Tuits que huelen a taberna

imbecil

Estimado, o no:

Llevo rato leyendo tus disertaciones metafísicas en Twitter y creo que van a pasar a los anales de la Historia (ya me entiendes con lo de “anales”). Te digo esto porque estoy convencido de que has inventado los tuits con olor. En un futuro mundo completamente digitalizado, tu nombre y apellido serán recordados como los del pionero de los tuits aromáticos. Por cierto, ya que pasarás a los anales, escribe bien tu apellido porque Fernández lleva tilde. De nada.

Déjame que argumente mi descubrimiento. En principio, un tuit afecta al sentido de la vista. Lo lees y después el cerebro lo interpreta. Es complicado que un tuit afecte, por ejemplo, al sentido del gusto. Excepto, claro, que te dé por chupar la pantalla del móvil. Hecho poco recomendable en medio de una pandemia. Especialmente habiendo otras cosas más agradables por chupar y que además son gratis. Dejo un espacio en blanco para tu imaginación: ___________________ Como puedes ver, he dejado un espacio bastante largo para que quepa todo aquello con lo que sueñas.

Lo que te decía, un tuit afecta al sentido de la vista. En cambio, con tus tuits, mi pituitaria se ha visto agredida por un olor a taberna de toda la vida. Suelo pegajoso, barra con moscas que hacen aquagym en pequeños charquitos de cerveza, morcillas de cebolla en la plancha, el Telediario en una tele disfrazada por una espesa capa de grasa y un alcohólico nada anónimo anclado en una mesa que hurga su oreja con una uña multiuso de dedo meñique teñida de amarillo por años de nicotina. Y es que cada tuit tuyo es un piromusical de olores. Es como entrar en el lavabo de Trainspotting, una habitación de adolescente, una fábrica de queso y un planeta fabricado con la axila de Kiko Rivera, a la vez. Qué rancio. Qué olor ácido, a humedad, a fermentación… qué… puagh.

¿Qué es eso de las “cabezas normales”? ¿En qué revista de neurociencia has leído un artículo que estudie las “cabezas normales”? He oído hablar de Talking Heads que, además de que es un fantástico grupo musical, son los clásicos tertulianos expertos en nada que naufragan intelectualmente en los platós de telebasura. Pero a ningún neurólogo le he oído hablar de cabezas normales para referirse al que tiene una ideología no coincidente con la tuya. Además, Javier, presuponiendo que has escrito estudios sobre neurociencia que hablen sobre la existencia de cabezas normales a causa de una ideología en concreto, ¿en qué te basas para decir que tu cabeza es normal? ¿Estás seguro? A Piolín también le debe parecer normal la suya. 

En nuestra cabeza dices que el fascismo es Franco. Bueno, es uno de ellos. Pero hay muchos más. Hay demasiado individuo con acidez gástrica y próstata del tamaño de una sandía, que cree haber ganado una guerra que acabó en el 39. Y sí, el fascismo prohibe el ejercicio del voto, secuestra urnas, judicializa la política, golpea violentamente a ciudadanos pacíficos, disfraza la existencia de presos políticos y exiliados bajo una apariencia de legalidad y garantías procesales que no son vistas así en el extranjero, cierra páginas webs, requisa propaganda electoral y premia con subvenciones a los periodistas que mueven mucho el rabito y chupan la manita del poderoso para demostrar lealtad canina. Guau, guau. Todo eso y más es el fascismo. No sé qué tipo de cabeza tiene un fascista. Franco parecía bastante cabezón. Supongo que la anatomía es sabia y lo que te quita de un sitio te lo pone en otro.

Pues eso, que aprovechando que en mi casa hay mascarillas, mejor me pongo una antes de publicar esta carta en el blog y subir una captura de pantalla de tu tuit. Uf… ¿lo ves? Ya llega… Puagh. Me voy a hacer sommelier de tuits. Ya sabes: mmmmmm… detecto un ligero olor a tortilla de patatas con cebolla, a carajillo y un toque de caspa falangista flotando en vino peleón. En fin, como diría Talking Heads: we’re on the road to nowhere.