Teoría de la idiotez

Estimado, o no:

No soy sociólogo. Por eso puedes hacer con mi teoría lo que quieras: forrarte los testículos como si fuesen dos huevos Kinder pero sin sorpresa, envolver con ella un bocata de calamares o utilizarla de posavasos para un whisky Dyc. Pero mi teoría es ésta: estoy convencido de que la supervivencia de las sociedades depende de la cantidad de idiotas que pueden asumir sin que se vean abocadas a su extinción. Quizás sea necesario encontrar un nombre a mi teoría para que parezca seria. No sé… “Teoría del contingente de idiotas”… “Teoría de la sostenibilidad de idiotas en toda sociedad inteligente”… “Teoría del ñordo: todo ñordo sumergido en Twitter, desaloja inmediatamente la sabiduría y hace que muera un gatito en Instagram”… Porque lo que está claro es que cualquier sociedad, en cualquier época y en cualquier marco geográfico, ha padecido la acción de esta parte de la población. Por eso se permitió la Inquisición, se quemaron en la hoguera a supuestas brujas o se incluyen instrucciones en las planchas recordando que su superficie metálica se calienta y no es buena idea tocarla. 

No hay que menospreciar el poder destructivo del idiota. Lo recuerda Carlo Maria Cipolla en su cuarta ley de la estupidez humana: los no estúpidos siempre infravaloran el poder dañino de los estúpidos. En concreto, olvidan constantemente que en todos los momentos y lugares y bajo cualquier circunstancia tratar o asociarse con estúpidos siempre suele ser un error costoso”. Por eso, estoy convencido de que sobreviviremos como sociedad si somos capaces de detectar a los estúpidos y de reducir al máximo las posibilidades de que alcancen cierto poder. El quid de la cuestión es encontrar una buena definición de idiota. Podríamos empezar por lo básico: un idiota es alguien que perjudica y se perjudica sin obtener beneficio a cambio, un idiota es el que se cree más listo que los demás, un idiota es el único que desconoce en su entorno que es un idiota… No lo sé… no soy sociólogo. Pero creo en mi teoría porque, de hecho, los libros de Historia están repletos de idiotas tóxicos. Mira Hitler, por ejemplo. Cuando los rusos estaban a pocos kilómetros de su búnquer en Berlín, el tío se casa, se mete en la cama con su mujer, al día siguiente la pareja se suicida y el jardinero los entierra. ¡Vaya mierda de luna de miel! 

En resumen, si hay algo que me genera intranquilidad es ese contingente de idiotas que padecen todas las sociedades. Unos dicen que no hay que hacerles caso, como si cerrando los ojos y cruzando los dedos desapareciese su acción tóxica. Yo no soy de esos. Creo que a los idiotas se les debe dar visibilidad para que, al menos, uno sepa en qué no debe convertirse. 

Prometo fer-te riure si em segueixes a les xarxes socials (fes un click):

 Twitter

 Instagram

Facebook 

youtube