Ventajas de pertenecer a un Estado que no te odia

Estimada, o no:

Te escribo para pedirte asesoramiento. Veo que entre las 10.000 películas que tiene FILMIN en catálogo, has conseguido encontrar una que no está doblada en castellano pero sí está doblada en catalán. Has olvidado mencionar el hecho de que Holiday (título en inglés para una película danesa, por cierto) se puede ver en versión original con subtítulos en esa lengua que algunos utilizan para decir “estamos en España, háblame en español”. Sin embargo, teniendo en cuenta que este país de fandanguillos y alegría se construye en base a la amnesia selectiva, te admiraré por encontrar cosas difíciles más que por tu memoria. Uno debe acostumbrarse a las rarezas de los vecinos, siempre que éstas no consistan en expoliar 16.000 millones de euros anuales o reventar cabezas por querer votar, claro. En todo caso, te he dicho que te escribo para pedirte asesoramiento. No todo el mundo tiene esa capacidad para encontrar una paja en el agujar (sé que es al revés pero he tenido un fallo freudiano. Estaba pensando en la relación entre Corinna y el campechano). 

Y es que yo pierdo cosas: calcetines en la lavadora, paraguas en el autobús, el derecho a voto en Catalunya, presidentes que he votado y son inhabilitados… Y yo me pregunto si me podrías ayudar a encontrar todo lo que he perdido (la virginidad no es necesario, también te lo digo). Por ejemplo, soy incapaz de encontrar una revista de cine o de informática en catalán. He mirado en muchos quioscos y no hay manera. También me cuesta encontrar películas rodadas originalmente en catalán y emitidas en versión original en esa televisión que pagamos entre todos y que se hace llamar Televisión Española porque supongo que defiende toda la cultura española. No encuentro a políticos catalanes que hablen en catalán en la tribuna del Congreso durante un minuto sin que el presidente o presidenta de turno les interrumpa y a los señorones o señoronas de la una, una, una, una, una, grande y libre se les erice el vello púbico como si hubiesen visto al mono del anís ligando en Tinder con Mister Proper. Si ves en Filmin la película de semejante relación, avísame. Aunque sólo esté doblada en catalán. Bueno, sobre todo, si sólo está doblada en catalán.

Aún admirando tu capacidad para la criminología lingüística, capaz de encontrar tiempo para denunciar el cadáver de un film no doblado al castellano pero sí al catalán, como si fuese un jugador muerto en el Among us, debo advertirte que ver una película en versión original danesa con subtítulos en castellano no provoca ictus. A no ser, claro, que decidas ver la película boca abajo, colgada de los pies en modo Mussolini e ingiriendo litros de café bien cargado durante los 93 minutos que dura el largometraje. En ese caso, sí es posible tener alguna complicación cerebral. No sé si afecta tanto a la vida diaria como la catalanofobia, pero sí que es posible que después de tantos cafés te atrevas a invadir Gibraltar al grito de “Gibraltar español, cabrones”. Por cierto, ¿sabes que el danés tiene la mitad de hablantes que el catalán pero los daneses no tienen que soportar que alguien se queje porque las películas que ellos ven no están dobladas al castellano? Ventajas de pertenecer a un Estado que no les odia, a pesar de que con las galletas danesas se podrían asfaltar carreteras. Jeg siger det med kærlighed.

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