Diari d’un confinat. Capítol 16. Carta a Miquel Iceta

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Estimado, o no, Miquel:

En primer lugar, quiero felicitarte por tu ardor patriótico de estos días y por el liderazgo que estás mostrando al pueblo catalán. Llámalo liderazgo o quieroseguirviviendodesueldospúblicos. Estoy seguro de que cuando seas un anciano y recuerdes la primavera de 2020, a la pregunta de qué hiciste durante la crisis, responderás orgulloso: “retuits. Hice retuits”.

Amplío también la felicitación al gobierno del Estado español que, como se trata de una crisis sanitaria, no duda en sacar en las ruedas de prensa a señores con una preciosa muestra de ferretería en el pecho y con un cierto parecido a los militares. Bueno, quizás son militares. Espera que lo piense… son militares, ¿no? Quizás estamos en guerra con una civilización de extraterrestres que nos quiere invadir y aún no me he enterado. Yo, de todas maneras, preferiría ver a científicos hablando de ciencia, que es como se suelen solucionar los problemas sanitarios, pero ya se sabe que España… es mucha España. Hay que justificar el gasto en el Ejército y mover la banderita para dar la impresión de que el dinero que se destina a aviones de guerra y submarinos, está bien empleado. No vaya a ser que la gente empiece a pensar que invertir en protección civil, en bomberos o en sanidad sea una opción mejor que pasear a un señor con medallas hablando raro.

Pero vamos al tema que nos ocupa: los consejos del gobierno para que nadie se contagie.

Primer consejo: lavar la ropa a 60 grados. Como sé poner la lavadora pero tampoco soy un experto en limpieza téxtil, me he documentado. Vamos a ver qué ropa se puede lavar a 60 grados:

Ropa de lana: 30 grados como máximo. Lo sé. En abril sólo llevan ropa de lana los que se han comido una mayonesa en mal estado y tienen mal cuerpo.

Sábanas y toallas a menos de 40 grados para eliminar bacterias. Venga, te compro también este consejo. Nadie va a trabajar con las sábanas pegadas, a menos que te dediques profesionalmente al fornicio o te hayas pasado con los gin tonics la noche anterior.

Colores fuertes y oscuros: si lavamos con temperaturas altas se puede provocar la pérdida de colores, así que lo ideal es el agua tibia o fría, unos 30 grados. La ropa blanca, en cambio, es recomendable lavarla a altas temperaturas. Pues aquí ya tenemos un problema. Estáis pidiendo a la gente que vista de blanco como el Real Madrid. Y por aquí no paso. Una cosa es que los Florentino followers quieran que mañana curren los obreros para que puedan seguir disfrutrando de su vida de millonarios y otra muy diferente es parecer el payaso de Micolor.

El segundo consejo es estar a dos metros de cualquier otro ser con ADN humano capaz de contagiar el COVID-19. No sé si en tu atrajeada vida de servidor público (atrajeada, lo he dicho bien) has intentado subirte a un metro o a un autobús guardando dos metros de distancia con el resto de pasajeros y sin parecer un psicópata agorafóbico. Spoiler: es más fácil y rápido leer tu currículum académico. Tampoco sé si valoráis los inconvenientes laborales que puede suponer que tu compañero respete la distancia de dos metros:

  • ¡Manolo! ¡Tírame la sierra radial!

En fin, Miquel, yo lo que espero de esta crisis es que acabe cuanto antes y que se desparasite la política. Y es que siempre las revoluciones vienen precedidas de la acción de una serie de vagos, de pelotas y de parásitos que han ido medrando aquí y allá, haciendo favores y recibiéndolos, arrastrando su dignidad por suelos enmoquetados, cargos, carguitos y prebendas. Y es entonces cuando estalla la revolución, cuando a la gente se le hincha lo que vendrían a ser los huevos y decide hacer limpieza.

Llevamos un mes encerrados, leyendo propaganda que insulta cualquier mínima inteligencia colectiva, viendo cómo los políticos profesionales ensuciáis un espacio tan necesario como la política, asistiendo a través de los medios de comunicación a infames ruedas de prensa con militares (¡militares, nene! ¿Quién os ha dicho que estamos en guerra?), percibiendo minuto a minuto que las vidas humanas cada vez tienen menos valor y confirmando que es la inmensa mayoría de la sociedad civil la que realmente se sacrifica y sí, está actuando con total responsabilidad. Y ahora os pasáis por el forro cualquier norma básica de seguridad laboral y envíais a miles de trabajadores a un entorno peligroso (hasta en el New York Times han alucinado). Eso sí, que los obreros, la O del nombre de vuestro irreal partido, se laven la ropa a 60 grados y que intenten mantenerse a dos metros de cualquier otra persona en el metro o en el autobús. Qué decadencia, Miquel. Qué inmensa decadencia. 

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