La insoportable posibilidad de fumar pastillas de caldo

anaEstimada, o no:

Vamos a hacer un experimento social virtual. Digo virtual porque lo tendrás que imaginar. No se te ocurra ponerlo en práctica y menos en verano y con el “Coronavirus on tour”. Cinco personas se encuentran dentro de un ascensor. Hay un corte de luz y el ascensor se detiene entre dos pisos. Hace calor. El sudor recorre ya la espalda de esas cinco personas. Empieza a faltar el aire. Una sola de esas personas es de VOX. La pregunta sería: ¿cuánto oxígeno consumirá su mascarilla con la bandera de España si entra en combustión “accidentalmente”? Lo sé, como experimento social es bastante pobre pero, ¿a que te has reído? ¿No? Yo sí.

Volviendo al ascensor. Las otras cuatro personas tienen una imaginación sana y es probable que su inteligencia empiece a trazar estrategias para salir de allí o, al menos, para que la muerte sea lo más placentera posible (todo depende del optimismo de cada uno, claro). Que si llamo por el móvil a alguien para que me rescate, que si acabo de ver el último capítulo de esa serie de Netflix, que si me hago socio del Madrid para que muera un madridista… En todo caso, cuando el presente es una mierda sólo hay tres posibilidades: recordar el pasado, imaginar el futuro o drogarte con una pastilla de caldo. Y como tampoco es momento para que el ascensor huela a caldo de pollo, vamos a descartar el tercer supuesto. Chup, chup.

Recordar el pasado. Es una opción. Recordar cuando éramos jóvenes, la mata de cabello, el cuerpo fibrado, las comidas hipercalóricas que no se acumulaban en ningún sitio, cinco sin sacarla (bueno… eso ya es ficción). Lo mismo les sucede a los países. Concretamente, a algunos españoles os va bien recordar el imperio español. Y además lo hacéis con esa imagen idílica de tierra conquistada con nubes de azúcar, caramelos y abrazos fraternales con los lugareños. ¡Hola, maravillosos indígenas incultos y ateos! ¡Estamos aquí para que olvidéis esa lengua tontorrona que habláis y aprendáis a decir palabras como mamporrero, orate, burdégano o vituperio! ¡Ya veréis cómo nos lo agradeceréis cuando nazca Cervantes el próximo siglo! ¡Leed, leed esta Biblia! ¡Porque cuanto más leáis la Biblia, menos os daréis cuenta de que os quitamos vuestras tierras! ¡Nada por aquí y nada por allá! Magia española. ¡Además, os traremos enfermedades! ¡Y descubriréis que Sarampión, Viruela o Cólera no son discos de Ozzy Osbourne! (Nota del autor: para quejas sobre anacronismos en este texto, hay que dirigir un correo electrónico a meimportaunhuevoquetequejes@gmail.com).

En resumen, cuando el presente en España es poco menos que la mezcla de Luis García Berlanga, David Cronenberg y un libro de Stephen King, refugiarse en el siglo XVI es como fumarse una pastilla de caldo pero sin que te huela el aliento a pollo con cebolla. Porque siempre, siempre, en todos los países, en todos los grupos humanos, en todas las personas, hay un 1898. Chup, chup.

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