Eyaculación lingüística

Estimado, o no:

Lo admito: escribir en Twitter no es fácil. Requiere una serie de procesos mentales que para algunas personas convierten la tarea en titánica. Es más fácil la extracción de mocos nasales, el riego de un geranio o leer la obra literaria del rey emirato. Pero escribir en Twitter… uy, escribir en Twitter, ¡qué odisea! Para empezar, el españolito patriota debe encontrar su móvil. ¿Dónde lo dejó la última vez que lo utilizó para ver el gol anulado por el VAR en contra del Madrid? ¿Debajo de la cartilla del INEM? ¿Al lado del carnet de Ciudadanos que ahora hace las funciones de extractor de mugre para las uñas? ¿Se quedó en el lavabo para amenizar la última evacuación intestinal a la salud de los enemigos de España? No es fácil encontrar el móvil si tienes aún en la mente los gritos irracionales de Arrimadas. 

Después es necesario que te crees una cuenta en Twitter, aunque antes es imprescindible saber diferenciarlo de Tinder, si no quieres que un señor de Murcia con bigote que se hace llamar Faustina (él, no el bigote), te tire la caña. 

Una vez tienes creada la cuenta, hay que escribir una biografía. ¿Qué hacer si descubres entonces que tu biografía no es precisamente un best seller? Lo más fácil es ponerse banderas. Cuantas más banderas, mejor. Que parezca la entrada a un camping. Se barajan entonces dos posibilidades:

  1. Que alguien llegue a creer que eres un ciudadano de mundo o
  2. Que eres Sheldon Cooper de Big bang theory con su sección “Fun with flags”.

Está bien, ya tienes tus banderas. ¿Y ahora? Lees. Lees los tuits de otros usuarios. Y quizás llegue ese momento en el que creas que debes decir algo, en el que estés convencido de que en el mundo falta tu aportación al pensamiento universal, en el que escuches los gritos de tus seguidores demandando que reveles algo que mejore el destino de los 7.500 millones de personas que habitamos el planeta Tierra. Y decides escribir el tuit. Es aquí cuando la neurociencia te hablará de los hemisferios cerebrales, de las sinapsis y de ese maravilloso órgano que a veces necesita ibuprofeno. Es un momento espectacular: el españolito patriota de las banderas, que hace unos minutos ha visto que en el gol anulado en contra del Madrid no había fuera de juego, ahora tiene una idea. ¡Una idea! Momento de placer. Y claro, como tienes el móvil en tus manos, las manchas del aceite del bocata de chorizo que te estás comiendo aún te permiten ver la pantalla y tu cuerpo de españolito patriota con banderas te pide una brillante aportación a la filosofía occidental, escribes un tuit. Pero, alto ahí.  Stop it. No es fácil. Debes encontrar las letras; unirlas a otras letras para formar palabras; saber si ahí va una b o una v; lanzar al azar una de las cuatro maneras de escribir porqué, por que, por qué o porque; intuir que, aunque suene menos que un orgasmo de Bob Esponja bajo el agua, esa palabra empieza por hache y, sobre todo, construir una frase con cierto sentido, que informe, que comunique. Pues no es una tarea sencilla. Y es que, si a pesar de todo, el cerebro es capaz de solucionar estos problemas, aún queda la parte más difícil. Los dedos deben teclear esas letras. Y en ocasiones el viaje entre el cerebro y los dedos resulta más complicado que los certificados de paternidad de las familias reales españolas. Que sí, que el españolito patriota sabe que su tuit está ahí, escrito en algún grupo de neuronas que ese día se han despertado creativas. Pero después hay que decir a los dedos lo que deben hacer. Y pasa lo que pasa: que las palabras salen eyaculadas, como soldaditos en busca de un óvulo, atropelladas, empujándose, en un caos de incierto resultado.

Y es en este momento cuando tu tuit requiere un cierto análisis: “la monarquía va a seguir y vais a seguir en españa, asi que no teneis mucho futuro vosotros”. Más allá de valorar el acierto de que hayas escrito el nombre de tu país con minúscula (que es lo máximo que merece), creo que has tenido ese momento de eyaculación lingüística que comentaba en el párrafo anterior. Y es que, amiguito del “Fun with flags”, lo que has admitido es que los catalanes en España es evidente que no tenemos futuro. Por lo tanto, o el proyecto de tu país es tan atractivo como una pizza de croquetas de asfalto o es que, efectivamente, este país de rotondas y Mercadonas somete a Catalunya a una situación social, cultural, política y económica insostenible. Por lo tanto, cuando tengas la tentación de escribir un tuit te aconsejo algo: no lo hagas. Escríbelo antes en un papel. Haz un esquema, un borrador, asesórate pidiendo ayuda a alguien que haya acabado la ESO y, si aún así decides dedicarte a la escritura creativa, limpia la pantalla del móvil para que los restos de chorizo te dejen ver bien y escribe. No es garantía de que logres tus objetivos pero tampoco tu país es un modelo de éxito precisamente.