¿Por qué protestar cuando con la paella de los jueves ya somos felices? @CatalanadeSant1

Estimada, o no:

En primer lugar, déjame que te felicite por resolver con tanta resiliencia tus disonancias cognitivas. Decir que te repatean las banderas y que al mismo tiempo tu nombre en Twitter se refiera de una manera tan rotunda a tu doble origen me deja asombrado, admirado, pasmado, extrañado, fascinado, maravillado, impresionado, desconcertado, conmovido, sobrecogido y estupefacto (lo sé, quizás no eran necesarios tantos sinónimos pero como has afirmado que escribo como un crío, me he permitido el detalle de adornar mi texto con un cierto despliegue de léxico, glosario, terminología, palabras…). Y es que, insinuar que a la altura estratosférica de tu ego no llegan temas como los nacionalismos y posicionarte en Twitter como “catalana de Santander” es comparable a que el VISAbuelo aparezca en la próxima campaña de la Declaración de la Renta. Poco creíble, ¿no?

En segundo lugar, permíteme que desde la modestia de mi edad infantil (hoy he hecho un alto en mis deberes de caligrafía para escribirte) haga una modesta reflexión en mi poco leído blog de 8,5 millones de lecturas realizadas por bots que he comprado en Amazon. Mi reflexión de hoy se titula: ¿por qué protestar cuando con la paella de los jueves ya somos felices? A lo que me podrías responder con una pregunta: ¿y si la paella es congelada? Si lo hicieses, me quedaría asombrado, admirado, pasmado, extrañado, fascinado, maravillado, impresionado, desconcertado, conmovido, sobrecogido y estupefacto. Porque, ciertamente, sería un motivo de protesta, desaprobación, disgusto, disconformidad, queja, petición, demanda, reproche, crítica, condena, acusación, descontento, abucheo, rechifla y pita. 

Llevo diez años escribiendo un blog en el que protesto. ¿Contra qué? Suelen ser palabras que acaban en fobia: catalanofobia, independefobia, xenofobia, homofobia, aprorofobia… Podrías resumirlas en la palabra intolerancia. Bueno, también están los vocablos intransigencia, fanatismo, terquedad, obcecación, obstinación, tozudez, condescendencia, extremismo, fanatismo, indulgencia, intemperancia, intransigencia, sectarismo o severidad (no te preocupes. Dejo ya lo de los sinónimos). Lo que te decía, he alcanzado ya la edad en la que, cuando uno acaba la educación infantil y tiene que aceptar el reto de la educación primaria, se deben tomar decisiones. Por ejemplo, más allá de mi bienestar y el de mi familia, ¿hay algo por lo que valga la pena luchar, o al menos protestar, o con la paella de los jueves ya soy feliz? Es una pregunta que quizás una vez en la vida sea oportuno hacerse. Y sin tener ninguna intención de realizar comparaciones, lo cierto es que Rosa Parks, cuando se negó a ceder un asiento a un blanco en un autobús de Montgomery, se debió hacer una pregunta parecida. ¿Protesto o me quedo callada? ¿Protesto o me conformo con lo que las circunstancias me han dado? ¿El silencio es un modo de rendición?

En estos últimos años he visto en Catalunya a personas de todas las edades y condición social protestar en las calles, en los medios de comunicación o en las redes sociales. Algunas han sufrido en su cuerpo la violencia de un sistema que busca perpetuarse. Han experimentado también el menosprecio de aquellos que se erigen como policía moral de qué causas son justas y cuáles no lo son (que, casualmente, son aquellos que tienen lo que quieren sin contar con más obligación que respirar y que, en consecuencia, miran el mundo con perplejidad porque ellos con la paella de los jueves ya son felices y no entienden que otras personas no lo sean). Por eso, “catalana de Santander” a la que repatean las banderas pero defiende con su equidistancia un sistema injusto, permíteme que te diga que posiciones cómodas como la tuya son las que me mantienen con más fuerza en mis convicciones (que no son las tuyas, pero son mías, que ya es algo). 

Quizás no nacimos para ser héroes como Rosa Parks, Martin Luther King, Gandhi, Malala Yousafzai o Emmeline Pankhurst. Quizás la Historia (escrita con mayúscula) se olvide de nosotros. Quizás en nuestras retinas haya cicatrices de ver tantos sueños que han acabado en la cuneta o en el museo de oportunidades perdidas. Quizás escribo en plural porque no me siento solo. Quizás sea utópico pensar que hay maneras de relacionarse con el mundo que van más allá de la autocomplacencia y el sálvese quien pueda. En todo caso, aquí te dejo unos recortes de prensa para que compruebes que la paella de los jueves es una causa menor en comparación a otras. Y si sabes cómo cambiar esta situación sin apelar a un cierto sentido de comunidad, házmelo saber, por favor. Por cierto, lo de la “mierda de estrella cubana” es pura xenofobia. Asume este año: 1898.

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