Carta a Bruno Bimbi

Estimado, o no, Bimbi:

Prometo no hacer broma con tu apellido por mi respeto a las rebanadas de pan de molde. Sin embargo, me veo en la obligación de bloguero que ha decidido tomárselo todo a cachondeo, de responderte en esta tarde de domingo en modo confinamiento perimetral para que los seguidores de este blog dejen de ver Netflix un ratito. Ya sé que es muy extraño enviar una carta a un tipo autoelegido como semidios protector de una lengua de 500 millones de hablantes, que se encuentra en peligro de extinción por culpa de los catalanes que quieren hablar en catalán en Catalunya; un tipo que ha cruzado el Atlántico para trabajar en Catalunya y cagarse en sus ciudadanos y sus instituciones; un tipo, en definitiva, que nos dicta lecciones de cómo vivir en nuestra propia tierra. Pero yo, como mortal catalán que se encuentra en el último nivel de la cadena alimenticia en el imaginario supremacista panhispánico, disfruto dando respuesta a tipos como tú. Y es que uno empieza a estar harto de castellanos acomplejados o latinoamericanos desmemoriados que olvidan lo más básico: cuando uno decide vivir en otras culturas, lo principal es el respeto. ¿No entiendes el catalán? Pues mira, chico, si quieres trabajar en Catalunya, lo deberías entender. Porque exactamente lo mismo te pedirían en Francia, en Gran Bretaña, en Alemania, en Finlandia o en cualquier país del mundo mundial. Incluso, si te vas a vivir con los delfines, estos te pedirán que entiendas su lenguaje. Son más inteligentes de lo que piensas y con darles un pescado de vez en cuando no basta.  Tú no entiendes el catalán, a pesar de vivir en Catalunya, ser una lengua románica como el castellano, tener Twitter un botón de traducción automática y ser Doctor en Letras y Estudios del Lenguaje. Oye, majete, pues tienes un problema. Y es que yo no sé japonés. Pero, sobre todo, lo que no hago es irme a Japón a tocarles a los japoneses el sushi. No sé si me entiendes. Porque si yo decidiera irme a Japón a vivir, lo primero que haría sería… comer sushi (me encanta). Lo segundo sería aprender japonés. Y lo tercero, no demonizar sus instituciones, su cultura o sus ciudadanos. Respeto.

Yo no sé de dónde sacas ese concepto de “como hablo en castellano y los catalanes también, ellos deben renunciar a hablar en su lengua para que yo les entienda”. A ti hay algo que en esta vida no te han acabado de explicar bien y es la diferencia entre derecho y obligación. Tú en Catalunya no tienes más derecho a hablar en castellano del que tenemos los catalanes a hablar en catalán. ¿Eso tan básico lo entiendes? Y si los catalanes cambiamos de idioma para que nos entiendas, no es por obligación. Es una deferencia. El problema se genera cuando se pretenden establecer derechos de conquista, credenciales de posesión o supremacismos panhispánicos aderezados con un nulo sentido del ridículo. Ya basta, Bimbi. Ya basta. Yo jamás iré a tu casa a criticar tu pésimo gusto con las cortinas. Si me acoges en tu casa, respetaré todo. Y si eres fan de Bertín Osborne, aguantaré estoicamente tu selección musical. Por eso, majete, no insultes a los latinoamericanos insinuando que no pueden aprender catalán y no vengas a Catalunya en modo pirómano. Porque tipos como tú, especialistas en generar conflictos donde no los hay, tenemos demasiados. Nos sobran. Y no, no es xenofobia. Es dignidad. La misma que tendrías tú si me cagara en tus cortinas. 

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