La azarosa vida de la coma vocativa

tontorraco

Estimado, o no:

A lo largo de los años he desarrollado tres habilidades que me han dado tantas alegrías como situaciones incómodas. La primera es la de poner cara de estar atento ante interlocutores aburridos. Lo sé, soy muy disperso. Mi cerebro siempre busca la alternativa más divertida y, cuando alguien me aburre, persigo en mi imaginación una vía de escape. Si ves que me río a destiempo o que no sé responder a una pregunta, es que mi mente está en otra dimensión más entretenida. A veces escribo cartas que empiezan por un estimado, o no, cuando quiero salir un ratito de la realidad para coger aire, pero no se lo digas a nadie.

La segunda habilidad que tengo es la de dormir de pie. Fue una técnica que aprendí en la mili y te aseguro que funciona. He leído que las palomas y los canarios tienen un tendón flexor que va por delante de la rodilla y luego pasa por detrás del tobillo para, finalmente, cruzar toda la garra. Al parecer, este supertendón les posibilita dormir de pie. Ya decía yo que comer alpiste era raro.

En todo caso, te escribo a causa de mi tercera habilidad, ya que consiste en soportar con cierto estoicismo que la gente me haga confesiones. No falla. Debo tener cara de máquina automática de redenciones porque por alguna extraña razón hay personas que me confiesan secretos sobre su vida. ¿Quieres un ejemplo? Tú mismo. Sin que yo sea capaz de adivinar la razón, me confiesas que eres un catalán tontito. Me preocupa un poco ese “también” porque no recuerdo haberte manifestado semejante inquietud sobre mis capacidades cognitivas.

¿Y qué quieres que te diga? ¿Buscas consuelo? No sé si te inquieta más ser catalán o ser tontito. Lo cierto es que no hace falta ser psicólogo para adivinar que tu felicidad debe plantearse, al menos, en base a una de dos posibles metas: dejar de ser catalán o dejar de ser tontito. Tengo la teoría de que es catalán aquél que quiere serlo. Supongo, entonces, que dejar de ser catalán es tan fácil como querer dejar de serlo. Por eso, si te agobia ser catalán, no tienes más que manifestar que no quieres ser reconocido como tal. Para evitar que, cuando alguien te pregunte sobre tu origen debas dar muchas explicaciones, siempre puedes decir que eres de la República de Mindongui. Créeme. La gente fingirá que sabe dónde está y dejará de darte el coñazo.

La otra opción, la de dejar de ser tontito, resulta más complicada. La tontería como actitud vital es una pesada mochila que puede cargarse durante toda una vida. Viajar, leer, estudiar, ser tolerante, tener curiosidad y pensamiento crítico son premisas que pueden ayudar. Sin embargo, al final, estamos solos frente al abismo. ¿Quiero ser culto o no? ¿Quiero escribir bien o no? ¿Quiero dominar el uso correcto de la coma vocativa para evitar que me escriba un bloguero que sabe dormir de pie? En fin, preguntas. Pues nada, espero haberte sido útil. Y si no, siempre puedes recordar el siguiente texto:

tonto

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