La revolución de los no débiles

asco

Estimados, o no:

Llevo años observando cómo actuáis y hoy me he levantado con la necesidad de deciros cuatro cosas. Bueno… algunas más. La olla a presión libera vapor, si no, explota.

Lo primero que quiero deciros es que no me gusta vuestro proyecto de vida. Sé que os da igual que un catalán rojo y separatista os lo diga pero yo también llevo años escuchando y leyendo afirmaciones y opiniones que no ganarían precisamente el Sinapsis Award a las conexiones neuronales más eficientes. No me gusta vuestro proyecto de vida porque se basa en la anulación del disidente, del que no opina como vosotros o del que no encaja en vuestros esquemas primitivos e ignorantes. Así, en el colegio, os dedicásteis a hacer la vida imposible al niño diferente. Porque sí, porque tenía sobrepeso, usaba gafas o brackets, en su rostro había pecas, le costaba aprender a sumar, no jugaba bien a fútbol o porque le colgasteis la etiqueta de maricón, o de sudaca, o de catalufo o de vete a saber qué. Crecisteis con la burla, la marginación y la crueldad como gasolina vital. Vaya mierda, queridos. Vaya mierda. ¿Con quiénes habíais empatado en la ESO? ¿Os creíais Spielberg? Hablemos de Steven Spielberg, por cierto. Se le diagnosticó dislexia con sesenta años. En el colegio los profesores creían que era perezoso. Sufrió bullying por parte de seres crueles como vosotros. Miradlo ahora. Es uno de los grandes genios cinematográficos que ha dado el séptimo arte. Dejó la carrera de cine en la Universidad de California y treinta y cuatro años después presentó “La lista de Schindler” como proyecto final de carrera. Le aprobaron, obviamente. ¿Y vosotros? ¿Qué es de vuestra vida?

Vuestra vida se basa en el acoso. Punto. Se basa en acosar empleando cualquier medio: las redes sociales, la política, la violencia, el abuso de poder, el chantaje emocional… Os da igual el contexto. Puede ser en la escuela, en el mundo laboral, en el Parlamento, en la calle, en la intimidad del hogar o en las relaciones de pareja. Una negritud profunda, putrefacta y maloliente anida en vuestros miedos más primigenios. Para afirmaros necesitáis aniquilar voluntades. Perseguís a los bilingües, a los homosexuales, a los extranjeros, a los que tienen un color de piel diferente al vuestro, a las mujeres… Sólo necesitáis una coartada para establecer la maldita estrategia del depredador. Y a veces actuáis en manada. Porque de uno en uno sois unos mierdas. Muchos os creáis una cuenta de Twitter con pseudónimo y acosáis parapetados en el anonimato. No hablo de hacer un retuit con un comentario, una broma o una crítica ingeniosa. Hablo de lanzar porquería y encender el ventilador. Hablo de cómo ni siquiera respetáis a un niño que, quizás, hable el doble de lenguas que vosotros y lleve una vida infinitamente más sana y vinculada a la naturaleza que la que lleváis vosotros.

La revolución de los no débiles debe llegar cuanto antes. Los que son objeto de bullying, acoso sexual, mobbing, homofobia, transfobia, machismo, aporofobia, xenofobia, racismo, catalanofobia o gordofobia (por poner unos ejemplos) os pasarán la mano por la cara y construirán una sociedad fuerte en la que los mierdas deban aprender a ser personas si quieren rascar algo de esta magnífica experiencia que es estar vivo. Y sí, difuminaré el nombre en una nueva carta escrita, no a personas particulares, sino a actitudes. Porque ninguna persona se merece ser tratada con crueldad. Ni siquiera las no fuertes. 

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