Quiero hablar de la estupidez

Estimado, o no, autor de esta muestra de arte urbano:

Me encanta el arte urbano cuando es bueno. Banksy, Above, Miss Van, JR, Conor Harrington, D*Face o BTOY deberían tener un lugar en museos como el MOMA o la TATE Modern. Sin embargo, sería una manera de entrar en el sistema y desvirtuar su valor. 

Dicen que el futuro del mundo, nos guste o no, pasa por las ciudades. Cada vez más, los humanos nos juntamos en espacios que crecen en vertical y las expresiones urbanas adquieren mayor importancia. ¿Triste? Seguramente, porque la voz de la vida rural debería tener también su espacio, deberíamos reivindicar la naturaleza y formas de vida más conectadas con nuestros orígenes. Pero esta carta no pretende hablar de las ciudades y tampoco del arte urbano (por cierto, se escribe AUTOPSIA). Quiero hablar de la estupidez.

Vivimos en lo que se ha llamado postmodernidad (aunque como ya hace un tiempo que se acuñó el término, quizás ya estemos en la post-postmodernidad). ¿Y en qué se basa, te estarás preguntando con el pincel aún fresco en la mano, mientras te rascas la cabeza con la otra intentando saber si deberías haber escrito OTOPISTA? La postmodernidad se puede resumir en cuatro grandes conceptos:

  • Los textos ya no son un dogma. Que estén escritos en papel, no significa que el autor tenga razón, ni que estén despojados de prejuicios. 
  • El lenguaje construye realidades y moldea nuestro pensamiento. ¿Por qué crees que los políticos unionistas se empeñaron en decir que el 1 de octubre en Catalunya fue un golpe de Estado?
  • Es antidualista. Pluralismo, diversidad, globalización. El mundo no es binario, ni en el origen, ni en el color de la piel, ni siquiera en el género.
  • La verdad no es algo universal, inmutable y categórico. Hay muchas verdades, cada una con su perspectiva, su contexto. La verdad es aquello que nos parece a nosotros.

Tu verdad es decir que la COVID es mentira y que no se hacen autopsias. Es TU verdad. Pero aunque quizás no exista LA verdad, lo cierto es que hay verdades y verdades. Yo, de todas maneras, prefiero creer a los científicos que a un tipo anónimo que escribe “Atopsia”. Llámame, imprudente. Pero tú no eres el problema. El problema es el terraplanismo como actitud vital, la estupidez y que nos sobrevaloremos tanto. 

Ya he mencionado antes en este blog lo que es el efecto Dunning-Kruger. En resumen, es un sesgo cognitivo según el cual los estúpidos sufren de un sentimiento de superioridad ilusorio. Los estúpidos se consideran más inteligentes que otras personas más preparadas y miden incorrectamente su capacidad para entender determinadas cuestiones por encima de lo real. ¿Cómo se evita este efecto que lo único que provoca es que se caiga en el ridículo? Humildad. Sabiendo que todos somos ignorantes en muchas áreas y que aplicar un cierto margen de confianza hacia las otras personas nos puede hacer un poco más felices. Confiamos en el piloto del avión en el que nos subimos. No le conocemos pero esperamos que sepa pilotarlo. Confiamos en el médico que nos va a hacer una vasectomía (y eso que el tema es delicado). Confiamos en que nuestra pareja no nos será infiel. Confiamos en que nuestros hijos no nos robarán. Confiamos en el poder curativo del ibuprofeno pero no tenemos ni idea realmente de qué es (al menos, yo). Confiamos en que mañana saldrá el sol. Confiamos en un millón de cosas sin pararnos a pensar que la confianza nos mantiene vivos. ¿Por qué no confiar en los científicos? ¿Por qué confiar más en Miguel Bosé que en una persona que ha investigado y que ha acumulado prestigio científico? ¿Por qué confiar en los demagogos o en los mentirosos patológicos?

La estupidez es dañina. Pero la estupidez no es un destino. La estupidez es el resultado de un proceso de elección diario. Y no siempre tiene que ver con la formación. Se puede escribir “atopsia” y no caer en la estupidez. No es estúpido el que no sabe y quiere saber. Es estúpido el que cree saber, sin saber. Por eso, como sociedad, debemos preguntarnos si queremos pertenecer al grupo de ignorantes que quieren saber o de estúpidos que creen saber. Y sobre todo, debemos evitar el estúpido acto de conceder demasiado poder a los segundos. 

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