El hombre que susurraba a los excrementos @doctorpensador

pensador

Estimado, o no:

Cada vez estoy más convencido de que estamos convirtiendo la sociología en una profesión de riesgo. Analizar la sociedad es algo que a priori puede parecer interesante. Recoges datos, haces encuestas, observas con pensamiento crítico los tiempos que te han tocado vivir y llegas a una conclusión lógica: vaya porquería de sociedad. Digamos que el sociólogo hace una foto en plano general y el psicólogo la hace en primer plano. Eso sí, ya no me preguntes a partir de cuántos tipos desquiciados, egoístas, cobardes, pusilánimes, obsesivos y eternos niños debe intervenir un sociólogo, mientras el psicólogo se queda haciendo conferencias TED sobre coaching emocional del tipo: “aprende a decir no, ¿sí?”. Por cierto, ¿sabes cuántos psicólogos se necesitan para cambiar una bombilla? Uno. Pero le dirá a la bombilla que es ella la que debe cambiar.

En resumen, después de que a estas alturas ya hayan abandonado este texto el colectivo de sociólogos y de psicólogos, sólo me queda decirles que es bromita y que son más imprescindibles que nunca. Estamos mal. Estamos más desorientados que Eduardo Inda después de un chupito de suero de la verdad. Y no es sólo el confinamiento. Es la foto general. Qué envidia me dieron ayer los astronautas de la misión de la NASA y SpaceX. Alejarse de la Tierra es la mejor decisión que se puede tomar en estos tiempos de enfermedad, muerte y violencia en los que las únicas buenas noticias son que los toreros reclaman que les hagan casito y los Cayetanos intercambian virus como si fuesen cromos de futbolistas.

Y en medio de este caos emocional e ideológico surge de Twitter “el hombre que susurraba a los excrementos”. Ya sé que has dicho que eres un hablador de excrementos pero prefiero imaginarte en una actitud más poética. Te veo acurrucado al lado de un enorme ñordo, susurrando versos de Zorrilla:

¿No es verdad, ángel de amor,

que en esta apartada orilla

más pura la luna brilla

y se respira mejor?

Esta aura que vaga, llena

de los sencillos olores

de las campesinas flores

que brota esa orilla amena;

esa agua limpia y serena

que atraviesa sin temor

la barca del pescador

que espera cantando al día,

¿no es cierto, paloma mía,

que están respirando amor?

Lo sé… no es el fragmento de Don Juan Tenorio más apropiado para seducir a un cagarro pestilente pero no me digas que la imagen no es preciosa.

¿Y esa afición tuya la practicas cada día? No sé si eres de mañana o de tarde, si es después del café con leche y el cigarrillo matinal o tras el culebrón de sobremesa. En todo caso, te pido que nos grabes un vídeo de tan glorioso momento. Haz un tik tok. Ponle música. ¿Te doy una idea? ¡Sí, sí! ¡Dame una idea! De acuerdo. Me has convencido. Hay una canción de Yo soy ratón que dice lo siguiente:

Un día dije: esto no puede ser

Con esta caca en el culo, no me puedo mover.

Y así es como llegó el feliz momento

en que grité a los cuatro vientos:

caca, me estoy haciendo caca.

Unas veces viene dura y o

otras veces viene blanda

¡Ay, ay, ay, ay!

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