VOXmitar

Estimado: 

Debo decirte que la foto que has colgado en Twitter ha abierto la Caja de Pandora de mi imaginación más malévola. Ha sido como ver “La matanza de Texas” en cámara rápida y con Raphael cantando al revés en modo satánico. nóp-mop-opor ,nóp-mop-opoR .nórruz edlimuh us ne solager neart eL .yer us rev nereiuq sollicrotsap soL .óirbuc evein al euq ellav la atsah ajab néleB a avell euq onimac lE. Efectivamente, es “El Tamborilero” al revés. ¿A que da mal rollo? Quizás no tanto como el original. Pero volviendo al tema que nos ocupa, debo decirte que confío en el proceso digestivo. Lo que entra por la boca, sale siempre por el mismo sitio (bueno, hay cosas que entran por la boca y vuelven a salir por la boca. Los Chupa Chups, por ejemplo. ¿En qué estabas pensando?). Pues sí, la comida ni se crea, ni se destruye, sólo se transforma. Por eso, si mis suegros me sacasen eso como postre, tendría la tentación de confiar en el proceso digestivo natural de todo ser humano. Vamos, que transformar eso en algo que definiera tanto en textura como en olor mi relación con los suegros sería una performance lógica. Quizás hasta tuviera la tentación al día siguiente de hacerle una foto para que vieran en qué se ha transformado su bandera. 

De todas maneras, me cuesta entender el porqué de semejante evento gastropatriótico. ¿No sería una especie de acto de canibalismo para ellos? ¿Qué sentirían sabiendo que el turrón rojigualda entra en su organismo; se transforma en bolo alimenticio; pasa por el esófago; llega al estómago, donde se le añade ácido estomacal y enzimas digestivas; entra en el intestino delgado; intervienen después el páncreas y el hígado para pasar al intestino grueso, y que así se forme un buen ñordo, nunca mejor dicho? ¿Qué fantasía sexual se satisface ingiriendo ese turrón que, como destino final, tiene el hecho de recorrer el sistema de cloacas? No lo sé. En el apartado de parafilias del libro de ciencias naturales me pierdo. 

No sé si he respondido a la pregunta con acierto. Eso sí, hago un llamamiento a los sufridos yernos que deban reaccionar durante las cenas familiares de estos días a este acto de chorrada turronera. Calma. Mucha calma. Coged el turrón de chocolate, masticadlo lentamente y, cuando todo el mundo esté esperando que alarguéis el brazo para probar “eso” agradeced en voz alta que la familia os haya acogido aunque antes os llamaseis Isabel y ahora respondáis al nombre de Jordi, seáis independentistas, de izquierdas, con abuelos nacidos en Gambia, padres que vinieron en patera de Marruecos, seáis musulmanes y Santiago Abascal os parezca un gilipollas inculto que ha encontrado en la política un lugar en el que destacar porque en el mundo laboral haya sido un mediocre sin oficio, aunque con mucho beneficio. Y cuando hayáis acabado de decir esto, probad el turrón de chocolate negro y abrid mucho la boca para que vuestros dientes negros den mucho asquito. Acabad con un “uf… he comido mucho. Creo que voy a VOXmitar”.

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