Menos humos

humos

Estimada, o no:

No voy a hacer una lista de las cosas que me molestan porque sería muy larga. Sin embargo, a continuación detallaré tres cosas que me molestan:

  • El olor a pies.
  • El olor de la marihuana y del hachís.
  • El humo del tabaco.

A veces se dan a la vez (mezclados con otros olores que no detallaré). Sí, lo siento, me molesta el humo del tabaco. Me molesta que fumen a mi lado y, como me molesta que fumen a mi lado, no tiendo a aproximarme a alguien que esté fumando. Es cierto que, entonces, pongo mi balanza de necesidades a funcionar. ¿Qué pesa más, mi aversión al tabaco o mis ganas de hablar con esa persona? A veces el equilibrio es casi exacto y me cuesta decidirme. En otras ocasiones, el lado de la aversión al humo se hunde por su propio peso. Suele ser cuando la persona que emite humo me importa de poco a muy poco. En esos casos, es lógico que no intente acercarme (tampoco soy un amargadito de la vida que busca el conflicto diario). Entonces me aplico cierta distancia social que me hace muy feliz. Y dejo la niebla a lo lejos como si despegara de Heathrow.

Sin embargo, hay otras ocasiones en las que este individuo llamado Àlex Ribes, con algún que otro derecho en base a su ADN humano, se halla tranquilamente sentado en la terraza de un bar, en la playa o en la piscina y un fumador que cree que su humo es de obligada respiración, e invisibilizando a su entorno, decide llenar el ambiente de nicotina, ácido cianhídrico, formaldehído, plomo, arsénico, amoniaco, benceno, monóxido de carbono, nitrosaminas e hidrocarburos aromáticos policíclicos. Y me molesta. Me genera rechazo. No lo soporto. Entonces pienso: vale, de acuerdo, vivimos en sociedad, compartimos un espacio público, la ley no prohibe fumar en espacios públicos al aire libre (excepto en parques infantiles, proximidad de hospitales, etc.), sé que vivir en sociedad limita algunas libertades (aunque también genera algún que otro beneficio) pero, ¿donde está escrito que yo, que lo único que quiero es que me dejen un poco tranquilo, tenga que respirar nicotina, ácido cianhídrico, formaldehído, plomo, arsénico, amoniaco, benceno, monóxido de carbono, nitrosaminas e hidrocarburos aromáticos policíclicos? ¿Por qué? ¿En base a qué pertenencia a la tribu debo someterme a la supuesta libertad que tiene un tipo de molestar a los demás?

La idea aquí sería: negociemos los espacios públicos, pactemos y que la ley recoja el resultado de esas negociaciones, teniendo en cuenta la salud colectiva, las limitaciones del entorno y los derechos y obligaciones de todos. Me explico: yo por la calle puedo decidir alejarme de una persona que fuma pero sentado en la terraza de un bar estoy anclado en mi silla. Y como tengo este extraño vicio de llenar mis pulmones de oxígeno (cosas de ser un humano), o me fastidio respirando nicotina, ácido cianhídrico, formaldehído, plomo, arsénico, amoniaco, benceno, monóxido de carbono, nitrosaminas e hidrocarburos aromáticos policíclicos o, según tu concepción del espacio público, debo irme a una isla desierta porque, al parecer, los fumadores pertenecéis a una casta elevada espiritual y moralmente, un estrato social dotado de derechos y de ninguna consideración por los demás, algo así como semidioses que huelen a cenicero.

Creo en la libertad. Por supuesto. No tengo nada en contra de los alcohólicos o de los drogadictos, siempre y cuando su hábito no destroce vidas ajenas (lo que suele ser bastante inusual). No me parece ni bien ni mal que un tipo decida beberse hasta la colonia. Si es Varon Dandy incluso le aplaudiré por valiente. Pero cuando los hábitos generan molestias evitables a otras personas (te recuerdo que fumar no es obligatorio) quizás sea necesario legislar un poquito porque, vista la mierda de sociedad que estamos creando, basada cada vez menos en valores como la empatía o el respeto, o sancionas, o no hay nada que hacer. Por eso, desde aquí pido que, una vez conseguido que en un restaurante podamos comer sin que parezca el garito de una película de cine negro en medio de una partida de póquer, la ley vaya más allá y proteja aún más a las personas que NO TENEMOS NINGUNA OBLIGACIÓN DE RESPIRAR TODAS ESAS SUSTANCIAS.

Lo sé, ahora es cuando empezamos a hablar de la contaminación. Entonces la discusión (porque suele ser una discusión) acabará en el calentamiento global, en el humo de los vehículos, en la caza de focas, en la desforestación del Amazonas y, si nos tomamos un cierto tiempo, aplicaremos la Ley de Godwin y uno acabará acusando al otro de nazi. Y sí, es probable que continúes fumando sin importarte nada más que llenar tus pulmones de nicotina, ácido cianhídrico, formaldehído, plomo, arsénico, amoniaco, benceno, monóxido de carbono, nitrosaminas e hidrocarburos aromáticos policíclicos. Y yo seguiré cagándome metafóricamente en el lobby del tabaco. Eso sí, visto lo visto, lo de la isla desierta es una opción cada vez más atractiva. 

Isla Melody Key 948

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