Menos humos (versión irónica)

humos

Muy estimadísima fumadora:

Por favor, no se sienta ofendida. Nada más lejos de mi intención que desequilibrar su mundo de derechos y obliga… de derechos y derechos. ¡Estoy deseando aspirar el humo de su tabaco! Gratis debería ser el tabaco para que todos nos podamos meter en los pulmones cada día enormes dosis de nicotina, ácido cianhídrico, formaldehído, plomo, arsénico, amoniaco, benceno, monóxido de carbono, nitrosaminas e hidrocarburos aromáticos policíclicos. Es tan y tan sano fumar que yo lo haría obligatorio. Mascarilla y tabaco. Todo a la vez. Un pequeño agujerito y el invento del siglo. Es más, creo que Darwin estaría de acuerdo si dijera que el ser humano debe aprender a fumar por todos los orificios de su cuerpo. Por todos. 

Cómo echo de menos aquellos tiempos en los que se podía fumar en los aviones, en los cines, en los restaurantes, en los funerales, en los 600 con toda la familia junta… Así, todos en un espacio pequeño, adultos, ancianos, niños… Compartiendo el humo como quien comparte el turrón en Navidad. ¡Qué imagen tan entrañable! Siento nostalgia de aquella época en la que la ropa te olía a Eau de Nicotine. ¡Mmmmm! Me encanta el olor de nicotina por la mañana, huele a… cenicero.

Recuerdo entrar en tantos despachos y sentir esa bocanada de aire fresco de un Ducados, un Winston o un Celtas cortos. Cuando los machos fumaban, no como ahora, que hacen deporte, van al gimnasio y hasta se depilan y huelen bien. Aquél hombre Marlboro. Eso sí que era un macho al que todos aspirábamos a convertirnos. Y el tabaco se anunciaba en todos los sitios. Veías un partido de fútbol por la tele y en el descanso salían señores que fumaban. Veías películas y aparecia Humphrey Bogart con un cigarrillo en la mano. Suerte que se lo quitaba de la boca cuando besaba a Lauren Bacall.

Era precioso en la adolescencia cuando, para sentirte integrado en el grupo, fumabas. Y si no lo hacías, eras el rarito. El tabaco como rito iniciático. El primer beso, la primera cita, el primer polvo, el primer cigarrillo… todo en un solo pack como ideal de lo que debe ser el camino de la vida. Bueno, el primer polvo a algunos les llegó con el primer susto coronario.

Ahora no. Ahora están esos antitabaco dando por saco todo el día porque, vamos a ver, ¿qué se supone que hacen en una terraza de un bar, con su consumición, sentados en un sitio por el que pagarán, si saben que les molesta el tabaco? ¡Que se vayan a una isla desierta! ¡Que se alejen de la civilización porque fumar es civilizado, es de personas inteligentes, que se preocupan por su salud y por la de los demás! Oye, que si no quieren fumar, que no fumen, pero a mí me molesta verlos allí, sin fumar, hablando con los demás, tosiendo cuando les llega el humo. ¿Por qué tosen? ¿No ven que molesta el ruido que hacen cuando tosen? Y dicen que les pican los ojos pero luego no se quejan del humo de los coches, del efecto invernadero, del cambio climático, de la caza indiscriminada de ballenas, de la lucha por la autodeterminación del Tibet y de tantas injusticias que hay en el mundo. No… se ponen a toser mientras tú estás tranquilamente fumándote tu cigarrillo. Y si son asmáticos o tienen dificultades respiratorias, ¿por qué dejan que se ponga un fumador a su lado? Que se alejen, ¿no? ¿Le digo yo cuándo tienen que usar el Ventolín? ¡No! Pues que no me digan cuándo tengo que encender mi Winston.

En fin, qué sociedad de insolidarios. Se han perdido los valores. La generosidad del fumador, de ese humo lleno de salud, ya no se tiene en cuenta. No sé dónde vamos a llegar. Por eso, le animo, excelentísima fumadora, a que fume mucho. Teniendo en cuenta que podemos estar despiertos una media de 8 horas diarias, eso nos da 960 minutos con los ojos bien abiertos de par en par para buscar estancos y fumar. Si calculamos unos siete minutos por cigarrillo, tiene la oportunidad de fumarse 137 cigarrillos cada día. Uno detrás de otro. Así hasta generar una atmósfera a su alrededor que ríase de la peor distopía apocalíptica de Kerouac. Fume, fume. Hágalo a mi lado. Siéntase libre y, con suerte, los lectores de este blog se ahorrarán más cartas.