Churrogate @juansotoivars

choto

Estimado, o no:

En primer lugar, quiero felicitarte por la exclusiva que has logrado: los indepes comemos churros. No se veía semejante material periodístico desde que Bernstein y Woodward destaparon el Watergate. De hecho, creo que tu investigación será conocida en la Facultad de Periodismo de Villacaspa de arriba como Churrogate. Ya sólo nos falta saber quién ha sido tu Garganta profunda, concepto que mezclado con el de los churros puede dar lugar a memes, chascarrillos y ciertas confusiones de índole sexual.

¿Así que no es cierto que los indepes odiemos a España? ¿No es cierto que sólo queramos comer productos gastronómicos catalanes, que seamos endogámicos hasta decir basta y que rechacemos todo lo que sale de España? Oye, pues gracias por decirlo. No sé si era tu intención, pero creo que no te ha salido bien esta muestra de sarcasmo castizo. Sospecho, por otra parte, que si los catalanes se hubiesen negado a comer churros “españoles” tu comentario sería algo así como “están tan cegados de odio que no comen churros por ser españoles”. Que nos conocemos, nene. Que como histéricos no os gana nadie.

No quiero que tus próximas investigaciones se vean afectadas por lo que voy a decir pero me gustaría que supieses que los independentistas consumimos jamón extremeño, fabada asturiana, vino de Rioja y galletas campurrianas (producto este último que, mezclado con agua, funciona mejor que el hormigón). También llenamos nuestros estómagos con sushi, nachos con guacamole, gofres, pizzas y cualquier muestra de gastronomía internacional. Somos así de raros. Porque una cosa es querer formar un Estado propio y otra, muy diferente, es renunciar a cualquier muestra de aquello que nos interese más allá de nuestras fronteras administrativas. Queremos un Estado propio, no una bóveda de acero de la que no salir ni para hacer pipí.

¿Sabes qué pasa, Juan? Que cada vez que leo comentarios como el tuyo, veo lo faltos de cariño que estáis. Para amar a los demás, primero es necesario amarse a sí mismo, tener autoestima y seguridad en las propias posibilidades. Y es que en ese rinconcito freudiano que todos encerramos bajo llave, percibo en tu caso algo parecido a “no quieren estar con nosotros pero se comen nuestros churros. Tan malos no somos”. Si te llena de satisfacción que yo diga que tu churro es un portento, lo digo. No quiero que tengas un ictus emocional por falta de cariño. Lo que sucede es que hay teorías que apuntan que ya en el siglo XIX en China existía una especie de pan frito muy parecido al churro al que llamaban “you taio“. Tenía forma alargada y estaba hecho a base de pan, aceite y sal. Solía ser un plato de acompañamiento o de desayuno típico del país, combinado normalmente con sopa de arroz o con leche de soja. Y es que la fórmula del churro, no nos engañemos, tampoco es que sea algo tan complejo como investigar el genoma humano o saber por qué tengo que compartir nacionalidad con tipos como tú. Pero, repito, si consideras que el churro es muy español y mucho español, y que los indepes consumimos churros porque no sabemos vivir sin España… pues nada, adelante. Me despido, eso sí, con la esperanza de que ganes un Pulitzer con la próxima exclusiva: los indepes comen natillas pero los malotes nacionalistas las llaman crema catalana para despistar.

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