Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra

Estimado, o no:

Los seguidores más veteranos de este blog saben que, aunque los artículos sean formalmente cartas que dirijo a unos inadaptados emocionales, en realidad es un recurso narrativo que empleo para dotar de originalidad los textos y, al mismo tiempo, jugar con cierta ironía y un lenguaje coloquial. Por este motivo, no creas que lo que pretendo es que cambies de opinión. Yo no evangelizo a nadie, no soy la voz de nadie, pero sí que me preocupan marcos mentales como el tuyo porque creo que generan situaciones especialmente tóxicas que son un veneno para la convivencia.

Si llegas a leer esa carta, es muy probable que no cambies de opinión. El lavado de cerebro del nacionalismo español es profundo, lleva siglos impregnando conductas y lecturas de la Historia distorsionadas. Tanto, que sobrepasan el ridículo, como es el caso que nos ocupa porque, ¿me quieres explicar en condición de qué o con quién has empatado en esta vida terrenal para, en primer lugar, hablar en plural mayestático sobre hechos que protagonizaron personas que vivieron en el siglo XVI y, además, otorgarte el privilegio de conceder derechos a otros seres humanos? ¿Quién te crees que eres? ¿Abraham Lincoln con botijo? ¿Los padres de la Constitución americana con pandereta? ¿La Declaración Universal de los Derechos Humanos con traje de flamenca? Es increíble. Cuanto más entro en la psiquis de los nacionalistas españoles, más se amplía mi capacidad para la sorpresa. ¡Los habitantes de esta tierra que es Catalunya, llevan más de 300 años compartiendo vecindad con unos empanados mentales de la hostia! Te lo juro, me debería tomar toda la metanfetamina de Breaking Bad para hablar en plural mayestático de los que lucharon contra las tropas de Felipe V en 1714. Si alguna vez digo que una bala me pasó rozando cuando caminaba al lado de Rafael Casanova y Antoni de Villarroel, hazme un sombrero con papel de aluminio. En serio. Tienes mi permiso. 

¿Me hablas de derechos humanos en el siglo XVI? ¿De verdad? ¿Tienes los santos testículos de hablarme de derechos humanos en el siglo XVI? ¿Pero qué historia te han explicado en el colegio? ¿La de las muñecas chochonas y los perros piloto? Exceptuando los anecdóticos casos de Ciro el Grande y del rey de Inglaterra en 1215, no se explicitan los derechos humanos hasta la Declaración de Independencia de Estados Unidos de 1776, cuando se incluye el concepto de los derechos naturales y recoge que todos los seres humanos son iguales y tienen derechos inalienables como el derecho a la vida y a la libertad. ¿Te suena la Revolución Francesa, Martin Luther King o la ONU? ¿Te suena la lucha feminista o la del colectivo LGTBI? ¿Te suena la lucha de los pueblos por el derecho a la autodeterminación? La lucha por los derechos humanos sigue muy vigente y no le debe ABSOLUTAMENTE NADA a los colonizadores de cualquier país. NADA. Ni a los Países Bajos, ni a Francia, ni a Reino Unido, ni al mierdoso imperio español que tanto daño hizo y sigue haciendo. Ojalá la gota le hubiera afectado en los testículos a Felipe II desde la adolescencia, para que estuviera más ocupado en rascarse los huevos que en invadir territorios. ¡Sobrevalorada mierda que es el puto imperio español!

A Hernán Cortés los derechos de los indígenas le importaban mucho menos que un grano en el culo. Al putero y mal nacido de Hernán Cortés le daba igual todo. Se follaba todo lo que tuviera piernas y fue un genocida sin ningún tipo de conciencia moral. ¡Si hasta asesinó a su propia esposa! “Hechos grietas, desgarrados quedaron sus cuerpos. Todas las entrañas cayeron por tierra. Y había algunos que aún en vano corrían: iban arrastrando los intestinos y parecían enredarse los pies en ellos. Anhelosos de ponerse a salvo, no hallaban a dónde dirigirse”. El relato corresponde a la matanza del Templo Mayor en la fiesta Tóxcatl acometida por el ejército español y los tlaxcaltecas en contra de los pobladores de Cholula en mayo de 1520. Se explica en los códices recuperados en la obra “Visión de los vencidos”, de Miguel León-Portilla. Hay estudios rigurosos que aseguran que la conquista del imperio azteca de Hernán Cortés supuso la muerte del 80 al 90 por ciento de los indígenas de Mesoamérica. Eso es lo que celebráis el 12 de octubre. No celebráis que Colón no tuviera GPS. Los catalanes celebramos que el psicópata de Felipe V no acabó ni con la lengua, ni con la cultura catalana, ni con las ansias atávicas de autogobierno. Vosotros celebráis un genocidio. Punto. Los indígenas tenían su lengua, su cultura y su religión. Tenían palacios, acueductos, pirámides y templos. Tenían ciudades-estado y organización política. Tenían un sistema judicial. Tenían una población en 1521 de 7 millones de personas. Y llegaron los conquistadores y arrasaron con todo. Como dijo Eduardo Galeano: “Vinieron. Ellos tenían la Biblia y nosotros teníamos la tierra. Y nos dijeron: “Cierren los ojos y recen”. Y cuando abrimos los ojos, ellos tenían la tierra y nosotros teníamos la Biblia”.

P.D. Benvolguts/des lectors/es: ho sé, m’he deixat anar. Això sembla un espectacle del meu admirat Pepe Rubianes. No deixeu llegir aquest article als nens. Això sí: puto sobrevalorat imperi espanyol dels pebrots!

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