Chapuza

Voy a hacer un ejercicio de adopción de personalidades ajenas. Voy a imaginar que soy un muy español y mucho español, adorador de reyes, fan del Ejército, que tiene sueños rojigualdas, amante de la “unidaz” de España, que encuentra guapo a Abascal, que cree que Pérez Reverte es un buen escritor, deseoso de saber qué opina Belén Esteban sobre cualquier tema, que cree que los toros van al cielo cuando mueren a manos de un torero y que ha escuchado toda la discografía de Bertín Osborne sin padecer un ictus. ¿Es difícil imaginar que exista alguien así? Yo no estaría tan seguro. En todo caso, voy a imaginar qué siente un tipo así cuando hace un año vio estamparse a un paracaidista contra una farola y hoy asiste a un espectáculo de daltonismo patriota y de misteriosas desapariciones de letras. Voy a imaginarme que ese tipo tiene en muy alta estima cómo se hacen las cosas en su país y que por eso es muy español y mucho español. Voy a imaginarme, además, que ese tipo es perfeccionista, que le gusta que la gente trabaje bien, que entiende la calidad como algo obligatorio en cualquier actividad. Voy a imaginarme que desea que su país sea respetado y reconocido internacionalmente. Que lo de la gastronomía, las playas, Picasso y Velázquez está muy bien pero que, además, quiere que España sea un estado reconocido por su modernidad y por su vocación de perfección. Pues bien, no me lo puedo imaginar. Y no me lo imagino porque veo difícil sentirse orgulloso de la chapuza y más, cuando esconde un nacionalismo casposo difícil de digerir. Porque a todos nos salen mal las cosas de vez en cuando. Planificamos algo mal, no tenemos en cuenta algún factor externo, pecamos de precipitación… pero es que estamos hablando del lugar en el que se gastan millones en submarinos que no flotan, hay aeropuertos sin aviones y rotondas que cuestan un pastón, se compran tests PCR falsos, se abren líneas de AVE altamente deficitarias, se ponen por encima de una pandemia los intereses electorales y hay adoradores de reyes que se largan por patas a lugares lejanos. Que no, que no es una anécdota, que este país necesita una revisión a fondo y que muchos no nos queremos sentir partícipes de sus chapuzas. Y mira, si te pica, te rascas. Pero es que me da vergüenza salir al extranjero y decir que vengo del lugar en el que suceden estas y otras cosas. Que no. Que ya basta. Que menos banderitas y más hacer bien las cosas. 

12 de “Ocubre”

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