En el Big Bang hubo un español

Estimado, o no:

Las guarderías son un mundo en pequeñito, hecho a imagen y semejanza de los adultos, pero con arcos iris y unicornios rosas en las paredes. Llenamos las guarderías con cajas registradoras de mentira, billetes falsos, camiones a escala, llaves inglesas de plástico y animales con rasgos antropomórficos para que de adultos no se sorprendan de la cantidad de burros con poder que tomarán decisiones por ellos.  Es un mundo curioso el de las guarderías. Y no lo digo por las tazas de WC pequeñitas, las mesas pequeñitas, las sillas pequeñitas y el olor a caca y a Nenuco que agrede cualquier pituitaria sensible. Lo digo por las conductas que ya es posible ver en esos minihumanos con tendencia a perder dientes y ganar estatura. Hay niños y niñas líderes que promueven juegos y coordinan estrategias, tímidos y tímidas, cobardes y valientes, algunos son llorones y otros no se ríen por no molestar… Pero de todos ellos y ellas, hay unos minihumanos en los que destaca su habilidad para generar mal rollo allá por donde van. Me refiero a aquellos que creen que todo es suyo. Suyo es el camión de bomberos, el balón de fútbol, la plancha de un euro, el lápiz rojo, el verde, el azul y hasta el moco pegado debajo de la mesa por Morales, el niño pelirrojo que lleva constipado desde que abandonó el útero materno. No soporto a estos niños y niñas. Y esa vocación por lo ajeno, esa extraña manera de posicionarse en el mundo y ese “coño, quiéreme que soy español” es con lo que menos me puedo relacionar de la piquis panhispánica. ¡Qué cansinos! En serio. ¡Qué agonía vital es tener que compartir nacionalidad con unos tipos que aún no han digerido 1898! ¡122 años han pasado ya! ¡Un poquito de por favor, que decía aquél! Que no, hostias, que seas español no significa que me caigas bien.

Pero vayamos por partes. Dices “gracias a nosotros”. ¿Quiénes sois “vosotros”? Debo entender entonces que no sois “nosotros” y que, por lo tanto, nos consideras un pueblo distinto. Pues nada, gracias. En eso estamos de acuerdo. Después dices que los catalanes somos ricos gracias al comercio con América. Supongo que de la Revolución Industrial no te hablaron mucho en el colegio, ¿no? Me lo temía. Debe ser porque cuando uno se dedica a convertir a Hernán Cortés en el quinto Teletubbie o a meter en la cabeza a los niños españoles que los indígenas americanos aprendieron castellano gracias a la franquicia de academias españolas “Te enseño castellano y me das tu oro”, no hay tiempo para llegar al tema de la industria textil catalana o al desarrollo del transporte ferroviario en suelo catalán. Una lástima. 

Pero lo que más hilaridad me ha provocado de tu aportación al pensamiento universal es lo de “pueblos españoles americanos”. Si es que… Perdón, me voy a reír y ahora vuelvo. Dejo este espacio para que te cagues en mí mientras me río…………………………………………………………………  “Pueblos españoles americanos”. ¡Que no, que te digo que no! ¡Que el camión de bomberos no es tuyo! ¡Es mío! ¡Chincha, chincha! ¡Y también el balón, la plancha, el lápiz rojo, el verde y el azul! ¡Y el moco, también! “Pueblos españoles americanos”. Tu subconsciente es más transparente que la vida laboral del campechano. ¡Todo es vuestro! ¡Sois insaciables! Bueno… es vuestro cuando tiene éxito. Así, que Marc Márquez sea catalán o español dependerá de si gana o no, Catalunya es española para pagar impuestos pero no para que los políticos catalanes puedan hablar en catalán en el Congreso y, no te quejes, que grito “a por ellos” y a por vosotros vamos.

En fin, Serafín, lo que hay que leer en Twitter. Todo es “vuestro”, detrás de los éxitos de la Humanidad siempre hay un español y las primeras palabras que se escucharon en el Big Bang fueron las de un señor con bigote de Palencia que gritó: ¡coño, qué susto!

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