forme parte de un proyecto común, porque que sólo uno tenga derecho a poner cuernos quizás no forme parte de un proyecto común. Por eso, en estas situaciones, la única manera de que Yo y Tú puedan ser Yo y Tú es el modelo 3 que te presento. Y es que, si yo soy tú porque tú eres tú, yo acabo sin ser ni yo, ni tú.

MODELO 3

Es el modelo que yo llamo, siempre podemos continuar siendo amigos, si de esto… te envío un WhatsApp, ya quedaremos… Y es el modelo en el que creo para la relación entre Catalunya y España porque, cuando leo tuits como el tuyo, siempre tengo la sensación de que por más que los catalanes intentemos explicarnos, resulta imposible que el Tú lo entienda. Somos dos mundos diferentes. Ninguno es mejor que el otro, pero estamos en mundos separados por realidades diferentes. No hay sintonía. Hay muchas situaciones que para nosotros son básicas como, por ejemplo, ¿por qué si los catalanes pagamos instituciones como el Congreso no podemos escuchar a políticos catalanes hablar en su lengua materna? Ah, ya… la lengua común. ¿Lo ves? Eso no es un proyecto común. Eso es el modelo 2 y yo no lo firmo. Perdida la esperanza en el modelo 1, sólo me queda el modelo 3.

En resum, Sadalmelik: no et miris tant el melic.