Tan ajeno como el webinar de un chimpancé

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Estimado, o no, presidente de esto:

Te voy a contar un secreto pero te pido que no se lo expliques a mi hija porque cuando era pequeña le metía bronca por no cuidar los juguetes. El caso es que cuando yo era un niño guapote y modesto me gustaba abrir los juguetes para saber lo que había dentro. La vida no me llevó a ser ginecólogo, proctólogo o desactivador de bombas (profesiones que guardan un cierto parecido) pero sí que mi infancia llenó de curiosidad aquellos días. Quería saber qué había dentro de los juguetes que contaban con algún tipo de mecanismo en su interior. Después no tenía ni idea de cómo montarlos de nuevo pero algo parecido le sucedió al ingeniero que diseñó el submarino español que no flota.

Te explico esto porque llevo años analizando la psiquis colectiva del nacionalismo español y he llegado a la conclusión de que es más fàcil de entender que el mecanismo de un tentetieso, que no es Nacho Vidal intentando mantener el equilibrio después de haber quedado con un sapo en Tinder, sino un juguete que por más que lo golpees siempre aguanta el equilibrio (como lo que se hace Iceta a sí mismo cada vez que escribe un tuit). No soy sociólogo, ni psicólogo, ni antropólogo, ni nada acabado en logo (aungue guando llevo la fégula dental lo puego pagueceg). Sin embargo, me gustaría poder inventarme alguna palabra que definiera el estado mental del nacionalismo español, un concepto que hiciera fortuna para que una sola palabra contuviese la esencia de esa manera de ver la vida que tan ajena me resulta. Sí, lo siento (o no). Me resulta tan ajena como ver el webinar de un chimpancé en el que explique cómo pelar cacahuetes. En todo caso, dejo a los lectores de este blog la responsabilidad de proponer palabras para definir ese estado mental que tanto lanza paracaidistas contra una farola, como hace vídeos siempre con los mismos caretos para decir que España mola mucho. Y es que veo la cara de Fernando Alonso, que parece que esté diciendo “me he puesto unos calzoncillos pequeños y mi testículo izquierdo reclama que le haga casito”, y no puedo sino partirme la caja (la torácica, se entiende. Y de reír, lógicamente). Después veo ese MENSAJE DE ESPAÑA AL MUNDO y ya… yo qué sé… si es que… MENSAJE DE ESPAÑA AL MUNDO. ¡Como si al mundo le importara una mierda lo que diga España! ¡Que ya no estamos en el siglo XVI! ¡Que España ha pasado por el 1898 y por el Spain zero points de Eurovisión muchas veces! ¡Que ni para una guerra mundial han querido a España! En fin…

Siempre he creído que cuando alguien canta sus propias alabanzas, no sólo desafina, sino que tiende a gritar. Y es que una cosa es la lógica publicidad turística institucional y otra, muy diferente, ver a Isabel Coixet, a la que un vendedor de paraguas de New Jersey o una ejecutiva de Kyoto le importará tres pepinos lo que diga. A muchos catalanes nos importa bien poco lo que diga esta señora, imagínate a un ginecólogo de Nueva Zelanda, a un proctólogo de Sydney o a un desactivador de bombas de… Minecraft. MENSAJE DE ESPAÑA AL MUNDO. ¿Os pensáis que este vídeo va a parar el mundo como si fuese un meteorito del tamaño de Marte que se dirige a la Tierra? Veamos la conversación entre un ginecólogo de Nueva Zelanda y su mujer en la mente de un pegtugbado con fégula dental (o sea, yo):

  • ¡Oh, my god! ¡Spain! ¡Listen carefully! ¡I’m sure that Isabel Coixet has something really important to say for the future of mankind! ¡Things she never told you!