La gauche du vin

Estimada, o no:

Llevo tiempo leyendo tus tuits y hacía tiempo que quería dedicarte un espacio en mi blog. Como hoy es mi cumpleaños y me siento especialmente sensible con el factor generacional, me permito hacerme este regalo. Dice Douglas Coupland en su magnífico libro Generación X que la solidaridad generacional es la “necesidad que tiene una generación de detectar defectos en la siguiente con objeto de reforzar el propio ego colectivo”. Yo no quiero realizar un cierto proceso a la inversa pero la historia de este país nos dice que la generación anterior a la mía dejó morir a Franco en la cama, con más cables que una central telefónica, pero sin que los fascistas pagaran por sus crímenes, y que ahora calla en muchos casos cuando ve que España es todavía un territorio de fosas comunes y amnesia selectiva. Por lo tanto, Maruja, me permito el regalo de cumpleaños de decirte que quizás las lecciones de personajes como tú deberían administrarse un poco. Al fin y al cabo, también fuisteis los que nos dejásteis la herencia envenenada de una Constitución más que mediocre que, simplemente, no votamos. Cosas de la edad. 

En segundo lugar, y como adulto que me considero de izquierdas, permíteme también que te diga la enorme decepción que me ha provocado la que yo llamo “gauche du vin”. Porque, a la hora de la verdad, ni gauche, ni mucho menos divine. Lo único que queda es el aroma del vino de Bocaccio, cuando pensábais que erais más progresistas y más radicales de lo que el siglo XXI ha acabado demostrando. Como dice Ismael Serrano: bajo los adoquines no había arena de playa. Bajo los adoquines está el yate de Felipe González o la complicidad de Serrat o Cercas con el capitalismo castizo.

Respecto al nacionalismo, ¿qué quieres que te diga? Vivimos en un país en el que cada 12 de octubre desfilan militares con centenares de banderas españolas, una cabra disfrazada y paracaidistas con querencia por las farolas por culpa de símbolos patrios excesivamente grandes. Vivimos en un país en el que hay civiles que juran bandera, con enormes dosis de chauvinismo y una doble moral que ríete del Doctor Jekyll y Mister Hyde. Porque lo de los lácteos de los desayunos de los holandeses, ¿es porque ahora te ha salido la vocación de Chicote o porque eres más nacionalista que el bigote de Aznar? 

Sé que lo que te voy a decir no te gustará pero no todos los nacionalismos son iguales. No es lo mismo el nacionalismo de un Estado ya reconocido que el de una nación sin Estado; no es lo mismo el nacionalismo que conquista territorios que el que pretende independizarse de un Estado que, por ejemplo, le somete a expolio fiscal y no es lo mismo el nacionalismo de las naciones opresoras que el de las oprimidas. Y es que cada vez que se habla de nacionalismo, deberíamos especificar a cuál de ellos nos referimos. Porque, si te refieres al nacionalismo con obsesión por conquistar territorios y personas (como lo que hizo en el siglo XVI este país de rotondas horteras y reyes emiratos) o al nacionalismo opresor que impide hablar en la tribuna del Congreso en catalán, en euskera o en gallego, pues sí, estamos de acuerdo: ese nacionalismo nace en el fondo de la idea de que el otro es peor. Pero si te refieres al nacionalismo de las naciones sin Estado, de los pueblos que luchan pacífica y democráticamente por tener plena soberanía, por adquirir derechos y libertades y por conseguir ser un auténtico sujeto político, que pueda VOTAR sin que nadie grite “a por ellos”, pues ya no estamos tan de acuerdo, Maruja. 

En resumen, cansas. Cansas mucho. Cansa que quieras ser la catalana buena que se porta bien con ese capitalismo castizo que he comentado. Cansáis. Cansáis los catalanes que os queréis hacer perdonar por la villa y corte por el hecho de ser catalanes. Cansa que busquéis que en cualquier cena en un restaurante de Recoletos o de Embajadores alguien os diga esa famosa frase de “no pareces catalán”. Cansa, Maruja. Agota. Además, creo que has perdido el derecho generacional a criticar a las generaciones que hemos venido después y que queremos otro futuro. Porque hay nacionalismos que, en el fondo, nacen de la idea de que el presente es peor de lo que podría ser el futuro en otras condiciones, con otro modelo de Estado y con otras mentalidades menos castradoras. Y eso sí que es divine. 

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